O más bien se buscaba, en EL COMERCIO del 13 de octubre de 1882, página 2, para el futuro retoño -que resultó retoña- de la reina María Cristina de Habsburgo, consorte de Alfonso XII.
«Condiciones principales que deberán tener las amas de lactancia para el regio vástago que dé a luz S.M. la Reina:
Debe tener de edad de 19 a 26 años; su complexión robusta y de buena conducta moral; estará criando a su segundo o tercer hijo, es decir, que habrá tenido a lo más otro u otros dos partos.
La leche, a lo más, de noventa días.
Es condición indispensable la de no haber criado hijos ajenos; lo es igualmente que esté vacunada en su infancia y que así su familia como la del marido no padezcan ni hayan padecido erupciones o enfermedades habituales de la piel.
Tendrá preferencia que la ocupación del marido sea la del cultivo de la tierra.»
Tal cual. ¿Alguna voluntaria? Porque llega tarde: el casting de nodrizas se hizo menos de un mes después de publicado este anuncio, a principios de noviembre -el bebé real, la infortunada María Teresa de Borbón (1882-1912), nació el día 12- y acabaron por llegar a la final cinco posibles nodrizas, aunque ninguna de ellas asturiana. Pasaron el corte, y amamantaron a la infanta, las cántabras Jesusa Diego y Sinforosa Gómez.
Esta última es la de la imagen que acompaña al texto. Desolada ante la pérdida, en 1912, de su hija de leche, muerta de sobreparto a los 29 años en Madrid. Pero esa ya es otra historia…