Los tiempos de la Justicia echan otro jarro de agua fría a un proceso que el Gobierno central ignora en Asturias.
Cada día que pasa se presenta con una mayor claridad el desastre que se avecina para las plantas de Alu Ibérica, ex Alcoa, de Avilés y Coruña, a menos de seis meses de que cientos de trabajadores se queden no sin trabajo, que eso ya sucede ahora y desde hace tiempo, sino sin empleo. Será el resultado de una serie de circunstancias adversas, incluso de una cierta negligencia, por no haber parado a tiempo el escapismo de la multinacional norteamericana y las irregularidades detectadas en el proceso de selección de un nuevo propietario, que desembocaron en las ilegalidades denunciadas por la propia Alcoa en el cumplimiento del convenio de venta de las dos fábricas al fondo de inversión –¿fondo buitre?– Parter Capital.
A ello hay que añadir el consentimiento del Gobierno, de su Ministerio de Industria, que vieron en la elección de Parter Capital una buena fórmula, aunque fuera temporal, para anunciar que se había encontrado una solución al problema planteado por la compañía norteamericana tras anunciar su marcha. Más tarde, cuando se comprobó que hasta Alcoa se dio cuenta de que Parter Capital no había jugado limpio –al tercer día hábil de haber firmado el acuerdo con Alcoa ya contactó con Riesgo para hacer negocio–, el mismo ministerio no fue capaz de denunciar en los tribunales un proceso que previamente había contado con su bendición y visto bueno.
Han sido los comités de empresa de Avilés y Coruña los que decidieron, tarde, presentar la correspondiente denuncia en vista de la dejadez del propio Gobierno, que debería haber sido el garante del éxito de la operación. La demanda sindical ha llegado a la Audiencia Nacional y la primera resolución ha supuesto echar un jarro de agua fría sobre las expectativas que se habían creado. No porque no parezcan claras y ajustadas las acusaciones sobre el actual propietario, Grupo Industrial Riesgo, incapaz de cumplir ni una sola de sus promesas, sino porque con los tiempos de la Justicia hemos topado.
Como una nueva prueba de la trapacería existente en este proceso que va de Alcoa a Riesgo, resulta que se ha detectado la existencia de hasta una veintena larga de empresas pantalla involucradas en esa operación, por lo que la Audiencia Nacional decidió suspender el juicio que se tenía que haber celebrado este jueves pasado, día 4, y aplazarlo al 20 de mayo en vista de que no se había podido localizar a alguna de esas sociedades pantalla.
Si tenemos en cuenta que el juicio se celebrará el 20 de mayo –si no surgen más ‘contratiempos’–, que la sentencia puede tardar dos o tres meses y que a continuación habrá posibilidad de recurrirla, nos encontraremos con que se habrá sobrepasado con amplitud la fecha del 31 de julio, que es cuando se cumplen los dos años de plazo que Alcoa, Parter Capital y Riesgo firmaron para mantener el empleo. A partir de esa fecha puede pasar de todo, aunque seguramente tendrá que ver más con el «coge el dinero y corre» que con cualquier propuesta seria que persiga el mantenimiento del negocio y con él el de asegurar el futuro de las plantillas.
Una vez más, la lentitud de la Justicia en sus procedimientos beneficiará en este caso a quienes han cometido seguramente una irregularidad o una ilegalidad, con lo cual el daño a terceros será tan inevitable como irreparable.
Si el Gobierno, su Ministerio de Industria, hubiese obligado a Alcoa a presentarse en los juzgados para demandar a Parter por incumplimiento grave del convenio firmado, a estas horas estaríamos hablando de otras cosas más relacionadas con la búsqueda de soluciones para los procesos productivos y desde luego se habría evitado la irrupción en el escenario de un grupo fantasmal industrialmente hablando como es el Grupo Riesgo.
En el caso del Gobierno regional hay que reconocer en primer lugar que su participación fue desde el primer momento la de mero acompañante en un proceso liderado en exclusiva por el Ejecutivo de Madrid. Más tarde, cuando se vio el engaño de la operación por parte de Alcoa y Parter, hay que reconocerle también al Gobierno de Barbón que se posicionara en contra del Grupo Riesgo desde el primer momento, denunciando además su actuación de una forma rotunda.
Dicho lo anterior, hay una tercera conclusión: el escaso poder de influencia del Principado ante el Gobierno de Madrid –como estamos viendo en otros casos, como el del estatuto de las electrointensivas–. Tuvo que surgir el problema de Alcoa en su emplazamiento de San Ciprián (Lugo) para que Madrid se pusiera firme ante la Xunta de Galicia y su presidente Feijóo, constatando así que Asturias, con un gobierno socialista igual que en Madrid, pinta poco para este Consejo de Ministros formado por el PSOE, Podemos e Izquierda Unida (sí, tampoco deberíamos olvidar a IU en este caso, ahora que se ha erigido poco menos que en el adalid de la industria asturiana).
Y tampoco nos engañemos: la Alianza por la Industria, que está muy bien como ejercicio de análisis y propuestas de todo el entramado político, económico y social asturiano –salvo Podemos, que siempre tiene una excusa a mano aunque parta de premisas falsas– depende única y casi exclusivamente de decisiones que solo corresponden a Madrid. Y ya vemos que los resultados son hasta ahora desalentadores. Ralentizada la vía de los tribunales, ignorada hasta ahora en buena medida la capacidad de influencia del Gobierno regional en Moncloa, constatado que los acuerdos de una iniciativa más como la Alianza por la Industria son papel mojado si el Gobierno central sigue mostrando su insensibilidad para con Asturias, igual hay que ir a las hemerotecas para ver lo que se hizo en otros tiempos para hacerse oír y obligar a que llegaran las soluciones. Y mientras tanto, hay que clamar que lo de Alcoa es un disparate que no se debe consentir.
Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 7 de febrero de 2021