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José María Urbano

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YO IRÍA A PARÍS

El presidente del Principado debería preguntar a la dirección mundial de Saint-Gobain por sus planes en Avilés antes de que se repita un ‘Alcoa II’.

Si yo fuera presidente del Principado viajaría a París de forma urgente, antes de que en unas semanas acabara su mandato y, a lo que parece, inicie su retiro de la política. Y su misión no sería menor. Si la ministra de Industria intentó, sin conseguirlo, que la recibieran en la sede central de Alcoa en Pittsburgh, Estados Unidos, para preguntar al máximo responsable de la multinacional norteamericana del aluminio qué es lo que se proponía con las plantas de Avilés y Coruña y a ver si había alguna posibilidad de arreglo, Javier Fernández debería intentarlo con el máximo responsable de Saint-Gobain, a ver si con un poco de suerte llega a tiempo para evitar en Asturias un ‘Alcoa II’.

Como supongo que no estará entre sus planes –una iniciativa de este calado ya habría trascendido de haberse llevado a cabo o simplemente de haberse planteado–, yo animaría al presidente del Principado a que no me hiciera caso a mí, pese a que llevo no menos de dos años denunciando los riesgos de una nueva deslocalización silenciosa en la planta de Avilés de Saint-Gobain. Insisto, que no me haga caso a mí, que a fin de cuentas formo parte de la canallesca, y ya se sabe, pero que se lo haga a la propia empresa cuando confirma, de la ‘a’ a la ‘z’, más o menos lo que aquí se viene escribiendo desde hace tiempo: que el futuro de la compañía en Avilés está, como mínimo, bajo sospecha.

En el año 2008, el 3 de julio, José Antonio Piqueras, en aquel momento responsable del centro de la multinacional francesa en Avilés, recogió el premio concedido por LA VOZ DE AVILÉS a la Iniciativa Empresarial a una compañía que el 12 de marzo de aquel año había perdido en un accidente nada menos que el horno float, o lo que es lo mismo, el corazón de un fabricante de vidrio. En un ejercicio de responsabilidad y apuesta de futuro anunció de inmediato su disposición a reconstruir un horno nuevo, asegurando así la continuidad de la actividad de una empresa que se instaló en Avilés en 1952. Los arijanos llegaron a esta ciudad procedentes de su pueblo burgalés para dejar aquí su sabiduría sobre el negocio del vidrio y hasta el día de hoy han ido aportando a la organización gala un elevado número de técnicos y directivos de primer nivel, mientras su plantilla sigue demostrando cada día sus habilidades y el conocimiento transmitido de padres a hijos.

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Pues bien, el mismo José Antonio Piqueras, en este momento director general de Sekurit de España, Portugal, Marruecos, Argelia y Túnez, acaba de confirmar lo que ya sabíamos: que la fábrica de Marruecos es una apuesta firme de Saint-Gobain en detrimento de la de Avilés, cuyo futuro empieza a estar lleno de sombras. La sociedad francesa se volcó con el emplazamiento de Kenitra (Marruecos), inaugurado en 2014, con una planta dotada con los últimos avances tecnológicos y que curiosamente puso en marcha con técnicos y trabajadores de Avilés. De un lado, abría un nuevo centro de producción al lado de empresas del automóvil que como Renault habían optado por establecerse en la zona, ante la llamada de un despertar económico del Norte de África, pero también ante una perspectiva de costes que nada tenían que ver con los de Europa: pagar 400 euros al mes por 80 horas semanales era, es, un reclamo demasiado apetitoso como para dejarlo pasar de largo, a lo que hay que unir normativas poco o nada severas respecto a las férreas exigencias europeas sobre el cambio climático y las emisiones de CO2.

Al principio, y de esto hace ya algo más de cuatro años, se pensó que Marruecos no iba a suponer una competencia clara respecto a la planta de Avilés, simplemente porque en el centro de Kenitra no eran capaces, ni lo son todavía ahora, de ofrecer los altísimos estándares de calidad que ofrece la plantilla de La Maruca. Pero empezaron a llegar los mensajes: «Será cuestión de tiempo, ya aprenderán».

Estamos en 2019. Y las alarmas ya ensordecen. Saint-Gobain puso en marcha el pasado uno de enero una nueva organización interna a nivel global en la que cada emplazamiento debe responder por sí mismo. Y el de Avilés no sale bien parado. De la noche a la mañana se observa que los ‘lanzamientos’ –las primeras pruebas de los nuevos pedidos del sector del automóvil, cada vez más exigentes–, ya no pasan por aquí, como sucedía hasta ahora, tras ser durante muchos años el referente de calidad. Además, en las últimas semanas, las movilizaciones de los trabajadores por una serie de reiterados incumplimientos del convenio, han venido a demostrar que la dirección de la compañía francesa no parece estar por la labor de mejorar las relaciones laborales, más bien todo lo contrario.

Pues bien, hecho el resumen de situación, vayamos a la declaración que acaba de hacer José Antonio Piqueras en su cuenta de Facebook. Acompañado de un mapa de Google Maps, titulado ‘viajando de Casablanca a Kenitra’, dice textualmente: «Lo que es la vida: el futuro industrial de España está aquí. Más de uno debería reflexionar». Piqueras es un directivo que pisa fuerte. Solo así se puede entender la definición-presentación que hace de sí mismo en el perfil de la red social ya mentada: «Español de derechas. Es decir, culto».

El problema es que, independientemente de que muchos no seamos tan cultos como él –decir que el futuro de la industria española está en África también es de nota– lo que nos debe preocupar es que Saint-Gobain ha podido iniciar lo que en estas mismas páginas también denunciamos sobre Alcoa: una deslocalización silenciosa. En este caso, se renuncia ya a los ‘lanzamientos’ –se van a otros emplazamientos europeos–, se deja que la competencia se sitúe en Marruecos –los pelos que llegan ahora en los parabrisas ya desaparecerán algún día– y cuando nos demos cuenta habremos cambiado una plantilla estable, bien pagada, por otra con sueldos y condiciones de miseria. Lo de la responsabilidad social corporativa si eso ya lo justificamos con un cheque de ¡¡¡1.400 euros!!! para un premio de dibujo en cualquier ciudad española en la que tengamos más o menos presencia, como hizo esta compañía en diciembre del año pasado con la Asociación de Familias de Personas con Parálisis Cerebral, en Vigo. Otro lavado de cara.

Javier Fernández, si yo fuera presidente, debería ir a París, a la Avenue d’Alsace, en el barrio financiero y de negocios de La Défense, en donde en su número 18 se encuentra la sede de Saint-Gobain. Y pediría una entrevista con Pierre-André de Chalender, presidente y CEO de la multinacional francesa. Y me presentaría con la fuerza moral de ser presidente de una comunidad autónoma que durante 67 años ha dado cobertura, ha ayudado y arropado a su planta de Avilés, incluso ha callado cuando un buen día, también desde París, se decidió cerrar el centro de I+D+i (el famoso y añorado CIDA), que era una de las señas de identidad de Saint-Gobain Asturias en el mundo. Y le pediría que me dijera la verdad. Si su empresa va a seguir apostando por Avilés o si debemos estar preparados para todo. Cualquier cosa antes de pasar otra vez por la humillación a la que nos tiene sometidos en este pueblo y en esta región otra multinacional, esta norteamericana, de nombre Alcoa, una vez que descubrió que podía ganar más dinero en otra parte.

Publicado el 21 de abril de 2019 en El Comercio-La Voz de Avilés

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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