La Navidad es una época de contrastes. Es cuando más se siente la soledad o el apoyo, el buen o el mal momento económico, el egoísmo o la solidaridad, la fortuna de algunos, como la de todos aquellos que son agraciados con la lotería, y la mala suerte de otros… Y es un momento de reconsideración del año, de sacar balance positivo o negativo y plantearse objetivos para el próximo. Pero ni con fortuna puntual ni con buenos deseos se llena el presente ni el futuro de resultados positivos. Para que los aspectos negativos cambien es preciso establecer unos objetivos, dibujar un plan, ponerse metas y organizar y, por supuesto, dar todos y cada uno de los pasos necesarios.
Y esta idea es aplicable a casi todos los apartados de nuestra vida y, en relación a lo que a nosotras nos toca más de cerca, también.
Planificar bien los gastos navideños, tomar en consideración que a la vuelta del seis de enero contamos con rebajas y a lo mejor, en ocasiones, como la actual, merece más la pena que los reyes sean más prácticos y esperen a encontrar los artículos a un precio más bajo, empezar el año pensando en cambiar contratos y cuestiones jurídicas que pueden mejorar nuestros derechos y economía… son todos ellos y alguno más aspectos a considerar.
Por ello, si la fortuna no nos ha sonreído este año tampoco, si nos levantamos un día más sin ser millonarios, nuestro consejo es trazarse un plan: un plan para las compras navideñas, tanto de comida como de regalos, un plan para enfrentar las rebajas y la cuesta de enero, un plan para iniciar el año retomando por fin la revisión de las cláusulas de nuestra hipoteca, de los contratos bancarios, de los de suministros… un plan para mejorar nuestra economía y defender los derechos que nos corresponden.