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José María Urbano

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TINI ERA FELIZ EN AVILÉS

El compromiso de Vicente Álvarez Areces con la ciudad lo vio recompensado en los últimos años con el afecto y el cariño que aquí encontraba

Nunca en la historia moderna de esta región el fallecimiento de una persona había suscitado tantas muestras de condolencia y cariño a la vez como se ha visto desde el jueves a la hora de enfrentarse al inesperado e impactante fallecimiento de Vicente Álvarez Areces, el eterno alcalde de Gijón, el presidente del Principado que tuvo desde el primer momento en su cabeza el diseño de las políticas que se debían aplicar, el eterno luchador por las libertades y el bien común desde bien joven, aunque pagara con la cárcel por ello. En definitiva, para muchos, el mejor político de Asturias en democracia. Es lógico que la mayoría de los testimonios hayan partido de personas que le conocieron como alcalde gijonés y también como presidente del Gobierno regional. En ambos casos, su huella permanecerá para siempre por la importancia de su legado tras doce años en cada puesto.

Posiblemente por eso es menos conocida en Gijón y en Asturias su relación con Avilés, aunque en las páginas de este periódico obtuviera el reconocimiento que se merecía mucho antes de que ni siquiera nos pudiéramos imaginar su desaparición en un momento en el que se encontraba en plenitud, tanto personal como política.

Tini Areces fue feliz en Avilés. En los últimos años encontró aquí el calor y el cariño que él empezaba a notar menos intenso en otros lugares. Y aquí fue objeto de diversos homenajes, empezando por su propio partido, en agradecimiento a todo lo que prometió y llevó a cabo en esta ciudad. Habría que buscar los antecedentes en el año 1999, el último de su mandato como alcalde de Gijón y el primero como candidato y luego presidente del Principado. El socialismo gijonés y el avilesino se habían unido en aquel sector renovador que aspiraba a modernizar el partido frente a una estructura monolítica que representaba el socialismo de las cuencas mineras, gracias al incuestionable poder que atesoraban los sindicatos mineros, y más en concreto el SOMA de José Ángel Fernández Villa.

Avilés había sufrido ya para entonces la madre de todas las crisis como consecuencia de las reconversiones industriales, sin que nadie atisbara una salida. Se hicieron intentos muy loables, como aquel Avilés 2000 en el que participaron todos los agentes políticos, sociales y económicos de la ciudad y que fue el embrión del posterior dibujo de la nueva ciudad que se pretendía. Y es ahí donde empieza la presencia de Tini Areces. Primero, convenciendo a Santiago Rodríguez Vega para que aceptara ser el candidato a la alcaldía. Más tarde, manteniendo un sinfín de reuniones con las personas que en aquel momento empezaban a liderar el PSOE avilesino, entre ellas el propio Rodríguez Vega, Álvaro Álvarez o Mariví Monteserín, entre otros, con Manolo Ponga en el puerto algo más tarde. En aquellas reuniones, Tini Areces no paraba de tomar notas y escuchar mucho. Al final de cada sesión era capaz de tener un dibujo sobre lo que se necesitaba y lo que se debía de hacer. Y ahí se inició su compromiso. Así lo recuerdan hoy sus cercanos.

En abril de 1999 lo declaró públicamente a través de una entrevista concedida a LA VOZ DE AVILÉS: «Ha llegado el momento de Avilés», me confesó en un largo encuentro mantenido en su despacho gijonés, poco antes de que me explicara a continuación el dibujo de todas las políticas transversales que se iba a encargar de aplicar en Asturias en caso de que ganara las elecciones a la presidencia del Principado, como así ocurrió: infraestructuras, sanidad, educación, cultura, medio ambiente, industria, I+D+I, modernización…

Ese día capté la que a mi modo de ver siempre fue su mayor mérito: el de poner toda su capacidad, su indudable empuje, al servicio de una estrategia global en la que demostraba siempre su habilidad para ir encajando las piezas como si de un puzzle se tratara. Cualquier logro era importante por sí mismo, ya fuera un nuevo centro de salud o una carretera, pero todo tenía un sentido general, todo formaba parte de la idea central de hacer progresar a los territorios y lograr el mayor bienestar posible de las personas.

