{"id":9311,"date":"2015-03-17T07:32:26","date_gmt":"2015-03-17T06:32:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=7577"},"modified":"2015-03-17T07:32:26","modified_gmt":"2015-03-17T06:32:26","slug":"el-oso-de-hormas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2015\/03\/17\/el-oso-de-hormas-2\/","title":{"rendered":"El oso de Hormas"},"content":{"rendered":"<p><strong>De <\/strong><strong>repente, est\u00e1s roncando sobre una rodaja de roble en mitad de la nieve. Tras dos horas y media de ruta, has llegado a un alto, en el valle de Hormas, donde en su d\u00eda hubo un roble que no abarcaban <!--more--><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7582\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"180\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h1.jpg 1690w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h1-300x180.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h1-768x461.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h1-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7583\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"179\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h2.jpg 1972w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h2-300x180.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h2-768x461.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h2-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>seis personas, hasta que lo parti\u00f3 literalmente un rayo. Ahora, buscando su rastro en esta paradisiaca pradera blanca de alta monta\u00f1a te has topado con esta superficie de madera. Est\u00e1 limpia e incluso templada por el sol. Primero te sientas, luego te quitas las raquetas, finalmente te duermes rodeado de un paisaje blanco salpicado de quercus, acebos, arbustos y cercanos ej\u00e9rcitos de \u00e1rboles desnudos. Unos lametazos te devuelven, poco a poco, a la realidad. Antes de abrir los ojos notas una lengua \u00e1spera pasando por tu cara mientras un brazo fuerte, pesado y peludo presiona sobre tu pecho. Un fuerte olor animal acaba por completar la radiograf\u00eda de la situaci\u00f3n. Un oso te est\u00e1 lamiendo el rostro. Cuando abres una rendija las pesta\u00f1as no se te ocurre otra cosa que extender tu brazo izquierdo y acariciarle al bicho el cogote. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 ahora?, te preguntas. \u00bfTe comer\u00e1 o se ir\u00e1 por donde vino? En el sue\u00f1o, se va por donde vino. En la realidad, igual te come.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h3.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7586\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h3.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"179\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h3.jpg 1972w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h3-300x180.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h3-768x461.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h3-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h4.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7587\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h4.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"179\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h4.jpg 1972w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h4-300x180.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h4-768x461.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h4-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h5.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7588\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h5.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"179\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h5.jpg 1972w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h5-300x180.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h5-768x461.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h5-1024x614.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Es lunes. A las ocho sales de Gij\u00f3n rumbo a Ria\u00f1o. A las 9.20, en el alto de Tarna hay -5 grados. Los \u00e1rboles son formas blancas de hielo. A las diez est\u00e1s listo, a apenas medio kil\u00f3metro de Ria\u00f1o, para iniciar la ruta. La primera sorpresa llega en cinco minutos. Nada m\u00e1s subir un peque\u00f1o repecho, justo cuando te dispones a bajar hacia Hormas te topas con las huellas del oso. Est\u00e1n frescas. Pueden ser de la noche anterior. Se dan las circunstancias para un encuentro. Vas solo, es un d\u00eda tonto, intentar\u00e1s no meter ruido\u2026 Caminas hora y media hasta llegar a la caba\u00f1a de La Salsa. All\u00ed haces un alto, quitas las raquetas, disfrutas del paisaje y te comes un bocadillo y dos piezas de fruta. La