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José María Urbano

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VEINTE DÍAS PARA UNA SOLUCIÓN

El Gobierno tiene de plazo hasta el día 30 para evitar el cierre de Alcoa , mientras los ecos de la manifestación de Avilés han llegado a Pittsburgh

El eco de las cincuenta mil voces que al unísono gritaron el jueves en Avilés que ‘Alcoa no se cierra’ ha llegado también a las oficinas centrales de la multinacional estadounidense en Pittsburgh. Está constatado. Es cierto que este tipo de empresas se desvían poco o nada de su objetivo de ganar dinero y compensar a sus accionistas con los mayores dividendos posibles. El mundo ha cambiado a velocidad de vértigo y aquella precaución de atender no solo al negocio, sino también a los territorios, ha pasado a la historia en buena medida. Pero una manifestación como la del jueves, en donde una ciudad entera se echa a la calle con el nombre de una compañía en la boca, y no para bien precisamente, también preocupa en los despachos de los ejecutivos porque saben que el eco de esas cincuenta mil voces llegan al Gobierno de un país en el que todavía mantienen negocios abiertos. Y llega al seno de la Unión Europea, en donde actitudes como ésta de Alcoa empiezan a preocupar gravemente. Añádase la fuerza y la determinación de casi cincuenta millones de trabajadores de los sectores minero, energético e industrial que se cobijan bajo el paraguas de IndustriALL. De ellos, siete millones pertenecen a Europa, provenientes de 38 países y de 190 sindicatos. Y un dato no menor: el vicesecretario general de IndustriALL es un sindicalista avilesino, Luis Ángel Colunga, una de las personas que más está trabajando en la sombra para tratar de buscar soluciones para este problema de Alcoa, saltando de Bruselas a Holanda y a España, aunque no aparezca en las fotografías ni ante las cámaras, que tanto juego dan estos días a políticos de toda condición.alcoa-blog

Por lo tanto, la manifestación del jueves no ha caído en saco roto. Y será, sin duda, otro de los elementos que se tendrán en cuenta el próximo día 19 en Rotterdam, en donde se deberá decidir sobre la denuncia presentada por el comité europeo de Alcoa para oponerse al expediente de extinción de contratos presentados por la compañía en España.

A Alcoa se le empiezan a acumular los problemas y aunque hay pocas posibilidades de ir contra la lógica capitalista que pretende aplicar, su pérdida de credibilidad, el daño a su imagen que está sufriendo en España y en la Unión Europea seguramente puede hacerle recapacitar.

Además, a la dirección de la compañía se le agotan los argumentos para tratar de justificar porqué va a cerrar las plantas de Avilés y Coruña. Las razones más o menos públicas para presentar el expediente de extinción de contratos no son creíbles, como ya se le demostró el pasado domingo en estas mismas páginas. Las otras razones «ocultas», las que ha traslado al Gobierno de España, también se caen por su propio peso, simplemente porque no se ajustan a la realidad de lo que está sucediendo en el sector del aluminio de la Unión Europea en este momento.

Dice la dirección de la multinacional norteamericana que en su día, en estos últimos cuatro años, después de su último intento de cierre de las dos plantas españolas, no encontró ningún grupo que estuviera interesado en entrar en el negocio del aluminio y que las únicas pistas que obtuvo fueron las de fondos buitre que querrían especular con el valor de las plantas cerradas, es decir, con sus emplazamientos. Y aduce también que el aluminio es un negocio en retirada en Europa y de ahí su decisión de abandonarlo, como ha ido haciendo paulatinamente con la venta de la mayoría de los activos que logró en 1998 en España, cuando se hizo con la empresa estatal Inespal a precio de saldo.

Lo primero, lo de los fondos buitre, es poco creíble. Su forma de actuar casi siempre tiene que ver con la entrada en negocios en activo con problemas, permanecer durante unos años sacando unas altas rentabilidades y posteriormente irse. Lo del interés en plantas cerradas o terrenos con vistas a posibles recalificaciones no suele entrar en esa dinámica de estos fondos de capital riesgo cuando ponen el ojo en la industria.

Lo segundo, que el aluminio sea un sector en retirada en la Unión Europea es sencillamente falso. Este periódico desveló los pasados 28 de octubre y 3 de noviembre cómo un grupo industrial suizo había logrado echar a andar de nuevo la planta de aluminio de Portovesme (Italia), cerrada en su día por Alcoa, que incluso ahora aportó dinero para hacer viable esa operación de Sider Alloys Italia. Y cómo otro grupo, en este caso Liberty House, propietario de la fundición de aluminio más importante del Reino Unido, Liberty British Aluminium, hacía su entrada en la fundición más grande de Europa, situada en Dunkerke, en el norte de Francia, hasta ahora propiedad de Río Tinto. Las dos sociedades responden a grupos industriales de primer orden, con negocios en numerosos sectores y países, pero interesados al máximo en el mundo del aluminio y en su expansión en la Unión Europea.

Por lo tanto, las verdaderas razones de Alcoa hay que buscarlas en su decisión de dar un giro a su negocio, volcado por un lado en sectores estratégicos como el aeronáutico y el militar, bajo el paraguas de Arconic, desgajándolo así de su división de aluminio. Y por otro lado no hay que perder de vista las presiones de la Administración de Donald Trump para que los grandes conglomerados industriales ‘vuelvan’ con sus centros de producción ‘a casa’ en un claro intento de potenciar al máximo la industria estadounidense.

Es ahí donde la Unión Europea empieza a comprobar que va a ser la gran damnificada de la guerra comercial abierta por Donald Trump, en donde Estados Unidos y China no van a ser precisamente los perdedores, mientras aquí mostramos un afán por ser los campeones en aspectos como el del medio ambiente, que ya empiezan a pasar factura. Cuando alguien se dé cuenta de que las prisas europeas por hacer la transición energética –obligada, nadie lo pone en duda– van a tener un coste descomunal en pérdida de empleo y riqueza, a lo mejor ya es demasiado tarde.

Objetivo único en veinte días

En este momento el único objetivo que debería ocupar por entero al Gobierno socialista de este país es paralizar como sea el expediente de extinción de contratos que ha presentado Alcoa y que culmina el próximo día 30. Es decir, quedan desde hoy exactamente veinte días para obligar a la multinacional aluminera a revertir la situación y a iniciar un nuevo proceso que logre mantener la actividad de las plantas de Avilés y Coruña.

Habrá que imaginarse que el Gobierno de Pedro Sánchez, sus ministras de Industria y la de Transición Ecológica, estén intentándolo por todos los medios. Y es bueno además «no radiar en directo» las gestiones, pero pensar que se han tardado 23 días entre la comunicación oficial de Alcoa y la primera reunión del Gobierno con los presidentes de Galicia y Asturias y los alcaldes de las ciudades afectadas no es un dato que invite al optimismo precisamente respecto al grado de preocupación/reacción/actuación del propio Gobierno ante un problema de esta gravedad. Veinte días, ni uno más, tienen para lograrlo.

(En la fotografía, detalle de la manifestación del pasado día 8 en defensa de Alcoa en la Plaza de España de Avilés. Foto Marieta).

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 11 de noviembre de 2018

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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