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José María Urbano

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HISTORIA DE UN FRACASO

La terminal de Tudela Veguín en El Musel para el movimiento de clínker es el resultado de un proyecto de Avilés.

Los seres humanos en general estamos siempre dispuestos a aceptar nuestra responsabilidad cuando las cosas van bien, pero en cambio somos reacios a reconocer nuestros propios errores cuando algo se tuerce o simplemente nos conduce al fracaso. Y cuando ese fracaso es colectivo, que afecta a toda una ciudad, entonces la responsabilidad se diluye y ya nadie está dispuesto a asumir su parte alícuota en el mismo.

Algo así ha pasado esta semana cuando asistimos a la inauguración solemne el pasado lunes de la nueva terminal de El Musel estrenada por la Corporación Masaveu para el movimiento del clínker, el principal componente para su fábrica de cemento de Tudela Veguín. Visto desde Avilés, sin duda la ciudad menos localista de Asturias y nada digamos entre las de mayor población, se trata de una inversión que ha de ser bienvenida porque es buena para Asturias. 5,5 millones para levantar una nave de acopio y movimiento de clínker que favorece a El Musel y a una corporación industrial asturiana. Todos contentos.

Pero dicho esto, conviene contar la historia desde el principio y concluir que éste es un proyecto de Avilés que fracasó porque alguien lo torpedeó. La historia fue publicada por LA VOZ DE AVILÉS y hoy parece un buen día para recordarla.

Vayamos, como siempre, a los datos. Cementos La Unión, empresa valenciana, planteó en 2005 un proyecto para montar en Avilés, en terrenos portuarios, una fábrica de cemento que contaría con las últimas tecnologías para tratar de disminuir el impacto ambiental. La propuesta estuvo muy avanzada, hasta el punto de que autoridades y medios de comunicación fueron invitados a visitar las instalaciones de Cementos La Unión en Valencia, con el fin de que se hicieran una idea cabal de lo que se planteaba para Avilés.

El proyecto finalmente no salió adelante. El siguiente paso lo dio Tudela Veguín, empresa que aseguraría a partir de ese momento el movimiento del clínker por Avilés con un planteamiento nuevo, en el que se incluía además del compromiso de mantener la actividad en los muelles avilesinos, la construcción de una nave para eliminar en lo posible los impactos medioambientales.

El consejo de administración de la Autoridad Portuaria aprobó por unanimidad la concesión a Tudela Veguín de una parcela en el muelle Oeste de Raíces. Y lo hizo el 24 de octubre de 2006, siendo presidente Manuel Ponga y figurando como miembro del consejo Francisco Arias, en representación del Ayuntamiento de Castrillón.

El proyecto contemplaba la construcción de una nave de 14.300 metros cuadrados para el movimiento de clínker y escoria siderúrgica granulada. Se estipulaba que el tráfico mínimo para el puerto de Avilés sería de 527.000 toneladas, con una estimación de ingresos de 990.000 euros anuales. Más de medio millón de toneladas en un puerto que ronda todos los años los cinco millones era una buena cifra sin duda. Y de esa forma se cerraba, aparentemente, todo lo relacionado con el proyecto de la compañía valenciana, que desistió del intento.

Dos meses después, el 19 de diciembre de 2006, se otorga oficialmente la concesión del terreno portuario a Tudela Veguín, que a su vez pide ya al Ayuntamiento de Castrillón la licencia municipal para acometer la obra. Exactamente el día 16 de febrero de 2007.

Cuatro años después, el silencio administrativo del Ayuntamiento de Castrillón, es decir, para traducirlo, la falta de una respuesta oficial a esa petición de licencia, hace que Tudela Veguín presente el 27 de junio de 2011 su renuncia a seguir con el proyecto de la construcción de la nave, al no haber obtenido ninguna respuesta a su petición «por causas que no le son explicadas». Una renuncia que ese día acepta el consejo de administración de la Autoridad Portuaria en el transcurso de una reunión a la que casualmente no asistió la alcaldesa de Castrillón, Ángela Vallina, como miembro del consejo.

Fin de la historia. Esta semana, se inauguraba en El Musel la nueva terminal de Tudela Veguín para poder mover hasta un millón de toneladas de clínker y otros productos a través de una nave de acopio, seguramente un poco mayor que la que no le permitieron levantar en el puerto de Avilés.

Cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Quién sale perjudicado, por qué, quién se beneficia ahora, dónde queda el compromiso de la empresa con Avilés…

Ahora bien, es bueno que la ciudad sepa, y recuerde, quién es quién en esta historia, mientras nadie del Ayuntamiento de Castrillón, ni entonces ni ahora, haya dado la más mínima explicación de un silencio administrativo que se cargó de un plumazo un proyecto importante para el puerto y para la economía de Avilés y comarca. Por cierto, que no fue el único. Porque igual suerte corrió la licencia pedida en su día en el mismo Ayuntamiento por Alvargonzález para construir una nave de 4.000 metros cuadrados en terrenos portuarios para el almacenamiento de zinc. Y hablamos de Alvargonzález, la consignataria de buques más importante de las que operan en Avilés.

Por eso, desde la ciudad menos localista de Asturias –hay que volver a insistir en ello–, uno se pregunta hasta dónde piensa soportar el Ayuntamiento de Avilés, su Corporación, los desplantes permanentes de un Ayuntamiento de Castrillón gobernado por Izquierda Unida –que aprovecha su fuerza al utilizarse como entidad de peso en el Principado en los apoyos de IU al PSOE para que pueda gobernar más o menos cómodamente, como vuelve a suceder exactamente a día de hoy–. Sobran ejemplos: Asturiana de Zinc, Ronda Norte, intromisión en el pinchazo del Hospital San Agustín, delirante petición de explicaciones sobre el técnico de medio ambiente de la Mancomunidad de Turismo, deslealtad con esta misma mancomunidad…

Ignoro si nuestros responsables políticos han hecho un análisis profundo para acertar a ver determinados riesgos de futuro que existen de la mano de la política, que afectan a la ciudad de Asturias mejor situada para ganar el futuro de esta comunidad, aunque pueda parecer que algunos hacen esfuerzos por ignorarlo. Nuevo aviso.

Mientras, en Gijón, en El Musel, bien, gracias.

Homenaje

Ayer hubo lágrimas de emoción en el almuerzo celebrado en el San Fernando para homenajear a José Benito González, Benito el de Vallina, con motivo de su jubilación. A la dirección y a la plantilla de Embutidos Vallina se unió un grupo de amigos de Benito, que quisimos trasladarle la admiración y el cariño que le profesamos por ser un excelente profesional, un embajador de Avilés como pocos, y sobre todo una grandísima persona, un ‘cacho pan’ de los que ya no abundan. En la cantidad de abrazos que recibió estoy seguro que iban representados los de toda la ciudad.

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 25 de noviembre de 2019

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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