En 2001 se subió al escenario de la Casa de Cultura para participar en la presentación del Avance del PGOU y pronunció un discurso en el que nos mostró un lenguaje nuevo: competitividad, I+D+I, nuevas tecnologías, recuperación urbanística, saneamiento de la ría, cultura, casco histórico… Y un anuncio solemne: «el Principado se compromete con este plan desde  el primer momento». Poco después, el Ejecutivo regional concedía una subvención de cuarenta millones de pesetas para el desarrollo de ese plan general, diez más para el del casco histórico, y poco después otros veinticinco para la difusión del documento que había redactado el equipo del arquitecto Eduardo Leira.

Cuando empezaron a ponerse en marcha las primeras propuestas de aquel plan, y ante la negativa inicial del Gobierno central a participar económicamente, Vicente Álvarez Areces anunció su compromiso de afrontar en solitario la limpieza de los lodos de la ría. Mil millones de pesetas. Posiblemente, la obra más emblemática para empezar a vislumbrar el nuevo Avilés.

Y a partir de ahí, una serie de decisiones que empezaban a configurar el diseño del futuro que se quería conseguir. De una decisión casi personal de Tini Areces surge la idea de abrir el Centro Tecnológico del Acero y de los Materiales Metálicos, adjudicando al ITMA su gestión. En 2007, el presidente del Principado se reúne con el nuevo propietario de Arcelor, Lakshmi Mittal, y de aquel contacto surge un convenio de colaboración en I+D por importe de 100 millones de euros, repartidos al cincuenta por ciento, convenio que favorece sobre todo el Centro de Desarrollo Tecnológico de la compañía siderúrgica en la avenida de Gijón.

Y de aquellas dos decisiones parte la realidad de hoy: la Manzana del Acero, un proyecto único en el mundo al contar con una planta de siderurgia integral a escala, un centro de ArcelorMittal que es referencia en el mundo, y un Parque Tecnológico Isla de la Innovación que aspira a profundizar en las nuevas tecnologías y sectores.

De Areces surgió una decisión personal de adjudicar el proyecto del Centro Niemeyer a Avilés, con todo el significado de esa inversión para esta ciudad. Avilés hoy, gracias a ese empuje del que fuera presidente del Gobierno regional entre 1999 y 2011, cuenta con proyectos como el de la Escuela de Arte y la recuperación del Palacio de Camposagrado; la Escuela del Deporte; nuevos centros de salud; la residencia de mayores de Los Canapés; viviendas sociales; convenio para la culminación de todas las instalaciones del polideportivo del Quirinal; apoyo a las políticas urbanísticas en los barrios y en la peatonalización del casco histórico; un cambio radical en el entorno de la ría, ganada para el disfrute de los ciudadanos… Seguramente hubiese querido hacer más y no lo logró, entre otras cosas porque la mayor crisis financiera y económica vivida en el mundo tras el crack de 1929 frustró nuevos proyectos y paralizó otros, como sucedió en todo el país a partir de 2008.

Y junto al impulso dado a tantos proyectos que beneficiaron a la ciudad, Tini Areces también desplegó en Avilés su bonhomía y su cercanía con todo el mundo. Lo atestiguan cientos o miles de personas, decenas de empresarios o entidades de todo tipo que siempre encontraron en él receptividad para sus planteamientos.

Y sintieron también ese apoyo sus compañeros de partido en un tiempo en el que esta ciudad se veía relegada de forma constante ante el empuje y el impulso de Oviedo y Gijón e incluso las cuencas, y comprobaban que en Avilés, en la calle, se criticaba su alineamiento con el sector renovador del socialismo asturiano y no con el que «mandaba» en Asturias. Hasta que llegó Tini y no cejó ni un segundo en su propósito de que se sintieran y se comprobaran los efectos de su mensaje de 1999: «Ha llegado la hora de Avilés».

Tini Areces nos acaba de dejar su inolvidable legado. Pero quizás el más importante lo transmitió el pasado martes en su comparecencia en la Junta: «La democracia tiene que avanzar en el interés general. Tenemos que intentar avanzar en conseguir acuerdos, no vale solamente la discrepancia, no vale el objetivo de cómo lesionar al contrario, cómo articular solo la política en base a destrozar al contrario. Hay que articular la política en base a los acuerdos y a los consensos para alcanzar aquello que necesitan los ciudadanos. He hecho eso toda mi vida».

Tini Areces, irrepetible, inolvidable. Desde Avilés, gracias.

 

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el día 20 de enero de 2019

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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