{"id":9855,"date":"2017-04-25T10:43:29","date_gmt":"2017-04-25T08:43:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/?p=9855"},"modified":"2017-04-25T10:43:29","modified_gmt":"2017-04-25T08:43:29","slug":"oslo-fascinante-oslo-juro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/campoyplayu\/2017\/04\/25\/oslo-fascinante-oslo-juro\/","title":{"rendered":"Oslo fascinante. Oslo juro"},"content":{"rendered":"<p>(Doce d\u00edas en Noruega 3)<\/p>\n<p><strong>El adelanto del cap\u00edtulo del centollo era necesario, aunque la ingesta tuviera lugar en la fase final del viaje. Los centollos, como les muyeres, siempre por delante. Si es que tienen un andar&#8230; Ahora volvemos al inicio. A la llegada a Oslo, al tren de NSB tomado en el aeropuerto tras perder y recuperar la mochila y a ese instante cr\u00edtico en el que sales de la estaci\u00f3n central de trenes y miras al entorno. Lo que ves no deslumbra, pero promete. A unos metros est\u00e1 la catedral y girando a la derecha, la anodina calle Storgata, por la cual llegas directo al hotel Anker, situado al lado de la bonita vereda, y paseo, de un r\u00edo. Buena pinta. Oslo no es amor a primera vista, pues tiene dispersos (pero cercanos) sus atractivos. Sin embargo, cuando los has recorrido todos en los tres primeros y los dos \u00faltimos d\u00edas de viaje el conjunto es espectacular.<!--more--> <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o0.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-9871\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o0\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o0.jpg\" alt=\"\" width=\"614\" height=\"461\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o0.jpg 1796w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o0-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o0-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o0-1024x768.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 614px) 100vw, 614px\" \/><\/a>Llegas al hotel con el d\u00eda avanzado, en torno a la una, y los museos cierran a las cuatro en abril. Hay mucho para ver. Pero este primer d\u00eda, mejor picotear a cielo abierto y dejar para los siguientes todo lo que sea de pago pues la Oslo Pass, por unos 48 euros, te permite visitar casi todo y viajar en bus, tranv\u00eda y <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-9872\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o1\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o1.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o1.jpg 1796w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o1-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o1-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o1-1024x768.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-9873\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o2\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o2.jpg 1796w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o2-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o2-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o2-1024x768.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>metro durante 24 horas. En la calle, evidentemente, se notan r\u00e1pidas diferencias: pocos coches, gente silenciosa y una arquitectura escandinava curiosa, dominada sobre todo por el vidrio. Tras un r\u00e1pido pic-nic en la habitaci\u00f3n con jam\u00f3n de la Alpujarra y palitos (el comod\u00edn que llevabas en la maleta dura poco), toca tocar Oslo. \u00a1Al ataquer! Lo primero, te topas con la catedral, singular y guapina por dentro con una curiosa &#8216;\u00faltima cena&#8217; tridimensional en el altar y un credo protestante. Luego, la \u00d3pera, un iceberg blanco y acristalado, con un tu\u00e9tano de madera que emerge sobre el mar y se va pisando por su corteza exterior hasta llegar a la cima. \u00a1Espectacular! Qu\u00e9 Sidney ni qu\u00e9 mi madre. El dise\u00f1o es totalmente rompedor y vanguardista. Un diez. Ya empieza a gustar Oslo. <a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o00.