{"id":9293,"date":"2014-05-28T07:16:30","date_gmt":"2014-05-28T06:16:30","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=6454"},"modified":"2014-05-28T07:16:30","modified_gmt":"2014-05-28T06:16:30","slug":"cuando-yeyo-llegaba-a-riano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2014\/05\/28\/cuando-yeyo-llegaba-a-riano-2\/","title":{"rendered":"Cuando Yeyo llegaba a Ria\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cuando Yeyo llegaba a Ria\u00f1o eras literalmente hombre muerto. La primera noche ria\u00f1esa con Yeyo era una prueba en tu adolescencia demasiado dif\u00edcil de superar. Si t\u00fa ten\u00edas 17 a\u00f1os, \u00e9l ten\u00eda 21; de modo que te llevaba cierta ventaja de veteran\u00eda ante la barra y, ah\u00ed estaba el problema,\u00a0tambi\u00e9n en el\u00a0ritmo aspersor. El encuentro veraniego por las calles de Ria\u00f1o daba lugar a encendidos abrazos, <!--more-->risas y, absolutamente siempre, la propuesta que acabar\u00eda contigo como un gui\u00f1apo: \u00bfNos vamos de <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/img157.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6456\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/img157.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"265\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/img157.jpg 1248w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/img157-300x265.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/img157-768x679.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/img157-1024x906.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>ronda? (traducido a su madrile\u00f1o castizo: \u00bfNoh vamoh de ronda?).\u00a0Hab\u00eda que celebrar su llegada. As\u00ed que, pasada la medianoche, empezaban a caer quintos de Voll-Damm. El primero, en El Moderno, el bar de Gaspar, el se\u00f1or alcalde. Luego, en todos los del centro del pueblo: Nevada,Presa, Central, La Hila, Caritos y Ulpiano. Cuando llegabas al Mentidero, junto a la gasolinera, ibas tocado. Y cuando Yeyo dec\u00eda &#8220;\u00bfnos vamos al Esla?&#8221; (\u00bfnoh vamoh al Ehla?) estabas herido de muerte. Era pedir la birra y cuando s\u00f3lo hab\u00edas tomado un sorbo te estaba diciendo: &#8220;v\u00e1monos a otro&#8221;, un frenes\u00ed que tu cuerpo era incapaz de digerir. <\/strong><\/p>\n<p><strong>La ronda acababa en la discoteca El Roble, donde la d\u00e9cima cerveza de la noche acababa por provocarte el v\u00f3mito. El ritmo endiablado de Yeyo se remataba siempre con el KO t\u00e9cnico de su acompa\u00f1ante aquella primera noche. En las siguientes tratabas de eludir las afamadas rondas. La \u00faltima Semana Santa que viene a tu recuerdo, llegados al Esla, aquella singular pareja astur-madrile\u00f1a que form\u00e1bamos tuvo la gracia de pedir siete botellas de sidra para abrir boca. Y cuando iban siendo finiquitadas con ayuda de todas las amistades que iban pasando por all\u00ed, al se\u00f1or Yeyo se le ocurri\u00f3 pedir doce m\u00e1s de una tacada. Parte se fue al suelo, pues nadie escanciaba bien a esas horas; parte fue compartida, pero lo que entr\u00f3 en tu dep\u00f3sito acab\u00f3 contigo de madrugada. <\/strong><\/p>\n<p><strong>De las risue\u00f1as pero peligros\u00edsimas compa\u00f1\u00edas de Yeyo, de aquellas indecentes mo\u00f1as adolescentes; pasaste en Ria\u00f1o en verano y en Bilbao en invierno a las de Cr\u00e1neo, que result\u00f3 tener la misma prisa para apurar las copas, lo que te dej\u00f3 durante muchos a\u00f1os en un callej\u00f3n sin salida: enfadarte, cambiar de amigo o emborracharte. Siempre triunf\u00f3 la tercera opci\u00f3n. Si Yeyo te ped\u00eda una Voll-Damm antes de acabar la anterior, Cr\u00e1neo hac\u00eda y hace lo <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/51.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-6457\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/05\/51.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>mismo pero con gin-tonics, lo cual es mucho peor. As\u00ed fue como en la \u00faltima visita ria\u00f1esa, este mismo mes de mayo,\u00a0ideaste un plan para poder salir de copas con uno u otro sin que tu cuerpo se resienta, pues tu ritmo es cada vez m\u00e1s pausado (cuando te dejan). Como por arte de magia, te vino a la mente la imagen de Hannibal Lecter en &#8216;El silencio de los corderos&#8217; cuando lo tienen amordazado en una especie de escalera vertical. \u00a1Eureka!, pensaste. Cuando Yeyo o Cr\u00e1neo te propongan ir de copas, t\u00fa sacar\u00e1s tu\u00a0estructura sobre ruedas, los obligar\u00e1s a ponerse c\u00f3modos\u00a0y los pasear\u00e1s de ronda. S\u00f3lo beber\u00e1n cuando les aproximes una copa con pajita y t\u00fa podr\u00e1s ir as\u00ed a tu ritmo cuarent\u00f3n. Aunque quiz\u00e1 haya que ponerles tambi\u00e9n unas gafas negras, pues un gesto al camarero desde su confinamiento, un leve arqueamiento de ceja, puede suponer que te saquen una ronda a traici\u00f3n en cualquier momento.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Yeyo llegaba a Ria\u00f1o eras literalmente hombre muerto. La primera noche ria\u00f1esa con Yeyo era una prueba en tu adolescencia demasiado dif\u00edcil de superar. 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