{"id":976,"date":"2011-07-25T09:36:30","date_gmt":"2011-07-25T08:36:30","guid":{"rendered":"http:\/\/proyectos.elcomercio.es\/blogs\/campoyplayu\/?p=976"},"modified":"2011-07-25T09:36:30","modified_gmt":"2011-07-25T08:36:30","slug":"castano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2011\/07\/25\/castano\/","title":{"rendered":"Casta\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0<br \/>\n(Los \u00e1rboles del mi prau y los del vec\u00edn 2)<\/strong><\/p>\n<p><strong>Mi rinc\u00f3n es m\u00e1gico. Grandes piedras emergen de un suelo musgoso en un promontorio de la finca. Entre ellas, crecen robles y acebos, dejando un espacio central, que ocupo yo. Soy el \u00fanico casta\u00f1o en estos pagos, un tanto joven a tenor de mi distinguida escolta. A mis veintitantos a\u00f1os, he adoptado una forma singular. El tronco tiene un di\u00e1metro\u00a0 de unos <!--more-->diez cent\u00edmetros y las ramas se abren, graciosas, a partir de los dos metros aproximadamente, en un bamboleo a izquierda y derecha que parece ilustrar una &#8216;duda&#8217; de crecimiento. Vivo en la sombra, en la distinguida sombra de robles, abedules y acebos. Esa falta de luz parece haberme generado zozobras y as\u00ed voy danzando a un lado y otro sin mostrar una firme decisi\u00f3n de mirar al cielo, coronado por copas ajenas. Creo haber preferido cultivar una esbelta figura, recrearme en mi belleza, ense\u00f1orearme en este epicentro boscoso, dejando garra, fuerza y verticalidad a mis compa\u00f1eros.<br \/>\n\u00a0<br \/>\n<a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/07\/casta\u00f1o.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-6408\" style=\"margin: 11px;border: black 11px solid\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2011\/07\/casta\u00f1o.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/><\/a>Soy un casta\u00f1o joven. De pura raza asturiana. Mis hojas son dentadas, ovaladas, alargadas; m\u00e1s grandes que peque\u00f1as. Entre ellas, a partir de una edad que a\u00fan no he alcanzado, crece mi fruto. Primero engorda un erizo verde con p\u00faas y cuando le llega la hora, lo arrojo al suelo, donde acabar\u00e1 abri\u00e9ndose para dejar asomarse sus entra\u00f1as: las casta\u00f1as. Esto ocurre all\u00e1 por noviembre, el mes de los mag\u00fcestos en Asturias. Casta\u00f1as y sidra dulce. Crudas est\u00e1n un poco duras, de ah\u00ed que los humanos prefieran comerlas tostadas. Hubo un tiempo de escasez en el que, a falta de fabes, tambi\u00e9n abundaba el pote de casta\u00f1as; ahora en desuso. Se cotiza mi fruta, se recoge y se vende. Tal es su abundancia en tierra asturiana que, junto a la manzana, ha acabado por convertirse en una se\u00f1a de identidad. Y esa circunstancia, creo, me da una cierta ventaja sobre el roble, que s\u00f3lo arroja bellotas para los cerdos. Yo alimento a la poblaci\u00f3n y mi belleza no le va muy a la zaga a la de estos bellos quercus que me rodean.<br \/>\n\u00a0<br \/>\nEn esta finca vivo en paz. Ocupo su mejor rinc\u00f3n. Su atalaya. Estoy protegido por los cuatro puntos cardinales. En el d\u00eda m\u00e1s caluroso, que son pocos, la brisa est\u00e1 garantizada; en los ventosos delego las tensiones en otros; y cuando la lluvia arrecia, llega dosificada a mis hojas. Aqu\u00ed, en San Miguel de Arroes, un d\u00eda ser\u00e9 centenario, mi tronco se abombar\u00e1 y sobresaldr\u00e1n en \u00e9l cicatrices, arterias y oquedades. En ese tiempo futuro, quiz\u00e1s d\u00e9 yo sombra a los dem\u00e1s. Pero esa ser\u00e1 otra historia.<\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 (Los \u00e1rboles del mi prau y los del vec\u00edn 2) Mi rinc\u00f3n es m\u00e1gico. Grandes piedras emergen de un suelo musgoso en un promontorio de la finca. Entre ellas, crecen robles y acebos, dejando un espacio central, que ocupo yo. 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