Todos quienes creen tener derecho a algo se van generando ciertas expectativas y alimentan sus suposiciones, más cuanto mayor es el tiempo que tardan en dar los primeros pasos legales para lograr su objetivo. Sin embargo, tres son los problemas a los que se enfrentan aun cuando no lo sepan.
El primero, que la legislación respalde lo que consideran justo, cosa que no siempre sucede y que limita y mucho lo que se puede lograr en una negociación o en un procedimiento judicial. No es recomendable dejarse llevar por lo que opinan amigos y vecinos, ni por la información que se pueda encontrar en foros o páginas web.
El segundo, que los hechos de los que partimos sean ciertos, pues a veces se presuponen ciertos datos o circunstancias que al ahondar un poquito se comprueba que no eran correctas, lo que lógicamente hace variar las expectativas. Por ello, antes de dar nada por hecho hay que asegurarse y comprobar las cosas.
El tercero, que podamos obtener pruebas suficientes y adecuadas para demostrar que los hechos de los que partimos son ciertos.
No se puede obviar ninguno de estos pasos y los dos últimos pueden ir preparándose desde un primer momento. El abogado puede dirigir la averiguación de los hechos y la obtención de pruebas, pero sólo desde que toma las riendas de un caso. Por ello es muy recomendable que sea el propio interesado el que tenga una actitud precavida y activa, comprobando todo aquello que esté en su mano, acudiendo a los técnicos o especialistas que en cada caso corresponda y siendo muy cuidadoso al recopilar y conservar toda la documentación que pueda afectar al caso.