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José María Urbano

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LAS BUENAS PERSONAS

Greg Ludkovsky, como Margarita Salas, nos enseña que detrás de los grandes proyectos de innovación siempre hay unos equipos unidos por la capacidad de un gran líder con una visión humanista de la vida.

El pasado miércoles me consideré una persona privilegiada al ser invitado expresamente a la investidura de Gregory Ludkovsky como doctor ‘honoris causa’ por la Universidad de Oviedo junto al filósofo Peter Burke. Sentado en el imponente escenario de la Biblioteca del Edificio Histórico de la Universidad, en San Francisco, recordé aquellas conferencias de Gustavo Bueno en los años setenta a las que asistíamos como estudiantes oyentes, más como un acto de rebeldía contra el sistema que de aprovechamiento de las enseñanzas del filósofo, a las que en muchas ocasiones no llegaban nuestros escasos conocimientos y capacidad de comprensión como nuevos universitarios. Recuerdo poco la esencia de aquellas iniciáticas charlas de Bueno, pero en cambio tengo grabadas las carreras, parque San Francisco arriba, por delante de los ‘grises’.

Por eso, el acto del miércoles me pareció extraordinario en todos los sentidos, con dos discursos, el de Burke y el de Ludkovsky, que fueron como un bálsamo para la vida, capaces de transmitir una serie de emociones y enseñanzas que quedarán ya para el recuerdo.

Mi invitación había llegado por la parte de Greg Ludkovsky, al que tuve la suerte de conocer en 2008, que es el año que marca el inicio del éxito rotundo de los centros de I+D+i de ArcelorMittal en Avilés. Además, ese mismo día por la tarde tuve la oportunidad de estar con él en un encuentro privado por espacio de casi una hora y definitivamente acabé la jornada absolutamente convencido –aunque no me quedaban muchas dudas al respecto– de que el éxito colectivo de un proyecto tan importante y apasionante como el que se lleva a cabo en Avilés siempre está sustentado en la categoría y en la fuerza de un líder.

Este ingeniero nacido hace setenta años en la Unión Soviética, vicepresidente de ArcelorMittal y responsable máximo de Global R&D (I+D Global) de la compañía siderúrgica, que llegó a Estados Unidos en 1979 y que en menos de un año ya fue capaz de presentar la primera de sus más de una docena de patentes, muchas de ellas utilizadas a día de hoy, descubrió que era más gratificante ser testigo de los éxitos de los colegas que trabajaban con él que los suyos propios. Y a partir de ahí se interesó cada vez más por esa dinámica de trabajo que lleva a las organizaciones y a las personas a alcanzar un alto nivel de desempeño y de éxito.

 

 

En uno de los centros de Avilés, el conocido como GRID, en la Avenida de Gijón, llama la atención un cartel bien visible con esta leyenda: «Somos buenas personas». Se trata, sin duda, de la primera señal del espíritu inculcado por Greg Ludkovsky, que lo impregna todo, en un proyecto que empezó hace apenas diez años con veinticuatro personas y que hoy supera ya las 300, con una previsión de llegar a las 1.000 en un plazo no demasiado largo, entre investigadores y tecnólogos propios y los que se vayan a sumar con las ‘startups’ que se vayan creando al calor de las investigaciones que se llevan a cabo en la actualidad.

Pero las consideraciones de Ludkovsky van más allá de las dirigidas a los principales protagonistas bajo su dirección, que no dejan de ser los empleados de sus centros de Asturias. Hay que escuchar sus recetas cuando habla de la urgencia de trasladar las claves de la innovación a la clase política, a los gobiernos; de la colaboración estrecha y permanente con la Universidad; y de la importancia de los medios de comunicación, de los periodistas –a los que recrimina un tanto veladamente, pero sin ahorrar un ápice de claridad, «porque a veces tratan estos asuntos de forma superficial, sin profundizar»–, que son claves en dos aspectos: el de la divulgación de todo lo que se está haciendo y el de la responsabilidad de explicar cuáles son las necesidades de estos centros para que los jóvenes puedan escoger mejor la formación más adecuada, ya sea en la Universidad o a través de la Formación Profesional.

Y es a partir de esa filosofía cuando llega el momento del relato técnico, el de explicar lo que significa Asturias para su organización, cuando señala que se ha convertido «en la parte inextricable de la I+D mundial que no solo mantiene en funcionamiento el mecanismo de vigilancia, sino que, de hecho, se adelanta a su tiempo: crea el tiempo de nuestro futuro». El vicepresidente de ArcelorMittal muestra su orgullo cuando habla de logros como el de la utilización de materiales de endurecimiento por presión que provoca un importante rediseño de la arquitectura estructural de los vehículos. El desarrollo e industrialización de una tecnología completamente nueva como la del ‘Depósito a chorro de vapor’, respetuoso con el medio ambiente, que conlleva una reducción de la generación de CO2. El anuncio de un nuevo proyecto, derivado del uso de una serie de herramientas de Inteligencia Artificial: el concepto de ‘Calidad predictiva’, o lo que es lo mismo, conocer la calidad del material antes de su producción. Y más todavía: predecir el tiempo y el modo de fallo hasta crear proactivamente un archivo CAD 3D totalmente optimizado, enviarlo a la fábrica de impresión 3D, producir la pieza y entregarla justo a tiempo a la instalación asignada. «¿No es realmente asombroso?», se pregunta Greg Ludkovsky. «Pero lo que es aún más sorprendente es que pudimos hacerlo aquí mismo, en Asturias, en menos de dos años», concluye.

Y muchas más aventuras, que por razones obvias no pueden ser comentadas, en temas como el del medio ambiente, en donde de nuevo los centros de Asturias construyen una experiencia mundial en emisiones difusas como polvo, SOx, NOx, dioxinas, así como la purificación y gestión del agua. Son solo unos mínimos ejemplos del extraordinario mundo que bulle entre las paredes de los dos centros de ArcelorMittal en Avilés, a los que hay que sumar lo que está realizando en la Manzana del Acero junto a Idonial, otro exponente de por dónde pasa el futuro de esta región. Su director gerente, Íñigo Felgueroso, y su presidente, Antonio López Guardado, también estuvieron, emocionados, en el acto de Oviedo.

Asturias, sus responsables políticos, la sociedad entera en general, debe estar orgullosa de contar con personas como Greg Ludkovsky, que une a su extraordinaria carrera técnica y científica, un sentido humanista de la vida que es el verdadero motor de proyectos como el que él lidera con ese grupo de personas a las que ha contagiado su entusiasmo.

Veinticuatro horas después del acto de la Universidad fallecía Margarita Salas, sin duda la científica más importante que ha tenido este país, otro ejemplo de sabiduría y humildad: «El equipo siempre está detrás», repetía. ¿Y cómo desearía que la recordaran?, le preguntaron. «Que siempre fui una persona honesta».

Aprovechemos para que Greg Ludkovsky, como antes Margarita Salas, nos emocione cada día con el ejemplo de las grandes personas y para que nos siga marcando el camino para ganar el futuro.

Publicado en El Comercio-La Voz de Avilés el 10 de noviembre de 2019

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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