{"id":9296,"date":"2014-07-29T07:36:11","date_gmt":"2014-07-29T06:36:11","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=6698"},"modified":"2014-07-29T07:36:11","modified_gmt":"2014-07-29T06:36:11","slug":"imponente-ordesa-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2014\/07\/29\/imponente-ordesa-2\/","title":{"rendered":"Imponente Ordesa"},"content":{"rendered":"<p>(Explorando los Pirineos 4)<\/p>\n<p><strong>Cuando llegas al valle abierto, escoltado por dos impresionantes paredes de roca caliza hasta ese fondo circular donde se oculta la cascada Cola de caballo, te acuerdas inmediatamente de Ayla y Jondalar. Los dos protagonistas del serial cavern\u00edcola literario\u00a0&#8216;Los hijos de la Tierra&#8217;, de Jean M. Auel, tuvieron que vivir en un sitio muy parecido a Ordesa. As\u00ed lo imaginas t\u00fa, al menos. Si <!--more-->Cola de caballo es, simplemente, un adorno final, un delicado vidrio acuoso con una forma caprichosa, el valle que antecede y rodea a esta fina cascada es la joya de la corona pirenaica, el envoltorio m\u00e1s sobresaliente que pueda tener una llanura de alta monta\u00f1a. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6774\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa.jpg 368w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa3.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6775\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa3.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa3.jpg 368w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa3-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a>La excursi\u00f3n a Ordesa comienza en Torla, donde debes dejar el coche para tomar un autob\u00fas que te dejar\u00e1 en el punto de partida del valle. El lleno total, con monta\u00f1eros armados hasta los dientes, anima al comando\u00a0gijon\u00e9s a repetir la estrategia de Benasque para contrarrestar, si cabe,\u00a0el atuendo urbano, la falta de voluminosas mochilas llenas de \u00fatiles de monta\u00f1a; ni siquiera va equipada la pareja con los masificados dobles bastones sin los cuales los humanos de 2014 parece que no supieran siquiera caminar. Sin m\u00e1s armas que sus piernas, los gijoneses saltan los primeros del autob\u00fas y toman la directa hacia Cola de caballo. Tal es el ritmo con el que se adentran en el valle que no solo no les adelanta nadie, sino que empiezan a rebasar a usuarios del anterior autob\u00fas, llegado un cuarto de hora antes. El objetivo, como el de tantos, es no ir en romer\u00eda. Cuanta m\u00e1s intimidad con la monta\u00f1a, mejor. Los carteles indican: Cola de caballo, 3,5 horas. Al final, lo har\u00e1s en dos. Las piernas est\u00e1n entrenadas y el cuerpo tiene ganas de quemar adrenalina. La senda comienza mon\u00f3tona, oculta en el bosque, sin vistas al valle, con s\u00f3lo alg\u00fan mirador espor\u00e1dico a las cascadas del r\u00edo, alguna de ellas impresionante, con m\u00e1s de diez escalones sucesivos de agua pura. Tras hora y media casi a oscuras, el camino empieza a abrirse al valle y en el tramo final pasas de la noche al d\u00eda m\u00e1s resplandeciente. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-6776\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa2.jpg\" alt=\"\" width=\"490\" height=\"368\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa2.jpg 490w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa2-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 490px) 100vw, 490px\" \/><\/a>Cola de caballo se te queda corto. As\u00ed que maduras subir hasta el refugio de G\u00f3riz, a las faldas de Monte Perdido. Dudas con las distancias. Los carteles indicaban 5.30 horas. Preguntas a un vasco y calibra una hora o algo m\u00e1s desde la cascada. &#8220;Pero, oye, as\u00ed vas muy ligero. Arriba sopla bien&#8221;. Haces un c\u00f3nclave con la esposa y la pareja tira para arriba. La pared se sortea con un zig-zag muy c\u00f3modo. Si en Benasque te acompa\u00f1aban las marmotas, ahora son los armi\u00f1os, que tienen un comportamiento similar. Hacen ruidos, corretean y se re\u00fanen entre las piedras. Cuando llegas a la planicie que te sit\u00faa sobre el valle de Ordesa, preguntas a un extranjero cu\u00e1nto falta para G\u00f3riz. &#8220;Quiz\u00e1 una hora, pero el camino es precioso&#8221;. Da el \u00e1nimo necesario, pero se equivoca, pues en la mitad de tiempo coronas el refugio. Las vistas son imponentes. Encima, Monte Perdido. Enfrente, Tobarc\u00f3n, un curioso pico que te recuerda a la pir\u00e1mide de Zoser (-2.650 ajc), el edificio de piedra m\u00e1s antiguo que puebla la Tierra. Al otro lado, el A\u00f1isclo, donde, seg\u00fan te cuentan, hay otro precioso ca\u00f1\u00f3n. Tras\u00a0comer un bocadillo admirando el paisaje, el comando astur celebra sus 3.45 horas de ascenso con un caf\u00e9 con kitkat dentro del refugio. Sabe a gloria. Luego, la bajada. Cuando llega a la parada del autob\u00fas suma siete horas a ritmo trepidante. Pero ha merecido la pena. <\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa4.