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José María Urbano

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INDUSTRIA CULTURAL

La propuesta de museos en Avilés por parte de algunos partidos contrasta con el olvido y el desconocimiento del desaparecido Museo Alfercam, único en su género en Europa.

El próximo viernes día 31 se cumplirán seis años del cierre del que, al decir de los estudiosos, posiblemente fuera el mejor museo de instrumentos musicales étnicos de Europa, complementado con otro de automoción dedicado a autos clásicos y motos, también de un gran valor.

El mandato municipal que hoy se cierra con las elecciones locales ha sido pródigo en peticiones de apertura de nuevos museos en Avilés por parte de algunos grupos de la oposición. Peticiones que no han pasado del mero enunciado porque ya se sabe que desde la política cabe esperar poco de proyectos que casi nunca van acompañados de la memoria económica correspondiente. Es decir, presupuesto, financiación, coste de mantenimiento y finalmente, y máxime cuando se habla de los exiguos presupuestos de los ayuntamientos, partida a la que será asignado cada proyecto e incluso la partida de la que se va a detraer el dinero, salvo que se cuente con una financiación externa.

En estos cuatro años nadie ha hablado de la posibilidad de una colaboración público-privada. Bien al contrario, se ha apelado de forma continua al presupuesto público en exclusiva para sostener equipamientos como el Centro Niemeyer, por ejemplo. Desde luego, una visión alejada de la realidad de los museos en nuestro país, en donde las aportaciones privadas no solo son habituales, sino que se buscan de continuo salvo alguna excepción.

Uno ignora si por ese motivo o simplemente por desconocimiento de lo que existe en esta ciudad es por lo que nadie en los últimos seis años se ha preocupado por saber qué estaba sucediendo con el Museo Alfercam y si merecería la pena estudiar su reapertura para ponerlo al servicio de la ciudad como uno de los reclamos turísticos más interesantes que podría ofrecer Avilés. ¿Cuántas ciudades de 80.000 habitantes ofrecen el mejor museo de Europa en alguna de las disciplinas de la cultura?

El Museo Alfercam, situado en el Quirinal, fue fruto del trabajo y de la ilusión de dos hermanos, Alfredo y Fernando Campelo, que quisieron dar rienda suelta a sus respectivas aficiones. Los dos abrieron el museo en 2006, aproximadamente en un local de mil metros perfectamente acondicionado, contando incluso con una pequeña sala para exposiciones o presentaciones y una tienda de música y recuerdos. El primero consiguió que en las diferentes salas se expusieran 442 instrumentos musicales étnicos, adquiridos en los cinco continentes, perfectamente expuestos, con pantallas interactivas en donde se ofrecía información detallada de cada uno de ellos y la posibilidad de poder escuchar su música. El segundo hermano había conseguido exponer 35 autos y motos antiguas, con algunas piezas realmente curiosas y de gran valor que explicaban la evolución del motor.

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Los dos hermanos abrieron el museo sin contar, y sin pedir, ayuda alguna, y lo hicieron como una aportación personal a su ciudad aprovechando que las cosas les iban bien en su empresa, dedicada a la construcción. La crisis de 2008, que afectó precisamente de forma muy negativa en ese sector, obligó a cerrar el museo, que reabrió en 2010 y que cerraría definitivamente el 31 de mayo de 2012. El Museo Alfercam, hoy, se puede dar ya por clausurado.

¿Por qué Avilés debe perder un equipamiento que podría haberse convertido en un reclamo extraordinario a todos los niveles, desde el escolar en todo Asturias, al de figurar como una oferta museística de primer nivel cuando, hay que insistir en ello, se dijo en su día que posiblemente fuera único en Europa?

El pasado día 30 de abril, el Museo del Prado era distinguido con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades al cumplirse el bicentenario de su creación para, gracias a las donaciones y legados que se fueron uniendo a las colecciones reales, el Museo de la Trinidad y las compras del Estado, convertirse en lo que es hoy: una de las pinacotecas más importantes del mundo.

No quisiera insistir hoy en lo que se ha repetido en bastantes ocasiones en esta sección dominical sobre la importancia de tener claro el concepto de cultura como un derecho inalienable de los ciudadanos, pero es indudable que cada día está más clara la apuesta de ciudades, regiones y países enteros por el valor económico que puede y debe aportar la cultura. En el análisis ‘Cultura y economía de la ciudad de Madrid’, se señala expresamente que «la cultura y todas las actividades que se desarrollan en su entorno son percibidas, de manera cada vez más evidente, como factores esenciales para la competitividad urbana y para la atracción de empresas, trabajadores cualificados y actividades de elevado valor añadido para las ciudades».

El Museo del Prado, aparte de ser, que lo es, un templo para el alimento del espíritu, como gusta decir aquí en el entorno directivo del Centro Niemeyer, tuvo el año pasado 2,8 millones de visitas, mientras que por el Paseo del Arte de Madrid, integrado por el Prado, Reina Sofía y Thyssen, además de Caixaforum, pasaron 8,2 millones de personas.

El Prado, para algunos el mejor museo de pintura del mundo y uno de los activos más importantes de la ‘Marca España’ en todo el planeta, se financia solo con un treinta por ciento de dinero público, mientras que su presupuesto se cubre con las entradas, el apoyo de la sociedad civil a través de los 35.000 Amigos del Museo (la tarifa de joven es de 25 euros al año, la familiar, 120, la de mecenas, 350 y la de los miembros de honor, 1.000 euros, todos ellos con los beneficios fiscales correspondientes), la celebración de eventos de empresas privadas y benefactores de grandes compañías o grupos empresariales.

Nada nuevo. El Louvre, por ejemplo, se reparte al cincuenta por ciento el apoyo público/privado. Sabemos lo que sucede en el Guggenheim o en el Centro Botín, por referirnos a algo cercano. Ayer mismo, el equipamiento de Santander anunciaba una nueva exposición para el 29 de junio que va a ser patrocinada por la compañía eléctrica Viesgo, que además es socio estratégico.

Según el último informe de la Unesco, las industrias culturales y creativas generan cada año 2,25 billones de dólares, lo que supone el 3% del PIB mundial, y dan empleo a 29,5 millones de personas (1% de la población activa del mundo). Los ingresos de las industrias culturales y creativas superan a los de los servicios de telecomunicaciones y suponen más puestos de trabajo que los de la industria automovilística de Europa, Japón y Estados Unidos en su conjunto (29,5 millones de empleos frente a 25 millones).

No parece por lo tanto que haya dudas sobre el valor de la industria de la cultura, ni tampoco sobre las fórmulas que se aplican en todo el mundo para que los proyectos salgan adelante y tengan asegurada su viabilidad futura. Por eso, tener que certificar hoy la desaparición del Museo Alfercam no nos deja en muy buen lugar como ciudad, en donde ni siquiera hemos sabido aprovechar lo que nos dieron hecho y a coste cero. Hay palmadas en la espalda que consiguen más que cualquier apoyo económico.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 26 de mayo de 2019

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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