22 de diciembre y estamos todos pendientes, de un modo u otro, de la lotería de Navidad. Forma parte de nuestra tradición navideña del mismo modo que los belenes y los árboles de Navidad. Durante esta mañana todo suena al cántico constante de los niños de San Ildefonso y a partir del mediodía el mundo se llena con las fotos de las personas agraciadas en cualquier lugar de España celebrando en la calle con botellas de cava en la mano la alegría que da el hecho de que el azar se acuerde de ti. Lo que sin duda en época de crisis, como la que nos toca vivir ahora, es más especial y más emotivo.
No sabemos a qué personas desconocidas o conocidas beneficiará el destino con un toque de suerte pero sí sabemos seguro cuál va a ser uno de sus ganadores. Y es que desde hace algunos años, ya no están exentos los premios de la lotería nacional. Ahora hay que pasar por caja y Hacienda, sí o sí, se lleva una parte. ¿Cuánto tenemos que pagarle? Por los primeros 2500 euros de premio nada. Esos pequeños premios de consolación al menos se libran. Todo lo que se gane a partir de esa cantidad hay que repartirlo con Hacienda, que se llevará un 20%. Es decir, si obtenemos un premio superior a 2500 euros, restamos esta cantidad que está exenta y del resto pagamos un 20%. En realidad, nos lo van a retener cuando nos paguen la cantidad que nos ha tocado por si acaso, con la alegría del momento, nos diera por gastarlo todo antes de cumplir con nuestra obligación fiscal.
Eso sí, si no nos toca, ese deseo universal de salud que se reparte mientras tiramos los décimos y participaciones inservibles a la basura, no está sujeto a impuestos. No es necesario abonar una parte a Hacienda aunque, por el bien de todos, es mejor que nuestra Hacienda Pública tenga también salud a ser posible, no vaya a ser que el próximo año tengamos que repartir con ella en un porcentaje aún mayor nuestros premios de la lotería.