Con las vacaciones escolares algunas familias tienen que enfrentarse a conflictos y desacuerdos motivados por el tiempo que los niños han de pasar con uno y otro progenitor cuando hay una ruptura.
En este momento, en pleno periodo vacacional, el tiempo que a cada cual corresponde ha tenido que elegirse o consensuarse hace ya unas semanas. Pero esto no evita las discusiones, porque aun siendo así, pueden surgir problemas de última hora que por más que parezcan insignificantes se pueden convertir en una pesadilla: lo que va o viene en la maleta de los niños, que puedan hablar con uno de sus padres mientras están con el otro, los horarios o el lugar de entrega, si pueden o no viajar a un lugar de vacaciones, los horarios de sueño o el tipo de alimentación… muchas veces no tener claras las expectativas o pensar que todo se puede judicializar convierte estos nimios detalles en constantes disputas.
Cuando uno está a la defensiva siempre encontrará alguna razón para discutir. Por eso el primer paso es relativizar. Demos un margen dentro de lo lógico y normal, apliquemos el sentido común y no hagamos un mundo de una pequeña cosa. Los tribunales no están para resolver esos pequeños detalles.
Además es interesante tener algunas cuestiones claras: los niños pueden viajar cuando están de vacaciones mientras les corresponda estar con uno de los progenitores a no ser que lo tengan expresamente prohibido. Lo correcto es informar a la otra parte y no impedir las comunicaciones, de modo que no se generen preocupaciones innecesarias. Hay que respetar un mínimo razonable en cuanto a alimentación, horarios, etcétera, pero con cierto margen tratándose de vacaciones. Dado que se trata de varios días es razonable mandar al niño con una maleta que incluya ropa para varios días, ya que si la custodia no es compartida el otro progenitor no tendrá en su casa ropa más que para un par de días. Pero no hay regla al respecto taxativa al respecto por lo que hay que aplicar de nuevo el sentido común.
Los límites: que las entregas y recogidas se realicen correctamente, que los niños estén suficientemente atendidos y que se cubran sus necesidades físicas y emocionales, pensando siempre en su interés, evitándoles presenciar discusiones y en ningún caso malmetiendo contra la otra parte.
¿Parece fácil? Para nada. Es mucho más difícil de lo que parece.
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