Inmersos estamos de nuevo en el momento de las rebajas. El verano, las tiendas con grandes carteles de reclamo, las ofertas tentadoras… todo nos invita a comprar y, sin duda, resulta interesante aprovechar la oportunidad pero siempre teniendo en cuenta unas cuantas pautas que no debemos olvidar y que siempre recordamos en estas fechas. Salir de casa simplemente de compras sin una planificación adecuada y sin recordar nuestros derechos puede traer como consecuencia un gasto excesivo, compras de objetos innecesarios o llevarnos algún que otro disgusto con el respeto a nuestros derechos.
Por todos estos motivos solemos recomendar hacer una lista de lo que necesitamos, comprobar que los productos que adquirimos rebajados son los mismos que se vendían en temporada (rebajas no es lo mismo que liquidaciones o ventas de saldos o productos deteriorados), hacer una comparativa entre precio actual rebajado y precio anterior (las etiquetas y carteles deben ser claros al respecto), comprobar plazos y forma de devolución por si lo precisáramos (cada establecimiento establece su propio sistema y debe estar indicado) y exigir que el pago lo podamos hacer como viene siendo habitual en ese establecimiento cuando no existen rebajas (por ejemplo, si se permite el pago con tarjeta en temporada debe ser igual en periodo de rebajas).
Esta idea de que se rebaja el precio pero no la calidad del producto ni los derechos es fundamental y además resulta aplicable a cualquier otra situación en que cualquier profesional o comerciante nos ofrezca un precio tentador. Ocurre en todos los campos, también en el jurídico, y el consejo siempre es el mismo: no debemos perder de vista el servicio o producto que buscamos, su complejidad y lo que esperamos recibir a cambio de lo que paguemos. Porque resulta totalmente cierto aquello que dicen de que lo barato puede salir finalmente excesivamente caro.