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-9874\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o00\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o00.jpg\" alt=\"\" width=\"491\" height=\"369\" \/><\/a>Desde la \u00f3pera enseguida te plantas en esa arteria principal, la Karl Johans Gate, por donde te vas encontrando el Parlamento, el Teatro y el Palacio Real uno detr\u00e1s de otro. Esta se\u00f1orial calle es cosa fina. Domina el pelo rubio, pero sin abrumar. Tambi\u00e9n hay gente morena. Y guapa y fea, como en todas partes. Ahora bien, confesemos, de cuando en vez, pasa una rubia de espatarre. Y t\u00fa como vas con la muyer te haces el indiferente, aunque miras de soslayo hasta hacer un esguince en el rabillo del ojo. Luego decides abrir tu corazoncito y le preguntas por los paisanos. Ella se hace tambi\u00e9n la indiferente. Pero bueno, \u00bfqu\u00e9 circo es este? La primera cena es un \u00e9xito. Es mi\u00e9rcoles y la Lonely Planet recomienda asi\u00e1ticos y africanos para reducir el rej\u00f3n de la &#8220;inhumamente cara&#8221; noruega (cena para dos puede salir a doscientos \u00f1apos si pides como en Espa\u00f1a). El S\u00fcdOst, un asi\u00e1tico situado al otro lado del r\u00edo, es un sitio elegante, de donde sales vivo al pedir un sabroso pad-tai y una botella de agua. Punto. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o5.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-9875\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o5\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o5.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o4.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-9876\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o4\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o4.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a>La oficina de turismo, a la izquierda de la estaci\u00f3n de tren, es buen lugar para planificar todo nada m\u00e1s llegar. Un buen plano, un libr\u00edn con rese\u00f1a de todos los atractivos, la Oslo-Pass para un d\u00eda y alg\u00fan dato clave te permiten poner orden a las visitas. Por ejemplo, el jueves, segundo d\u00eda osle\u00f1o, es gratuita la Galer\u00eda Nacional y el imprescindible Museo de Arte Moderno abre hasta las siete. Visto esto, consumir\u00e1s la tarjeta de 24 horas de cinco de la tarde del jueves a cinco de la tarde del viernes y as\u00ed dosificas museos. El jueves empiezas por conocer el r\u00edo que pasa junto al hotel. Vereda arriba, por un paseo de ensue\u00f1o, donde se entremezclan con perfecta armon\u00eda las sensaciones de pueblo y ciudad, llegas a un mercado cubierto guapu guapu, Mathallen, y desde \u00e9l por el barrio de Damstredet, de antiguas casas bajas de madera, te encaramas hasta el cementerio\/parque donde duermen el sue\u00f1o de los justos Ibsen y Munch. Los saludas afectuosamente. Y vuelves al centro en unos veinte minutos. Toca Galer\u00eda Nacional. La esposa explica su fuerte y el marido atiende. &#8216;El grito&#8217; de Munch es llamativo e ic\u00f3noico, pero no ye pa tanto. En directo decepciona un pel\u00edn. Al lado, hay cuadros mejores del propio artista, como una exuberante virgen que parece a la vez una prostituta. Y en otras salas, exotismos escandinavos como un \u00a0paisaje de hielos marinos con una luz espectacular. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o7.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-9877\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o7\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o7.jpg\" alt=\"\" width=\"491\" height=\"369\" \/><\/a>Fuera de la galer\u00eda, al otro lado de la Karl Johans, destaca un voluminoso edificio en forma de U, que presiden dos grandes moles de color marr\u00f3n caca. Es imponente. Un poco sovi\u00e9tico. Inquietante. Se trata del Ayuntamiento, que data de 1950. Su visi\u00f3n es adictiva. Lo miras y lo miras y cuando quitas la vista apetece volver otra vez a mirarlo. Dentro dan el Nobel de la Paz, \u00fanico Nobel que no se entrega en Estocolmo, sino en Oslo. Pues bien, de momento, lo miras (lo visitar\u00e1s el \u00faltimo d\u00eda) y pasas al Muelle, donde est\u00e1 la joya de la corona de esta gran ciudad. Tras una parada para reponer fuerzas en un caf\u00e9\/vegetariano, People &#038; Coffee, y un paseo por la fortaleza situada justo enfrente, Akershus, toca adentrarse en un paseo mar\u00edtimo de diez. Combina a la perfecci\u00f3n viejas f\u00e1bricas portuarias de ladrillo rojo oscuro con ventanas negras reconvertidas en restaurantes con modernos edificios acristalados de dise\u00f1os para quitar el hipo. As\u00ed durante un rato hasta llegar al remate final: el Museo de Arte Moderno llamado Astrup Fearnley. Una virguer\u00eda por fuera y por dentro. Una visita imprescindible donde encontrar\u00e1s modernas e inquietantes obras de varios millones de euros. La m\u00e1s brutal, la librer\u00eda quemada de Anselm Kiefe en una alegor\u00eda del nazismo. La m\u00e1s original, la vaca partida en dos a lo largo y metida en cloroformo en sendas urnas de <strong>Damien Hirst<\/strong>, que tambi\u00e9n muestra a tres carneros crucificados. Y la m\u00e1s kitch, el Michael Jackson con su mono en cer\u00e1mica de <strong>Jeff Koons<\/strong>. Una exposici\u00f3n