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José María Urbano

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El mismo error de siempre

El mundo no aprende de sus crisis. Los problemas globales provocan reacciones que solo fomentan el ‘sálvase quien pueda’ de cada país, como ya sucedió en 2008.

 

La anterior pandemia fue económica, se produjo en septiembre de 2008, el día 15 de aquel mes en el que la quiebra del gigante financiero Lehman Brothers puso patas arriba las economías mundiales y arruinó a personas y a empresas de una forma que todavía hoy no se ha podido recuperar, como bien sabemos en España.

Un año después, a finales del mes de septiembre de 2009, se celebró en Ginebra el Foro Público de la Organización Mundial de Comercio (OMC), bajo el lema ‘Problemas mundiales, soluciones mundiales. Hacia una mejor gobernanza mundial’. El secretario general del organismo delegado de la ONU, Pascal Lamy, señaló en su discurso que la fórmula enunciada para la celebración del foro sería el requisito imprescindible para conseguir una economía de mercado mundial justa, integradora, equitativa, robusta y sostenible. Al final de su discurso de apertura, Lamy advirtió del peligro de las pandemias, «más probables que nunca», como se había visto aquel mismo año con el virus G1N1, haciendo un llamamiento a las naciones para una colaboración mundial con el mundo científico.

Once años después, la pandemia llegó y esta vez sirvió para «cerrar» el mundo ante el contagio y la mortandad provocada por el COVID-19. Todo el planeta asiste horrorizado a las consecuencias en número de muertos y contagiados y constata que de nada sirvieron los avisos sobre la posibilidad de pandemias: nadie estaba preparado y a todo el mundo le pilló por sorpresa.
Cuando parece que lo peor del problema sanitario ha pasado, el mundo se enfrenta ahora a la otra pandemia, la económica. Y hay malas noticias. Las soluciones globales para problemas globales son ya en este momento un espejismo. Bien al contrario, los países empiezan a coincidir en que frente a un problema global que nos traslada como mínimo a la II Guerra Mundial, cada uno empieza a buscarse la vida internamente, vuelven los nacionalismos y proteccionismos y con ello se pone en riesgo no solo una salida más rápida y más contundente de la crisis, sino que atenta contra la gobernanza mundial y cuestiona proyectos como el de la Unión Europea.

Alemania, la primera
El ‘América first’ indeseable de un presidente alocado, soberbio y profundamente ignorante –en España ya le ha salido alguna mala imitadora– ha parecido prender en países de la Unión Europea. La primera de ellas Alemania, como siempre pendiente de que su negocio salga ganando. El Gobierno de Merkel tomó la decisión, al margen de todo el mundo, de salir al rescate de su compañía aérea, Lufthansa, a la que quiere salvar con una inyección de 10.000 millones de euros, entrando en su capital con un 25,1 por ciento.

Ante la sorpresa de la medida alemana, la Comisión Europea no tuvo más remedio que salir a los pocos días con una normativa sobre la posibilidad de que los Estados pudieran entrar en las empresas con ayudas económicas que hasta ahora estaban totalmente prohibidas. Y además encierra una trampa que sigue alimentando las desigualdades. Las economías de Alemania o Dinamarca, por ejemplo, tienen mucho margen presupuestario para acudir a esas ‘nacionalizaciones’, pero España e Italia no parten ni mucho menos de la misma situación, por lo que al final nos encontraremos con que la competencia alemana o danesa será brutal en un mercado único.

A partir de ese momento, se abre el ‘sálvese quien pueda’. La Francia del pragmático liberal Emmanuel Macron, el mismo que abogó en su día por fortalecer al máximo la UE, ha entonado su particular ‘Francia first’, haciendo un llamamiento para que las firmas francesas del automóvil se replieguen, cierren sus negocios fuera y vuelvan a producir en su país. El Grupo PSA (Peugeot, Citroen, DS y Opel) y Renault (Dacia y Alpine) cuentan con once plantas de fabricación en Francia y siete en España. Por su parte Nissan ya ha amenazado con cerrar su planta de Barcelona. Copia exacta del ‘modelo Trump’, cuando amenazó a compañías como General Motors.

Mientras tanto, la UE sigue dando pasos de gigante en su desprestigio cuando se muestra incapaz de poner de acuerdo a sus Estados miembros sobre algo tan elemental como iniciar juntos una desescalada en la apertura de fronteras del Espacio Schengen. La cuarentena impuesta por España a los viajeros que lleguen de fuera fue respondida de forma fulminante por Francia con idéntico requerimiento a los españoles. De nuevo, la falta de entendimiento entre países europeos en algo que afecta directamente a un sector clave en las economías como es el del turismo.

Pero la lista se hace interminable. La UE sigue sin aprobar dos meses después el ‘rescate’ a la enorme deuda de los Estados por efectos de la pandemia. Lejos de eso, se preocupa ahora de lanzar un adelanto de los plazos para la neutralidad climática. Los Emiratos Árabes Unidos prohíben la venta de chatarra a terceros países para atender a sus plantas siderúrgicas. Trump ‘negocia’ con laboratorios europeos para quedarse con la vacuna contra el virus y reabre la guerra comercial con China. Y nadie descarta que China aparezca en los próximos meses al ‘rescate’ de países enteros y empresas imponiendo su capacidad financiera.

El sistema multilateral de comercio basado en normas contra el proteccionismo que debería imperar, da paso a las ‘recetas internas’ de cada país, lo que nos lleva a concluir que el mundo, seguramente la condición humana, no tiene remedio ni ante el mayor desastre en un siglo.

 

Publicado en El Comercio-La Voz de Avilés el 17 de mayo de 2020

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. ExJefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. Hoy jubilado y columnista de este periódico. El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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