Es una realidad que el trabajo no es fácil de mantener y menos de encontrar y que cuando surge una oportunidad que implica un cambio de residencia no deja de ser una buena opción dadas las circunstancias. El problema surge cuando hay menores, especialmente en los casos en que sus padres se encuentran divorciados. Y es que un cambio de localidad, comunidad autónoma y más aún si cambiamos de país, va a afectar al cumplimiento de las visitas y estancias. Por este motivo no es una decisión que pueda tomarse a la ligera y sin contar con la otra parte. Tampoco es una situación exenta de consecuencias y es mas delicada cuando el que cambia de domicilio es el progenitor que tiene la custodia. Se impone por tanto como mínimo un ajuste de las medidas en su día adoptadas e incluso podría ponerse en juego si la mejor opción para los niños es irse o quedarse en el lugar en que ya se encuentran integrados. Habrá que tomar en cuenta la estabilidad del nuevo trabajo, la edad y circunstancias de los niños, la situación en que estarían si se van y si se quedan y, por supuesto, los deseos de ambos progenitores al respecto. Si esto es así para un cambio dentro del territorio nacional no digamos cuando el trabajo sea en el extranjero. Nuestro consejo ante una oferta de trabajo que afecte a las medidas es no actuar sin hablar antes con el otro progenitor. Quizás sea posible llegar a un acuerdo que permita reajustar la situación con el menor conflicto posible. Si no es así y no hay tiempo para nada mas, como mínimo el cónyuge que se va debe informar previamente y de forma fehaciente a la otra parte e instar cuanto antes una modificación de medidas ante el Juzgado de familia para adaptar las visitas y la custodia a las nuevas circunstancias.