El recorte, caricatura incluida, lo saco de la página 4 de EL COMERCIO del 11 de diciembre (¡mi cumpleaños!) de 1949 (bueno, no). «Viste Tito como un oficial de opereta. Se presenta en las recepciones con un uniforme azul resplandeciente». El mariscal Josip Broz ‘Tito’ (1892-1980) era, a la sazón, Primer Ministro de Yugoslavia y, por tanto, antagonista del régimen franquista, aunque la noticia que se glosa bajo este titular no es del todo crítica con el dirigente. Más bien parece propia de una revista de modas: «Tito, resplandeciente en su uniforme azul con herretes rojos y hojas de roble doradas […] es más pequeño de estatura de lo que se supondría […] Su curtido rostro se ve algo rojizo y luce robusto y lleno de confianza».
Lo que viene siendo todo un bombón. No hay que llevarse a engaños: EL COMERCIO, por aquel entonces aún férreamente controlado por la censura de la posguerra, no es que coqueteara con el otro lado del telón de acero. Todo lo contrario: por aquellas fechas, Tito había roto con Stalin tras unas cuantos choques irreconducibles. La belicosidad del yugoslavo para con los aliados occidentales una vez acabada la II Guerra Mundial, su posicionamiento en la guerra griega y, finalmente, el desarrollo de un plan económico propio le había alejado del prócer soviético para regocijo de este lado de Europa. Aunque con distancias. «Debe tener casi las mismas medidas que Napoleón», se jactaba el periodista. 170 centímetros medía, dicen, Tito. Siete más que Franco.