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-6777\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa4.jpg\" alt=\"\" width=\"490\" height=\"368\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa4.jpg 490w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa4-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 490px) 100vw, 490px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>En G\u00f3riz se toca el cielo pirenaico. Y aunque solo sea unos minutos, adquirir esa altura, contemplando todo el paisaje rocoso que te rodea te hace sentirte privilegiado. No alcanzas a entender muy bien por qu\u00e9 no fuiste antes. Eso mismo dijiste, en 2009, nada m\u00e1s poner un pie en Yosemite. \u00bfPor qu\u00e9 no vinimos antes? Cinco a\u00f1os despu\u00e9s, repites la frase al descubrir uno de los rincones m\u00e1s bonitos cincelados por la naturaleza. Se llama Ordesa y est\u00e1 en Espa\u00f1a. Como Aig\u00fcestortes. Y Benasque. No hace falta coger aviones a tierras lejanas para quedarse petrificado en el monte. Los Pirineos est\u00e1n ah\u00ed al lado. Y son nuestros.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6779\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor1.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><\/strong><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Tal es el placer de la bajada que pierdes unos <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor3.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6781\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor3.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor3.jpg 368w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor3-150x150.jpg 150w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor3-300x300.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>minutos fotografiando flores de <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6780\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor2.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>alta monta\u00f1a. Son delicadas, de\u00a0colores chillones, \u00fanicas. Justificas ante la esposa el &#8216;momento flor&#8217; con un surtido de bromas diversas acerca de lo sensible que es su machoman. Pero ciertamente los ejemplares meceren el parip\u00e9. Al d\u00eda siguiente tocar\u00e1 <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor4.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6782\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor4.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor5.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6783\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/flor5.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa5.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-6784\" style=\"margin: 11px;border: 11px solid black\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2014\/07\/ordesa5.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>emprender el camino de vuelta a Asturias, con paradas en Jaca y en el monasterio de San Juan de la Pe\u00f1a. Aunque sea en versi\u00f3n fotogr\u00e1fica, iniciar\u00e1s el retorno con tu ramo preparado para levantar el \u00e1nimo a la esposa. Ella debe volver al tajo antes que t\u00fa. Te vas con la convicci\u00f3n de regresar m\u00e1s pronto que tarde. Los Pirineos no son flor de un d\u00eda.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Explorando los Pirineos 4) Cuando llegas al valle abierto, escoltado por dos impresionantes paredes de roca caliza hasta ese fondo circular donde se oculta la cascada Cola de caballo, te acuerdas inmediatamente de Ayla y Jondalar. Los dos protagonistas del serial cavern\u00edcola literario\u00a0&#8216;Los hijos de la Tierra&#8217;, de Jean M. 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