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José María Urbano

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ULTIMÁTUM MADE IN ALCOA

El Gobierno central debe impedir la presentación del expediente de cierre, obligar a que siga la actividad y buscar con urgencia un inversor que asegure el futuro

Imagínese que usted entra en un concesionario de automóviles en el que ha visto que hay un coche a la venta que puede interesarle. Una vez dentro, le atiende un agente que va respondiendo a sus preguntas y en principio a usted le hace ojo. Antes de tomar una decisión, pide que le dejen sacar el automóvil para probarlo y ver si todo está más o menos en orden. El agente se planta y le dice que no, que no puede probarlo y que además es el comprador el que tiene que hacer una oferta por el coche. Y usted, en ese momento y por educación, le da los buenos días y se va. Fin de la operación.

Alcoa, en su escalada de no-argumentos para tratar de justificar el cierre de las plantas de Avilés y La Coruña ha llegado a decir que en su día estuvo abierta a recibir ofertas por las dos factorías y que no recibió ninguna. Y ahora, en su última propuesta-ultimátum vuelve a decir que en los próximos seis meses estaría dispuesta a colaborar en la búsqueda de un nuevo inversor. Lo que no dice Alcoa es toda la verdad cuando oculta que en realidad nunca tuvo interés en vender las dos fábricas, entre otras cosas porque así eliminaba un competidor en España y se quedaba con una buena parte del mercado solo con mantener activa su planta de San Ciprián (Lugo). Pero es que, además, oculta que sus condiciones de venta eran imposibles. La más importante: que el grupo inversor que entrara tendría que comprarle a Alcoa la alúmina proveniente de la planta que también tiene en San Ciprián, que es la que le genera sustanciosos rendimientos económicos. Y el inversor contestaba que la alúmina la compraría donde él decidiera, faltaría más, entre otras cosas para buscar un precio de mercado más ventajoso para sus intereses. Así que, también aquí por educación, el supuesto inversor daba los buenos días y se iba.

La dirección de Alcoa, desde Estados Unidos –en España lo que hay es una sucursal pegada al teléfono para dar novedades y recibir instrucciones– lleva desde el mes de octubre justificando su intento de cierre en circunstancias coyunturales del mercado y además sin asumir que las estructurales que también pone encima de la mesa son de su única responsabilidad, como, por ejemplo, la de no haber invertido ni un euro ni siquiera en el mantenimiento adecuado de las dos series de electrolisis de Avilés.

Y lo que acaba de hacer ahora es ofrecer a los sindicatos una contraoferta que ya se conocía: una especie de presión –por suavizar el término–, que pasa porque dentro de 48 horas los comités de empresa firmen un acuerdo que básicamente consiste en cerrar las plantas casi a corto plazo, mantener una ligerísima actividad, mostrarse, eso sí, generosa con las indemnizaciones (45 días de entrada es lo máximo que puede ofrecer, será por dinero), decir que colaborará en la búsqueda de un posible inversor y mandar al paro dentro de un mes a la casi totalidad de los trabajadores. Y todo eso, sin posibilidad alguna de reclamación posterior en los tribunales.

Difícilmente los comités de empresa van a firmar esa contraoferta, así que esperaremos al martes para ver la deriva que toma este asunto y el planteamiento que tendrá que hacer el Gobierno central para frenar que Alcoa presente el expediente de cierre.alcoa-para-blog

Hasta ahora el Gobierno socialista de Pedro Sánchez ha mostrado una gran debilidad respecto a la búsqueda de una salida para esta crisis que en el caso de Asturias supondrá un mazazo que va a ir mucho más allá del desastre de perder de un plumazo 317 puestos de trabajo industriales, más todos los daños ‘colaterales’ para la comarca de Avilés. El Ministerio de Industria no ha sido capaz de entrar en la sede central de la multinacional en Pittsburgh, como llegó a anunciar la ministra; no ha podido presentar la opción de un nuevo inversor; y ha dado toda la sensación de que le vale la contraoferta de Alcoa a ver si con un poco de suerte de aquí a junio suena la flauta y aparece un comprador. No ha dado ni un solo detalle de si han existido contactos con inversores nacionales o internacionales. Tampoco el Ministerio de Industria ha insinuado la posibilidad de exigirle a Alcoa una salida, como hizo el Gobierno italiano con su planta de Portovesme, hoy en funcionamiento gracias a la entrada de la suiza Sider Alloys, como avanzó este periódico el pasado 28 de octubre. La única respuesta del Gobierno español vino de la mano de otra ministra, la de Trabajo: «No vamos a nacionalizar Alcoa, no estamos en un régimen comunista». Italia tampoco, pero hoy tiene una planta que dará empleo a 375 trabajadores cuando esté a pleno rendimiento y en la que Alcoa aporta 20 millones de euros de los 135 previstos como inversión. Por otro lado, el Gobierno de Pedro Sánchez, su ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, es la única responsable del endurecimiento de la subasta eléctrica, suprimiendo cuatro bloques de 45 megavatios, que dieron como resultado un «desastre» para las grandes compañías electrointensivas, entre las que figura Alcoa. (Producir una tonelada de aluminio necesita cuatro veces más de energía que una de zinc y seis veces más que una de acero. Y supone el 40 por ciento del coste de su actividad).

