La crisis está afectando a la economía de muchas familias que tienen que subsistir con menos ingresos de los que antes tenían, pero si están unidas y luchan en la misma dirección no tiene al menos que lamentar problemas personales. Y decimos esto porque a la crisis económica a veces se une la crisis de pareja. Donde una relación ya iba mal, las dificultades económicas son un detonante que puede hacer la convivencia insoportable. Y el círculo de despropósitos se cierra cuando al pensar en una ruptura, muchas veces única solución posible para lograr un poco de paz, resulta que los números no salen, porque divorciarse implica multiplicar los gastos. Y no nos referimos a los gastos del procedimiento, porque en dificultades económicas se puede hacer uso de la justicia gratuita. Hablamos del coste extra que implica que uno de los dos miembros de la pareja se tenga que ir del domicilio familiar, alquilando o comprando otra vivienda, en la que tendrá que pagar gastos de suministros, comunidad, alquiler o hipoteca. Otras veces la alternativa para el que se va es volver al domicilio de sus padres, que es una opción muy dura, por la vuelta atrás que implica sobre todo cuando ya se tiene cierta edad e independencia.
Y es que cuando los números no salen y hay que vivir bajo el mismo techo por obligación la convivencia se convierte en un castigo y los hijos, cuando los hay, sufren los desencuentros. ¿Hay solución? No desesperar. La frase “cada caso es un mundo” encaja aquí a la perfección. Hay que barajar todas las opciones posibles buscando alternativas, soluciones y salidas. Continuar bajo el mismo techo solamente puede ser la última opción y requiere capacidad de diálogo y negociación. En resumen, incluso en tiempos de crisis se impone clarificar en lo posible la situación, buscar el acuerdo y pensar siempre que cuando hay niños son la prioridad.