Se nos ha ido el verano y con él todo lo que implica esta estación: un mayor tiempo de ocio y un aumento de los viajes y desplazamientos por vacaciones. La planificación de estos últimos ha hecho, como ocurre año tras año, que muchas personas se hayan planteado el primer problema en la tenencia de un animal doméstico: qué hacer con aquel cachorro tan ideal que llegó a casa como regalo de Navidad o de Reyes, que ha crecido y que estorba a la hora de irse a otro lugar toda la familia. Algunas, todavía un número muy elevado, han optado por el abandono, en ocasiones en circunstancias extremas como seguro hemos visto en las noticias.
No obstante, aunque esta realidad sea cierta y aunque muchos abandonos de animales se produzcan durante el verano, en la actualidad los datos que manejan las protectoras muestran que los animales son abandonados en cualquier etapa del año y por muy diversas circunstancias. El final de la temporada de caza es un claro ejemplo. El número de abandonos no es estacional y se mantiene en cifras excesivamente altas y estables durante todo el año.
Las causas de los abandonos son también variadas: el comportamiento del animal, la tenencia de alergias por algún miembro de la familia, cuestiones económicas, falta de tiempo o espacio, cambio de domicilio, fallecimiento del propietario, pérdida de interés de los niños, embarazo de la propietaria… En definitiva, todas ellas pueden resumirse en una sola: la ausencia absoluta de falta de concienciación de la responsabilidad que implica tener un animal.
El abandono nunca es una opción por múltiples motivos pero, yendo al estrictamente jurídico, no lo es porque hoy en día es un delito castigado como tal en nuestro Código Penal, además de estar considerado infracción en todas las leyes autonómicas de protección y en las ordenanzas locales, en aquellas ciudades que cuentan con ellas, lo que implica la posibilidad de imposición de una sanción que en ocasiones alcanza cifras realmente interesantes.
Por todo ello, la clara conclusión a la que llegamos es que tener un animal requiere ser una persona responsable. Si no se está a la altura, es mejor no tenerlo y, si sí se está, entonces la mejor opción es la adopción, ya que al menos se palia en parte la irresponsabilidad de aquellos que previamente han abandonado.
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