
Cuando un matrimonio decide separarse ese tema es el asunto que ocupa las conversaciones con amigos y familiares durante mucho tiempo. Primero preocupa la parte personal, los motivos, las penas, pero en algún momento comienza a comentarse el tema legal y salen a colación los casos que todos conocemos: que si uno paga tanto de alimentos, que si otro no tiene pensión compensatoria, que si ganando tanto dinero calcula que tiene que pagar esto o lo otro. Y es inevitable que demos con un caso similar al que está en plena ruptura y llegan las comparaciones y las preguntas ¿por qué si él paga tanto tu tendrás que pagar esto otro? Y aunque es difícil de comprender, la explicación en cambio resulta bien sencilla: porque cada caso tiene sus particulares circunstancias. Dos casos pueden parecerse pero difícilmente serán idénticos y aunque lo fueran, sus protagonistas cambian y precisamente son los protagonistas, los cónyuges, los que marcan los límites en los que habrá de moverse la negociación y, de no ser posible, el proceso contencioso.
Pongamos algunos ejemplos: si tuviéramos dos matrimonios con el mismo número de hijos en el que solamente trabajara el marido e incluso de la misma edad todos ellos e iguales ingresos, pudiera suceder que en una de las parejas la esposa renunciara a su derecho de pensión compensatoria, pues es algo que puede hacer, estuviera dispuesta a una custodia compartida e incluso no tuviera problema a la venta de la vivienda familiar pues pudiera querer residir en casa de sus padres para que la ayuden con los niños. En cambio, la esposa de la otra relación puede querer una pensión compensatoria, el uso de la vivienda y luchar por la custodia de los niños. ¿Cómo puede ser posible que en igual situación puedan llegarse a soluciones tan dispares? Porque la ley permite cierto margen de forma que cada pareja pueda, si llega a un acuerdo, buscar aquella solución que mejor se adapte a sus expectativas. Si no hay acuerdo, el Juez va a moverse entre los límites marcados por lo que piden uno y otro y como no todos piden lo mismo esos límites no siempre son los mismos y, en consecuencia, tampoco serán iguales las medidas que recoja una sentencia.
¿Cómo saber entonces a qué carta quedarse? En cada caso hay que ver lo que cada parte desea, ajustar sus deseos a lo que puede o no conseguirse conforme a los límites que la ley y la jurisprudencia marcan y finalmente, buscar el acuerdo acercando posiciones. Si el acuerdo no es posible, demandar todo cuanto legalmente proceda y esperar la sentencia. Ojalá fuera más sencillo o al menos más previsible, pero así funcionan las cosas, de modo que mejor centrarse en cada caso y evitar las comparaciones.