Es tan fácil dejarse convencer. A los niños les vuelven locos los animales y han prometido encargarse ellos solos de su cuidado y tú vas a esa tienda y les ves tan tiernos, tan indefensos, tan pequeños… Además hablan maravillas del efecto terapéutico de los perros y los gatos: tranquilizan, socializan, ayudan a asumir responsabilidades a los niños…
Todo eso es cierto pero igualmente es cierta una segunda parte que es mucho más importante que la primera y que indefectiblemente la acompaña. Antes de adquirir un animal hay que pararse a pensar en todo lo que este conlleva porque su tenencia está expresamente regulada en nuestra legislación y su incumplimiento conlleva importantes sanciones, incluso penales. Cierto que las leyes en materia de protección de animales son mejorables pero cierto también que existen y que cada vez más nos encontramos con sentencias que las imponen penas y multas aquellos que las infringen.
Tener un animal implica, lo primero de todo, elegir bien. Debemos ser muy conscientes del espacio y tiempo del que disponemos a la hora de escoger especie y raza. Igual de importante es no dejarse llevar por modas o elegir especies extravagantes que requieran cuidados que seamos incapaces de procurar. Hacer un estudio previo es fundamental.
Además debemos contar con los gastos y obligaciones que va a implicar: veterinario para vacunas y control y cuando tenga alguna enfermedad, chip y alta en registro, comida adecuada, salidas, ejercicio y también atención, juegos… Si optamos por un perro de una raza de las consideradas peligrosas estas obligaciones son más amplias y si nos decidimos por una especie exótica también. Casi todas estas obligaciones están recogidas en nuestra ley autonómica y su incumplimiento es una infracción sancionable.
En cualquier caso cuidar a un animal no es tan solo cumplir para evitar una multa… es mucho más. Y, por supuesto, no es una opción el abandono cuando lleguen las primeras vacaciones y no sepamos que hacer con él, cuando el animal crezca y ya no haga tanta gracia, o cuando nos deje de apetecer cuidarlo. Tanto el abandono como el maltrato son delito en nuestro Código Penal además de una conducta claramente antisocial.
Por este motivo, si no estás dispuesto a cuidar y a querer a un animal hasta el final de su vida, mejor regala un peluche. Y si sí lo estás, no compres, adopta. Da oportunidad a uno que no tuvo la suerte de encontrar a alguien como tú.
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