{"id":974,"date":"2011-08-16T09:28:36","date_gmt":"2011-08-16T08:28:36","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=974"},"modified":"2011-08-16T09:28:36","modified_gmt":"2011-08-16T08:28:36","slug":"naranjo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/08\/16\/naranjo\/","title":{"rendered":"Naranjo"},"content":{"rendered":"<p><strong>(los \u00e1rboles del mi prau y los del vec\u00edn 5)<\/strong><\/p>\n<p><strong>Desde la cama se enmarca en las contraventanas un naranjo joven y frondoso. Le rodea m\u00e1s vegetaci\u00f3n y, en las esquinas de mi haz de luz, tambi\u00e9n puedo ver dos trozos de cielo. Sopla una ligera brisa que agita las ramas por momentos y la temperatura avanza desde los 15 grados nocturnos a los frescos 19 de mediados de agosto. De cuando en cuando se posa un p\u00e1jaro en el naranjo, p\u00eda alegremente, ajeno a su complaciente observador, y se va. \u00a1Qui\u00e9n fuera naranjo!, pienso tras dar mi en\u00e9simo giro en torno a la almohada. <\/strong><\/p>\n<p><strong><!--more--><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/08\/naranjo.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6406\" style=\"margin: 11px;border: black 11px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/08\/naranjo.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/08\/naranjo.jpg 548w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/08\/naranjo-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Tengo muy pocas ganas de levantarme y me dedico a mirar, a husmear el naranjo. Me recreo en su forma, en sus peque\u00f1as hojas afiladas, en el movimiento del aire que cosquillea todo su ser, en las tres naranjas que lo adornan en esta \u00e9poca del a\u00f1o (tras haber parido la \u00faltima vez m\u00e1s de doscientas) y en las visitas ocasionales de petirrojos y gorriones. Tambi\u00e9n lo habitan hormigas que suben y bajan, d\u00e1ndole al naranjo plena consciencia de su piel lisa y record\u00e1ndole la existencia de recovecos a veces olvidados. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a1Qui\u00e9n fuera naranjo!, pienso. Y me viene al momento el olor de su eclosi\u00f3n primaveral, con el azahar provocando estallidos de vida a cuanto lo rodea, enloqueciendo abejas, agudizando el cantar de los p\u00e1jaros m\u00e1s cercanos y provocando oleadas de adjetivos entre los humanos. Pero pasa su eclosi\u00f3n y el naranjo sigue; primero con frutos, luego (casi) sin ellos y siempre ba\u00f1ado de sus hojas puntiagudas; todo el a\u00f1o, llueva o haga sol. Se queda todo seco en la pradera y \u00e9l ah\u00ed sigue, con su verde alegre incluso, como en 2009, con una nevada de cinco cent\u00edmetros a su alrededor. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a1Qui\u00e9n fuera naranjo!, pienso. Qu\u00e9 vida m\u00e1s pl\u00e1cida. Cu\u00e1ntas satisfacciones. Qu\u00e9 alegres visitas. Cu\u00e1nta paz. Y qu\u00e9 pocas lamentaciones. \u00a1Qui\u00e9n fuera naranjo!, pienso. Y le doy la vuelta a la almohada y vuelvo a sumergirme en mis enso\u00f1aciones.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(los \u00e1rboles del mi prau y los del vec\u00edn 5) Desde la cama se enmarca en las contraventanas un naranjo joven y frondoso. Le rodea m\u00e1s vegetaci\u00f3n y, en las esquinas de mi haz de luz, tambi\u00e9n puedo ver dos trozos de cielo. 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