{"id":942,"date":"2011-12-26T10:18:44","date_gmt":"2011-12-26T09:18:44","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=942"},"modified":"2011-12-26T10:18:44","modified_gmt":"2011-12-26T09:18:44","slug":"la-villalona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/12\/26\/la-villalona\/","title":{"rendered":"La Villalona"},"content":{"rendered":"<p><strong>Siempre me despertaba en la Villalona con el sonido del campanario. Tan-tan-tan. En muchas ocasiones, era una sola campanada. Esto abr\u00eda un interrogante: \u00bf12.30? \u00bf1? \u00bf1.30? Sol\u00edan ser las hip\u00f3tesis m\u00e1s probables tras una noche m\u00e1s en la discoteca del pueblo; en Ria\u00f1o. Mi madre me dejaba la bolsa de la comida lista y, tras el desayuno, <!--more-->iba al r\u00edo con el petate. All\u00ed com\u00edamos todos los d\u00edas, junto al r\u00edo Esla. Patatas en ensalada, filetes empanados, tortilla, agua de la fuente&#8230; Luego te ibas a la explanada de cemento situada en una divisoria del r\u00edo, donde folgabas, te tirabas en bici al agua y te ibas encontrando con la gente de tu quinta. Aquellos maravillosos veranos que no volver\u00e1n ten\u00edan como epicentro la Villalona, aquella casa de dos pisos y buhardilla donde viv\u00edamos tres familias (seis adultos y doce ni\u00f1os y adolescentes). Hab\u00eda\u00a0cuatro dormitorios llenos de camas. En el m\u00edo no quedaba sitio ni para un mueble, as\u00ed que met\u00edas la maleta debajo del colch\u00f3n al empezar el verano y la sacabas al acabar. Hab\u00eda un solo ba\u00f1o para aquella multitud\u00a0y recuerdo un a\u00f1o que estuvo\u00a0varios d\u00edas estropeado, lo que oblig\u00f3 a los dieciocho afectados a buscar soluciones de urgencia en los bares del pueblo.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/12\/img203.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5699\" style=\"margin: 11px;border: black 5px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/12\/img203.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"202\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/12\/img203.jpg 1740w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/12\/img203-300x203.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/12\/img203-768x519.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/12\/img203-1024x692.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Los ni\u00f1os camp\u00e1bamos a nuestras anchas d\u00eda y noche. En el r\u00edo, en la plaza, en el monte y, a partir de los 15 a\u00f1os, en la discoteca. El recuento se hac\u00eda a la hora de la comida y de la cena. No sol\u00eda faltar nadie, pues el hambre es el mejor reloj. Antes o despu\u00e9s, llegaban todos. La puerta de la Villalona nunca se cerraba con llave. Las bicis, los coches, la ropa tendida quedaban a merced de la calle todo el d\u00eda. Aquel caos tan gozoso parecer\u00eda hoy ciencia ficci\u00f3n e igual los padres de aquella casa acababan en Villabona, pero as\u00ed veraneaban muchas familias numerosas. La \u00fanica persona que no disfrutaba tanto, evidentemente, era mi madre, que al aportar siete churumbeles a la comuna, hac\u00eda las funciones de timonel de toda la casa, en especial de las tareas de manutenci\u00f3n y limpieza. Yo recuerdo ir a por el pan alguna ma\u00f1ana y comprar algo as\u00ed como ocho tortas (impresionantes tortas) y cinco barras, que costaban la friolera entonces de unas 500 pesetas. <\/strong><\/p>\n<p><strong>En la Villalona hab\u00eda un sal\u00f3n con chimenea y un esca\u00f1o en la entrada donde se alimentaba a los m\u00e1s peque\u00f1os como gallinas. Cuatro o cinco sentados, bien prietos, recibiendo el alpiste. Con tanto traj\u00edn, llegado a los 15 a\u00f1os, mi madre me emancip\u00f3 en cuestiones de lavander\u00eda para aligerar alguna carga y recuerdo aquel verano en que cuando a m\u00ed me pareciera deb\u00eda ir a hacerme la colada al r\u00edo. Creo que fui muy pocas veces, optando m\u00e1s bien por la repetici\u00f3n de modelos. Entonces, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s daba? Era normal en aquellos veranos pillar un megapedo en la discoteca y recibir asistencia &#8216;m\u00e9dica&#8217; de las t\u00edas Carmen y Lola, que sal\u00edan m\u00e1s de copas que nosotros. As\u00ed si te pillaba el coma et\u00edlico en la pista, ellas estaban en la barra. Hoy recuerdas todo aquello como si hubiera sucedido en blanco y negro. Aquellos veranos de dos meses completos suenan a prehistoria. No exist\u00edan entonces los m\u00f3viles ni internet. Pero fuimos tan felices que creo que todos los villalones volver\u00edamos atr\u00e1s en el tiempo, aunque s\u00f3lo fuera para escuchar las campanadas desde la cama cada ma\u00f1ana.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre me despertaba en la Villalona con el sonido del campanario. Tan-tan-tan. En muchas ocasiones, era una sola campanada. Esto abr\u00eda un interrogante: \u00bf12.30? \u00bf1? \u00bf1.30? Sol\u00edan ser las hip\u00f3tesis m\u00e1s probables tras una noche m\u00e1s en la discoteca del pueblo; en Ria\u00f1o. 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