Política e informe

Por lo tanto, es el Gobierno central el que debe ponerse al frente del problema y buscar soluciones urgentes que a lo mejor pasan por pararle los pies a la dirección de Alcoa y por salir al mundo a buscar un inversor fiable.

Dicho esto, se observa casi en las últimas horas unas ganas enormes por parte de los partidos políticos, de izquierda a derecha, de empezar el espectáculo de las acusaciones, las culpas y el exhibicionismo individual. Justo lo que necesita Alcoa para sus propósitos. Lo siguiente sería buscar el enfrentamiento de Galicia y Asturias (no hay que olvidar que Galicia tiene que velar por el futuro de San Ciprián y van a llegar momentos de desesperación), y entonces los trabajadores ya podrían empezar a temblar definitivamente. En este sentido hay que pedirle expresamente al PP un poco de prudencia cuando carga contra el Gobierno socialista, que lleva en la Moncloa siete meses, olvidándose de que fueron gobiernos del PP los que vendieron o casi regalaron la empresa pública Inespal a Alcoa, le facilitaron una tarifa eléctrica especial durante catorce años y cuando hace cuatro Alcoa ya intentó el cierre de las dos plantas no se tiene constancia de que el Gobierno de Rajoy moviera un dedo para reconducir la situación. Así que la política en este caso debería asomar para ayudar y resolver, no para servir a intereses partidistas, algunos tan ridículos como los que se vieron ayer en la Plaza de España, en donde la parte institucional estaba cubierta con la alcaldesa de Avilés, que es la que representa a toda la ciudad.

Alcoa pide en su contraoferta mantener las cubas de electrolisis en stand by, lo que se conoce técnicamente como ‘cubas sobre metal’, de forma que permanezcan ‘durmientes’ hasta el 30 de junio para un posterior arranque si fuera necesario. No es nada nuevo para los trabajadores de Avilés, de hecho ahora mismo el 33 por ciento aproximadamente de esas cubas están en esa situación. Ya se hizo en 2010, tras las inundaciones del mes de junio, y en 2012 cuando la producción quedó reducida al cincuenta por ciento.

Pero a partir de ahí, si en junio se produce la desconexión definitiva, todo el mundo sabe que volver a la actividad equivaldría a partir casi de cero. Hay que recordar que en 1987 la planta de San Ciprián quedó paralizada como consecuencia del conflicto surgido tras el embarrancamiento en la costa de Fisterra del buque Casón, cargado con 1.100 toneladas de productos tóxicos –murieron 23 de sus 31 tripulantes– , y poner en marcha de nuevo las series de electrolisis costó seis meses de trabajo, una inversión de 16.000 millones de pesetas y el despido histórico de los trece miembros del comité de empresa y de 111 trabajadores más.

Por otro lado, el Gobierno español haría bien en llamar a la puerta de la Unión Europea para denunciar una vez más que éste de Alcoa y del aluminio es un problema global que necesita soluciones globales y que la más perjudicada sigue siendo la UE. La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) daba a conocer el pasado martes un informe en el que expresaba su preocupación por el exceso de capacidad global del aluminio provocado por «fuerzas ajenas al mercado». En el informe se destaca cómo China lo ha cambiado todo en los últimos años hasta convertirse en líder de la producción, pero contando con todas las ayudas estatales posibles, lo que ha provocado una producción sin precedentes, una depreciación de los precios y un riesgo real de poner en peligro la viabilidad de los productores en todo el mundo. La denuncia de las ayudas financieras por parte de los bancos públicos a las empresas chinas (ayudas prohibidas expresamente por la UE, que en su día hasta denunció a España por la ‘acción de oro’ en la privatización de las empresas públicas) se extiende también a los países del Consejo de Cooperación del Golfo: Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Banhrein y Oman.

Mientras tanto, Alcoa sigue redoblando su apuesta por su planta de Arabia Saudí y la ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, insiste en convertir a España en la adelantada de Europa de la economía verde sin haber hecho el cálculo de cuántos miles de empleos de la industria se van a quedar por el camino.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 13 de enero de 2019

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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