El investigador y científico de la Universidad de Oviedo compone su «particular fórmula» genómica de la felicidad.
La sucesión de letras, números y símbolos que dan respuesta a preguntas que se hace el hombre se encuadran en el gran mundo de las fórmulas que integran la ciencia, la investigación y la innovación.
El británico Ian Stewart, profesor de la Universidad de Warwick y escritor de divulgación científica, hizo el ejercicio de seleccionar las diecisiete ecuaciones que a su modo de ver cambiaron la historia. El listado se inicia con Pitágoras y su teorema, sigue con Newton y su ley de la gravedad, añade nombres como el de Gauss o Fourier y concluye con la que sin duda es la más conocida por todos, la de la relatividad que nos legó Einstein: E=mc2.
¿Y quién nos dice ahora que una nueva fórmula aportada desde la Universidad de Oviedo por el científico Carlos López-Otín no puede pasar en el futuro a engrosar ese listado de ecuaciones que marcan el destino del hombre?
A nadie se le había ocurrido hasta ahora desarrollar la fórmula de la felicidad. A nadie hasta que López-Otín nos describe en su libro ‘La vida en cuatro letras’ que tras repasar con calma los genes cuyas variantes favorecen la percepción del bienestar emocional, así como aquellos cuyas mutaciones crean estados que indirectamente generan felicidad, coge un clarión blanco, «que es el nombre que mi padre daba a las tizas», se acerca a una pizarra y compone «mi particular e imperfecta fórmula genómica de la felicidad».
Y éste es el resultado:
Felicidad = RAPGEF6 (rs3756290/rs3756290) + CSE1L (rs2075677/rs2075677) + NMUR2 (rs4958581/rs4958581) + 5-HTTLPR (largo/largo) + FAAH (A/A) + VMAT2 (C/C) + ECM1 (amígdala -/-) + STMN1(amígdala -/-) + SCN9A/ZFHX2/PRDM12/NTRK1 (niveles reducidos de expresión) + …
Otín se aleja un poco de la pizarra y trata de buscar «la posible belleza escondida en esta ecuación genómica de la felicidad». Y se dice a sí mismo que los factores introducidos «son todavía demasiado pocos y que algunos no están universalmente validados». Para concluir que «hoy sabemos que la felicidad, como cualquier emoción humana, es el resultado de la interacción exquisita y continua entre factores genéticos y factores ambientales».
Y en torno a esa idea es como surge seguramente el que ha sido, según señaló el propio López Otín a AsturiasInnova+ el lunes pasado, «el artículo científico que a mi juicio y a nivel teórico es el más importante de los que nunca escribí y escribiré».
Se refiere al artículo ‘Hallmarks of Health’ publicado en la prestigiosa revista científica americana Cell junto a Guido Kroemer (Universidad de París Descartes) sobre las llaves biológicas de la salud humana. En la práctica, nuevas ideas de cómo puede combinarse la información clínica y biológica generadas por las nuevas tecnologías para la obtención de datos masivos con el empleo de algoritmos de inteligencia artificial.
En suma, ciencia, investigación e innovación aplicada a conceptos como el de la salud que ha de conducirnos a la felicidad. Igual desde Asturias López-Otín ha encontrado la fórmula.
Publicado en El Comercio-La Voz de Avilés el 7 de febrero de 2021. (Economía-AsturiasInnova+)