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José María Urbano

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LA INDUSTRIA, PROTAGONISTA

La situación de Alcoa y de ArcelorMittal en Asturias abre todas las interrogantes sobre la política de futuro del Gobierno de Pedro Sánchez

Es difícil en los últimos tiempos, casi imposible, hablar de industria en esta región, en esta comarca y no poder dejar a un lado esa sensación de inquietud permanente ante el futuro, ese del que dependen miles de puestos de trabajo y a la postre la prosperidad del propio territorio en el que se asienta esa industria.

Hay nubarrones, cerca y lejos, propios y provocados por situaciones globales de difícil control en ambos casos. Los últimos datos sobre la industria en Asturias nos indican que podemos entrar en un periodo de contracción tras unos años de buen comportamiento, de crecimientos sostenidos en actividad y empleo, como acaba de dibujar Guillermo Ulacia en la clausura de la asamblea de Femetal celebrada el viernes en Oviedo.

No se pueden lanzar mensajes optimistas cuando los trabajadores de Alcoa están protagonizando la ‘Marcha del aluminio’ camino de Madrid, como último recurso para que la venta de Alcoa asegure precisamente la viabilidad del negocio y del empleo. Y con todas las dudas encima de la mesa de negociación presidida por una compañía como Alcoa, que ha demostrado su deslealtad con su propia gente y con el territorio en el que ha estado asentada desde 1998 ganando cientos de millones de euros. Y un Gobierno que por un lado ofrece dudas sobre su apoyo a la industria electrointensiva, con una ministra de Transición Ecológica que apuesta por lo contrario, y por otro tiene pocas posibilidades de ofrecer una alternativa rompedora respecto al precio de la electricidad, con una Comisión Europea y una Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia siempre prestos a poner objeciones a medidas que pueden confundirse con ayudas estatales, expresamente prohibidas en el ámbito comunitario. Al menos esa es la sensación y lo que se vende en España. Luego veremos que no es exactamente así en Francia.

Por partes. Hay que felicitar a los sindicatos de Alcoa de Avilés porque siguen dando una lección de madurez. Sin renunciar a su vocación reivindicativa de forma permanente y contundente, se han sabido ganar el respeto y el apoyo de la opinión pública. A lo mejor no es casualidad que la totalidad de las ofertas que supuestamente se han interesado por la compra de las dos plantas apostaban por Avilés sin ninguna duda. Todo lo contrario de la de Coruña, descartada mayoritariamente. Allá cada cual con sus análisis. Me gustaría conocer las reacciones en Galicia si hubiese sido al revés.

 

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Al final Alcoa ha elegido. Extrañamente es la multinacional norteamericana sola la que decide en una operación en la que nadie debería olvidar las ‘ayudas’ que ha recibido con dinero público, se llame como se llame o se esconda bajo la fórmula que se quiera esa ayuda recibida desde 1998. El elegido para la compra es un fondo de inversión suizo, Parter Capital Group AG, que parte de dos premisas para hacerse cargo de los dos centros alumineros: plan a dos años, producción con hornos de refusión (empleo mínimo) y posible arranque de las cubas de electrolisis en el segundo semestre de 2020. Todo supeditado a un precio competitivo de la electricidad.

No hay porqué dudar de la fortaleza del fondo de inversión suizo, con una amplia experiencia en la adquisición de compañías de sectores tradicionales con un volumen de entre 20 y 300 millones de euros. Y no solo interesado en la financiación de los negocios, sino en la gestión de los mismos, como ha demostrado en las compañías que forman su cartera, pertenecientes a sectores como el de la electricidad-electrónica, automotriz, construcción, componentes, bienes de consumo, textiles y prendas de vestir. (Ver página 67). Está claro que podría ser un socio muy interesante si se le ganara como aliado, y no solo para Alcoa, sino para toda la región, y expresamente para esta ciudad y comarca.

El problema de fondo sigue siendo el mismo. El Gobierno de Pedro Sánchez sigue lanzando órdagos sobre su apuesta por la lucha contra el cambio climático y la transición ecológica, desarrollo de las nuevas tecnologías y justicia social. Lo ha repetido en España y hace unas horas en Malta, en la cumbre de los países del sur europeo. El problema es que en Alcoa hay en este preciso instante 317 empleos que salvar. Y que la empresa suiza que quiere sacar adelante un proyecto de futuro, con todos los trabajadores dentro, necesita una tarifa eléctrica competitiva. ¿Se la puede ofrecer España, se la va a asegurar este Gobierno? La respuesta es no.

1. El precio en España del megavatio es de 52 euros. En Francia, Liberty House ha conseguido para su planta de aluminio de Dunkerke (adquirida hace meses a Río Tinto) un precio de 32 euros/MW y encima ha firmado un contrato de amplio alcance, hasta 2025, algo que en España dicen que la UE lo prohíbe. 2. El estatuto de industrias electrointensivas, que este Gobierno no ha logrado aprobar por las reticencias de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que avisó de una posible impugnación por parte de la UE al considerarlo ayudas oficiales, ¿va a suponer, en caso de aprobarse, una rebaja de más allá de cinco euros por megavatio? No. Rotundamente no. 3. Las compensaciones por CO2 para las empresas, fijadas por la UE para cada país por encima de los 200 millones de euros, que podrían ser una buena ayuda para compañías como Alcoa o ArcelorMittal, se han quedado en 90 millones, según consta en la consignación presupuestaria española, pese a las declaraciones de políticas como Adriana Lastra de que ésta iba a ser un apoyo importante a las empresas. 4. La última subasta eléctrica fue un fracaso por las condiciones impuestas por la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. La próxima volverá a redoblar ese fracaso. Es más: es posible que se anule a continuación la subasta eléctrica para el futuro. Está encima de la mesa de la ministra. Con este panorama, ¿cuánto va a tardar el fondo suizo Parter Capital Group AG en darse cuenta de que no va a contar con una tarifa eléctrica competitiva si al final decide comprar las dos plantas de Alcoa?

Teresa Ribera, presentada por Pedro Sánchez como candidata a las más altas responsabilidades en el Gobierno español o en el de la Unión Europea, debería explicar las consecuencias de que la UE no adopte medidas urgentes y contundentes contra los terceros países que están inundando Europa de acero «sucio», ese que se produce sin tener en cuenta peajes medioambientales, ni laborales, ni económicos en sus plantillas y que en este momento están hundiendo el mercado europeo y llevando al límite a sus compañías.

Ribera debería explicar por qué en esta región, Asturias, nos disponemos a tener afectados a través de un expediente de regulación de empleo a 1.500 trabajadores de ArcelorMittal, empresa que va a parar un horno durante seis meses y que tiene ya a la acería LDIII –hasta el mes pasado al máximo de producción–, a un 40 por ciento en este momento. Mientras, seguimos esperando por las alternativas concretas hoy –porque nuestros problemas son inaplazables–, no las que sueña este Gobierno para el futuro.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 16 de junio de 2019

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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