{"id":395,"date":"2019-02-26T10:13:11","date_gmt":"2019-02-26T09:13:11","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/crimenesdeayerenasturias\/?p=395"},"modified":"2019-02-26T20:44:01","modified_gmt":"2019-02-26T19:44:01","slug":"luto-en-el-musel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/crimenesdeayerenasturias\/2019\/02\/26\/luto-en-el-musel\/","title":{"rendered":"Luto en El Musel"},"content":{"rendered":"<p><strong>Par\u00f3 de llover a cinco minutos de la voladura.<\/strong> El olor a salitre y humedad inund\u00f3 el ambiente abigarrado del Musel aquella tarde, y los centenares de personas que se agolpaban frente a la monta\u00f1a del Tang\u00e1n respiraron hondo, absorbiendo aquel aroma intenso a mar, disfrutando de la tregua climatol\u00f3gica y esperando el momento en que el Tang\u00e1n se viniera abajo, hecho escombros, por obra y milagro de la ciencia y de la pericia de Victoriano Alvargonz\u00e1lez, visiblemente nervioso bajo su gorra kepis. Cuando dieron la voz de fuego y los barreneros activaron las seis toneladas de dinamita, se hizo el silencio.<strong> Instant\u00e1neamente, la tierra revent\u00f3 y, tras escasos segundos de estruendo, lo inund\u00f3 todo el olor met\u00e1lico de la metralla, el terroso del polvo y el dulz\u00f3n de la muerte.<\/strong> Al lado del almac\u00e9n de Rolloba aterriz\u00f3 una kepis cubierta de sangre. Y entonces, solo entonces, todos comenzaron a gritar.<br \/>\n<img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter wp-image-396 size-full\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Tragedia-Musel.jpg\" alt=\"tragedia-musel\" width=\"646\" height=\"364\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Tragedia-Musel.jpg 646w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Tragedia-Musel-300x169.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 646px) 100vw, 646px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Fue la mayor cat\u00e1strofe de todas las jam\u00e1s habidas en Gij\u00f3n.<\/strong> A principios de 1913, la necesidad de escombro para la construcci\u00f3n de la estaci\u00f3n mar\u00edtima del puerto gijon\u00e9s hab\u00eda hecho que se proyectase la voladura controlada del Tang\u00e1n, en El Musel, para el 25 de febrero. Sali\u00f3 mal. Aquel d\u00eda, a las seis y diez de la tarde, la dinamita fue activada y, contra todo pron\u00f3stico, desahog\u00f3 en una grieta subterr\u00e1nea, que los ingenieros no hab\u00edan podido advertir. Toda la fuerza de la explosi\u00f3n sali\u00f3 por el boquete central, gener\u00e1ndose una hondonada de m\u00e1s de diez metros de largo tras una detonaci\u00f3n que, seg\u00fan dijo EL COMERCIO al d\u00eda siguiente, <strong>hab\u00eda sido \u00abcomo un fusilamiento\u00bb:<\/strong> piedras descarg\u00e1ndose violentamente sobre el p\u00fablico, la tierra hundi\u00e9ndose bajo los pies de los centenares de curiosos que se encontraban presenciando la voladora, el asfalto que hac\u00eda ahora las veces de metralla e incluso, llegaron a decir, brazos, piernas, torsos que, desgajados de sus correspondientes cuerpos con toda la violencia que solo pueden aportar miles de kilos de dinamita, sobrevolaron el aire.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-397\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Victoriano-Alvargonzalez-199x300.jpg\" alt=\"victoriano-alvargonzalez\" width=\"199\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Victoriano-Alvargonzalez-199x300.jpg 199w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Victoriano-Alvargonzalez.jpg 646w\" sizes=\"(max-width: 199px) 100vw, 199px\" \/>Murieron Victoriano Alvargonz\u00e1lez, Jos\u00e9 Iglesias, Castor Lajo, Eulalio Lajo, Antonio Garc\u00eda Cueto, Miguel Fern\u00e1ndez, Castor Nieto, Lorenzo Mor\u00e1n, Adolfo Toral Barredo, Celestino Busto, Jacinto P\u00e9rez Aparicio, Anacleto Rico, \u00c1lvaro Garc\u00eda, Antonio Delgado, Agust\u00edn Castro, Antonio Cueto, Alfonso Guarido, Bernab\u00e9 Garc\u00eda, Emilio Garc\u00eda, Remigio Valverde, Eusebio Alonso y Miguel L\u00f3pez. Con todo, pudo haber sido peor. <strong>Varios hechos providenciales hicieron que el listado de muertos \u00absolo\u00bb ascendiera a veintid\u00f3s:<\/strong> la