caba\u00f1a est\u00e1 totalmente equipada. Tiene le\u00f1a, escobas, pala, dos bancos corridos, una mesa, parrilla\u2026 Y el entorno es paradisiaco. Te gustar\u00eda quedarte a pasar la noche, pero no has llevado ni saco ni ropa de abrigo ni cena. Tras contemplar los montes desnudos que te rodean, atraviesas una pradera blanca y te metes en el bosque cuesta arriba. Rodeado de \u00e1rboles durmientes, te\u00f1idos del verde de los l\u00edquenes, tienes la sensaci\u00f3n de estar rodando un cuento de Walt Disney, de que de repente alguna de las singulares formas de madera que te rodean se pondr\u00e1 a hablar o de que, como ya te pas\u00f3 en este mismo bosque, irrumpir\u00e1n cinco jabal\u00edes a la carrera o, como no te pas\u00f3, otear\u00e1s al oso o al lobo a una distancia prudencial que te permita disfrutar el instante sin correr riesgos excesivos. Nada de eso ocurre. Subes solo sin hallar m\u00e1s pisadas humanas que las de tus raquetas pero top\u00e1ndote a cada paso con huellas diversas trazando itinerarios en la nieve. As\u00ed llegas al alto, a esa pradera despejada desde donde se domina el mundo. El Yordas, a un lado. Un trozo de embalse, abajo. Los picos que se pierden hacia Palencia, enfrente. Imaginas esta pradera te\u00f1ida de blanco llena de vida animal por la noche. Pero al mediod\u00eda no hay m\u00e1s vida que la tuya y la de los siete buitres que te sobrevuelan, quiz\u00e1 esperando probar la carne humana si se produjera un percance. Cuando despiertas de la confortable siesta en la rodaja de un roble te das cuenta de que, una vez m\u00e1s, has so\u00f1ado con el oso. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Mientras desciendes, el sol se adue\u00f1a del d\u00eda. Pisar nieve totalmente virgen da una cierta sensaci\u00f3n de profanaci\u00f3n. Quiz\u00e1 est\u00e9s molestando. Pero la fauna no se manifiesta de ninguna manera. Solo se escucha el sonido de las aves. Maravilloso. Vuelves a hacer escala en la caba\u00f1a, a quitarte las raquetas, a beber agua y, de nuevo, ha echar otra siesta tumbado en el banco exterior. Te despiertan cada poco los resoplidos de placer de tu propia respiraci\u00f3n. Ya de vuelta, en uno de los saltos a uno y otro lado del r\u00edo, metes una bota entera en el agua raqueta incluida. No pasa nada. Al llegar a la <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h61.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-7590\" style=\"border: 11px solid black;margin: 11px\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2015\/03\/h61.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>bifurcaci\u00f3n de Hormas cuatro aut\u00f3ctonos estabulan el ganado. Hay vacas y caballos pastando en los claros que va dejando la nieve. Llegas al coche a las cinco de la tarde. Y te vas hasta Ria\u00f1o, al Mentidero, para comer un rico plato combinado con una ca\u00f1a, un caf\u00e9 y unos filipinos. Gloria bendita. En la televisi\u00f3n, en La 2, est\u00e1n poniendo un documental de Yellowstone. Unos lobos acosan a un ciervo agotado (entonces una profesora que est\u00e1 en el bar cuenta cuando se le cruz\u00f3 el lobo en la carretera cerca de Acebedo y dice que nunca olvidar\u00e1 su mirada). Unos bisontes buscan la hierba bajo la nieve. Un coyote rastrea una gran extensi\u00f3n blanca en busca de v\u00edctimas. Cuando te vas a\u00fan no ha salido el oso de Yellowstone. Tampoco el de Hormas, donde todo tu bot\u00edn ha sido una huella de sus zarpas y un sapo petrificado en la orilla de un camino. Dejas atr\u00e1s este Ria\u00f1o inh\u00f3spito y g\u00e9lido, rodeado de una naturaleza descomunal, de vuelta a Gij\u00f3n. Son las seis de la tarde. Cuando aparcas el coche en el Muro te das cuenta de lo que pueden cundir doce horas bien aprovechadas. Del mar Cant\u00e1brico a la monta\u00f1a nevada y la siesta sobre una rodaja de roble donde qui\u00e9n sabe si te lami\u00f3 la cara un oso.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De repente, est\u00e1s roncando sobre una rodaja de roble en mitad de la nieve. Tras dos horas y media de ruta, has llegado a un alto, en el valle de Hormas, donde en su d\u00eda hubo un roble que no abarcaban<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":41,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[11,13],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9311"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/41"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9311"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9311\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9311"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9311"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9311"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}