temporal del japon\u00e9s Murakami (no el escritor) sobre el mundo del c\u00f3mic completan este deslumbrante y sorprendente rinc\u00f3n. <\/strong><\/p>\n<p><strong>De vuelta al centro paras a comprar unos playeros, pues has metido la pata con el calzado. Bota de invierno y bota de nieve de descanso pensadas para Noruega se revelan como una fuente de calor excesiva para un term\u00f3metro que anda por los once grados. Y subiendo. El d\u00eda tendr\u00e1 un gran remate gastron\u00f3mico camino del hotel. La fiskeriet, recomendado en la oficina de turismo, es un restaurante de pescado con muy poca oferta y muy fresca. Tomas un plato de &#8216;fish and chips&#8217; con un delicioso bacalao fresco rebozado y, por supuesto, agua (una pena, pero una botella de vino sube a sesenta euros y una cerveza, a diez). Maravilloso segundo d\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o6.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-9878\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o6\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o6.jpg\" alt=\"\" width=\"277\" height=\"368\" \/><\/a><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o8.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-9879\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o8\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o8.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/><\/a>El tercero tiene un objetivo claro. De nuevo, al Muelle. Pero para tomar un ferry a Bygdoy, una pen\u00ednsula situada enfrente donde se agrupan cuatro museos interesantes dispersos entre barrios residenciales preciosos. En el Museo del Folclore Noruego ver\u00e1s, dispersas por una finca, casas t\u00edpicas de la noruega rural de los tres \u00faltimos siglos y una espectacular iglesia de madera que huele a serrer\u00eda. Los graneros son como los h\u00f3rreos astures, con sus pegollos y su muela antirratones, pero con singulares dise\u00f1os encaminados siempre a protegerse de la nieve mientras se faena ante la puerta. El Viking Ship Museum muestra los barcos vikingos descubiertos en los enterramientos reales, pues cuando mor\u00eda un gran jefe eran tan brutos que met\u00edan un gran barco tierra adentro y lo usaban como ata\u00fad. \u00a1Espectacular! Quedan a\u00fan dos museos mar\u00edtimos. El del Kon-Tiki de troncos y juncos, donde naveg\u00f3 el noruego Thor Heyerdahl de Per\u00fa a la Polinesia, y el del Fram, el barco utilizado por Amundsen cuando gan\u00f3 a Scott la carrera para conquistar el Polo Sur. En ambos est\u00e1n los originales. Los cuatro museos llevan la jornada entera, de diez a cuatro, con agradables paseos entre unos y otros y una parada t\u00e9cnica en el caf\u00e9 de un quinto, el Naval, vecino de los dos \u00faltimos, para tomar una reparadora sopa de pescado y un caf\u00e9. <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o9.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-9881\" style=\"margin: 11px;\" title=\"o9\" src=\"\/campoyplayu\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o9.jpg\" alt=\"\" width=\"614\" height=\"461\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o9.jpg 1796w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o9-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o9-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/42\/2017\/04\/o9-1024x768.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 614px) 100vw, 614px\" \/><\/a>Al volver al Muelle, misteriosamente, en Oslo hay 16 grados. Es viernes, 7 de abril, y las terrazas est\u00e1n llenas. En un barco reconvertido en bar no cabe una alfiler. Suena m\u00fasica animada y los abor\u00edgenes de Oslo lo llenan todo, con sus envidiables cervezas de diez euros cayendo una tras otra. T\u00fa, pobre espa\u00f1ol entre noruegos, satisfech\u00edsimo de todo lo visto, reposas en los bancos del paseo mar\u00edtimo tomando un poco el sol , digiriendo todo lo visto y contemplando el espectacular fiordo de Oslo. Pasadas las seis de la tarde, camino del hotel, haces escala en otro asi\u00e1tico para reponer fuerzas. Al d\u00eda siguiente toca el tren a Bergen. Seis horas de ensue\u00f1o, entre bosques y un sinf\u00edn de lagos, que te dejar\u00e1n a los pies de esta preciosista ciudad donde embarcar\u00e1s rumbo al Norte de Noruega.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Doce d\u00edas en Noruega 3) El adelanto del cap\u00edtulo del centollo era necesario, aunque la ingesta tuviera lugar en la fase final del viaje. Los centollos, como les muyeres, siempre por delante. Si es que tienen un andar&#8230; Ahora volvemos al inicio. 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