Toca empezar año nuevo y la situación económica no pone nada fácil hacer acopio de espíritu positivo y buenas intenciones. Muchos se conforman con quedarse como están, pero a otros eso no les alcanza, necesitan encontrar soluciones inmediatas para problemas acuciantes. Entre tanto los recortes aumentan y la presión de lo que ya hay que soportar unido a la incertidumbre de las próximas medidas por llegar acaba con los pocos ánimos de los pesimistas y con la esperanza de los realistas. Es por tanto tiempo de optimistas, de ver el vaso medio lleno. Dicen los expertos que solamente aquel que crea que los sueños se pueden cumplir podrá ponerlos en práctica. Y algo de razón llevan. Si pienso que no voy a encontrar trabajo no lo busco, luego no lo encuentro. Si creo que no es momento de abrir nuevas líneas de mercado o probar con productos diferentes, cerraré las puertas a nuevas fuentes de ingresos. Hay que adaptarse, detectar nuevas necesidades y cubrirlas. Pero habrá que cargarse de paciencia, porque igual a la primera los planes no salen y hay que caer y levantarse una y otra vez. Seamos optimistas, porque no queda otra y porque si todos nos venimos abajo las cosas todavía serán más difíciles.
En la parte legal, asistimos a un tiempo de cambios y ajustes a los que cada día hemos de ir adaptándonos. Las nuevas tasas judiciales y otras reformas que nos esperan no lo pondrán fácil, pero el espíritu ha de seguir siendo el mismo: estudiar la legalidad, aplicarla al caso de la mejor forma y buscar el acuerdo cuando sea posible, porque no es recomendable perder tiempo y dinero a no se que no quepa mas remedio.