voladura no hab\u00eda sido anunciada por la prensa, atrayendo solo a quienes, por ser trabajadores del Musel o emparentados con alguno, ten\u00edan conocimiento de ella; la lluvia y el viento, pertinaces durante todo el d\u00eda, hab\u00edan hecho que muchas personas se quedasen en casa y, milagrosamente, las casetas que guardaban pistones de dinamita en los alrededores no fueron alcanzadas por las piedras, evit\u00e1ndose as\u00ed explosiones paralelas a la principal. <strong>A\u00fan as\u00ed, aquel d\u00eda se llenaron los hospitales: m\u00e1s de medio centenar de personas, entre heridos y muertos, colapsar\u00edan las ambulancias y las camas del hospital de Caridad, en la calle Jovellanos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Los primeros cad\u00e1veres fueron encontrados cuando a\u00fan iluminaba, aunque ya muy tenuemente, la luz del sol.<\/strong> Aparecieron al lado de las casetas del contratista Alvargonz\u00e1lez, dedicadas al almac\u00e9n de cemento y herramienta, que quedaron destrozadas por completo. All\u00ed, sin piernas y sin cabeza, pero sosteniendo todav\u00eda con fuerza el sombrero en una mano, encontraron el cuerpo del ch\u00f3fer de Alvargonz\u00e1lez; a su lado, con el reloj parado a las seis en punto de la tarde, reposaba el del obrero Antonio Garc\u00eda. Fueron solo los primeros. Durante toda la noche, el Juzgado de Guardia trabaj\u00f3 sin descanso, y con no pocas dificultades t\u00e9cnicas, para encontrar los restos de todos los dem\u00e1s: obreros, Guardia Civil y bomberos removieron las rocas durante horas, <strong>iluminados apenas por la tenue luz de las l\u00e1mparas de esquisto y acetileno<\/strong> y al comp\u00e1s de los chillidos de dolor de los familiares de quienes, aquella tarde, no hab\u00edan vuelto a casa.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter wp-image-398 \" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/ECR19130226-1024x549.jpg\" alt=\"ecr19130226\" width=\"704\" height=\"377\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/ECR19130226-1024x549.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/ECR19130226-300x161.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/ECR19130226-768x412.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/ECR19130226.jpg 1182w\" sizes=\"(max-width: 704px) 100vw, 704px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La desgracia, tan tristemente necesaria a veces para toparnos de bruces con la realidad, <strong>pondr\u00eda de relieve las carencias econ\u00f3micas de la sanidad gijonesa.<\/strong> Aquella noche, todos los m\u00e9dicos de la poblaci\u00f3n se prestaron voluntarios para atender a los heridos. Pico, Ola\u00f1eta, Vi\u00f1a, Fern\u00e1ndez Acebal, Poblaci\u00f3n, Gonz\u00e1lez, Escalera, Balbuena y Fournier, Ortega y Falo, Toral, Trapote y Cifuentes e incluso Cadenaba, cangu\u00e9s pero que pasaba unos d\u00edas de asueto en Gij\u00f3n, se presentaron en la Casa de Socorro y curaron heridas, operaron cabezas y amputaron piernas sin tener c\u00f3mo: ni material, ni camas suficientes, ni personal, ni nada. Los reporteros de EL COMERCIO, que durante d\u00edas visitar\u00edan a los enfermos, fueron testigos de c\u00f3mo se amputaba una pierna necrosada a Juan \u00c1lvarez, pe\u00f3n, sin anestesia y en medio de gritos de dolor. <strong>No hab\u00eda dinero para narc\u00f3ticos y, en medio de la desesperaci\u00f3n, los doctores rogaron que todo aquel que tuviera bebidas alcoh\u00f3licas en su casa, cuanto peores mejor, las donase para adormecer, al menos, a los agonizantes y a los operados.<\/strong> En un primer viso de lo que ser\u00eda uno de los mayores movimientos de solidaridad que conoci\u00f3 Gij\u00f3n en su historia, el Club de Regatas cedi\u00f3 todo su mueble bar a los enfermos, botellas de champagne (se daba como reconstituyente, en cucharadas, a quienes flaqueaban de fuerza) incluidas.