Ocurrió el 26 de octubre de 1982, un día después de inaugurarse el Alcampo -aunque esto no tuviera nada que ver- y uno antes de las elecciones generales en las que salió elegido Felipe -esto sí-, y no hubo víctimas mortales humanas, pero sí animales. A primera hora de la mañana, una mujer salió a pasear con sus tres perros -un pastor alemán y dos caniches- por un solar donde alguien había colocado días atrás una pancarta de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, GRAPO, y varios paquetes. Los perros se lanzaron a husmearlos y, de repente, uno estalló, llevándose por delante al pastor alemán e hiriendo gravemente a otro de los canes. En el paquete que quedó, los artificieros de la Guardia Civil comprobaron que alguien había escrito las palabras «¡Peligro! ¡Peligro!» y depositado una nota en la que se aseguraba que el artefacto explosivo era de poca potencia, algo que, a tenor de las consecuencias, parecía sobradamente falso. Reclamaban -así rezaba una segunda nota- por «el programa de los cinco puntos» y un «boicot a la farsa electoral». Los terroristas confirmaron su responsabilidad por medio de una carta dirigida a EL COMERCIO. Tampoco era la primera vez que atentaban en Gijón.