<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-401 size-medium\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/El-Gran-Bufon-1913-03-15-202x300.jpg\" alt=\"el-gran-bufon-1913-03-15\" width=\"202\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/El-Gran-Bufon-1913-03-15-202x300.jpg 202w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/El-Gran-Bufon-1913-03-15-690x1024.jpg 690w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/El-Gran-Bufon-1913-03-15.jpg 750w\" sizes=\"(max-width: 202px) 100vw, 202px\" \/><\/strong><\/p>\n<p>No fueron los \u00fanicos. Durante semanas, los telegramas de apoyo inundaron la villa de Jovellanos, las suscripciones populares consiguieron recoger miles de pesetas para las v\u00edctimas m\u00e1s necesitadas y los artistas, que el d\u00eda de la tragedia hab\u00edan suspendido sus funciones para ir a enterarse de qu\u00e9 era lo que generaba tanto revuelo en las calles, actuaron gratis para recaudar fondos en el Dindurra y en el Jovellanos, tocaron en el funeral de las v\u00edctimas e incluso llegaron a organizarse corridas de toros ben\u00e9ficas para socorrer a las familias de los muertos. <strong>La desgracia llev\u00f3 a conocer otras:<\/strong> la de Lorenzo Mor\u00e1n, uno de los fallecidos, con cuyo sueldo se sosten\u00edan su hija \u00c1gueda y sus dos nietas, despu\u00e9s de ser abandonadas por su marido y padre; o la de Jacinto P\u00e9rez, que viv\u00eda en una casa en Jove donde ni siquiera hab\u00eda camas.<\/p>\n<p>Miseria y dolor que, aunque no del todo, consigui\u00f3 aplacar la solidaridad de las m\u00e1s de treinta mil personas que asistieron al funeral de las v\u00edctimas<strong> y que presidi\u00f3 el rey Alfonso XIII, representado por el Ministro de Fomento.<\/strong> El 27 de febrero, todas las v\u00edctimas menos dos (Eusebio Alonso muri\u00f3 aquella misma tarde, y la muerte de Miguel Fern\u00e1ndez fue reclamada por su familia como parte tambi\u00e9n de la desgracia d\u00edas despu\u00e9s) se enterraron con honores en Ceares, tras una multitudinaria procesi\u00f3n que, bajo la llovizna, fue parando por toda la ciudad. Los acompa\u00f1aban personalidades, familias, curiosos, autoridades, la banda de m\u00fasica y el orfe\u00f3n; la compa\u00f1\u00eda el\u00e9ctrica suministr\u00f3 luz durante todo el recorrido a la comitiva y, al d\u00eda siguiente, en la Casa de Socorro, el m\u00e1s animoso de todos los heridos, el vasco Tom\u00e1s Amutio, pidi\u00f3 a los reporteros de EL COMERCIO un ejemplar del peri\u00f3dico para leer en voz en alta todos los detalles del funeral a sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Los f\u00e9retros fueron diecinueve, los muertos veintiuno o veintid\u00f3s, seg\u00fan se interprete la historia. Ocurri\u00f3 que, en los primeros d\u00edas de la tragedia, un ni\u00f1o llamado Juli\u00e1n Mi\u00f1ambres, que se curaba de sus heridas en la Casa de Socorro, <strong>asegur\u00f3 que uno de los muertos, Castor Nieto, era su padrastro por uni\u00f3n con Modesta, su madre natural.<\/strong> Otro Castor, en esta ocasi\u00f3n de apellido Lajo, aparece en la lista de muertos \u2013que, sin embargo, la prensa mantiene en n\u00famero de veintiuno- solo una vez que se certifica que hay dos mujeres que reclaman ser viudas de un hombre llamado Castor. \u00bfFue confusi\u00f3n de los reporteros? \u00bfExistieron dos Castores o solamente uno? Poco importa ya. Ambas mujeres fueron socorridas por la solidaridad vecinal y Eulalio Lajo, el hijo del segundo Castor, enterrado junto a su padre. Aquel d\u00eda deb\u00eda partir de vuelta al servicio militar tras unos d\u00edas de permiso en Gij\u00f3n; hab\u00eda ido a ver la voladura, por entretenimiento, con su familia. <strong>La peor de las tragedias (la accidental, la que no tiene m\u00e1s culpables que la mala suerte) hizo que aquello fuera lo \u00faltimo que hicieran juntos.<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-400\" src=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Las-Ocurrencias-1913-03-07.jpg\" alt=\"las-ocurrencias-1913-03-07\" width=\"626\" height=\"510\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Las-Ocurrencias-1913-03-07.jpg 626w, https:\/\/static-blogs.elcomercio.es\/wp-content\/uploads\/sites\/38\/2019\/02\/Las-Ocurrencias-1913-03-07-300x244.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 626px) 100vw, 626px\" \/><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Par\u00f3 de llover a cinco minutos de la voladura. 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