Los movimientos de Indra y ArcelorMittal cuestionan el peso real de Avilés y Asturias en las decisiones estratégicas
Escribir hoy sobre industria, economía y empresa empieza a ser un ejercicio de riesgo: las claves que daban sentido a un análisis el martes han podido quedar desfasadas el jueves. Esto es lo que uno ha experimentado en las últimas horas. Ciertos anuncios realizados al inicio de la semana en Oviedo por la cumbre empresarial convocada por Indra quedaron desdibujados cuarenta y ocho horas después con el anuncio de que la mayor operación interna de esa compañía –la compra de la empresa de los Escribano– queda en suspenso. El Gobierno ve ahora «conflicto de interés» por la presidencia de Ángel Escribano en la ‘campeona de la defensa’ y su planteamiento de adquirir la empresa familiar. Horquilla de 1.500-2.000 millones.
Lo mismo sucede con ArcelorMittal, que sigue sin desvelar y mucho menos anunciar sus inversiones en Asturias, tanto en Gijón como en Avilés, y en cambio revela esta semana la apertura de hornos paralizados en plantas que tenía ya poco menos que sentenciadas en sus estrategias internas: Fos-sur-Mer (Francia) y Polonia.
La actual situación geopolítica global nos condena además a convivir con el vértigo y la volatilidad. En ese contexto, territorios industriales como Avilés y Asturias no sólo tratan de entender el presente, sino de defender su posición en el futuro. Teniendo en cuenta lo anterior, se imponen algunas reflexiones para al menos dejar patentes las dudas y la extrañeza que plantean algunos anuncios y decisiones. Y los silencios.
Empecemos con la cumbre que Indra protagonizó el martes en Oviedo, con más de seiscientos invitados en representación de unas trescientas compañías del llamado Corredor Norte. Por cierto, empresas avilesinas ya han entrado en conversaciones para proyectos de futuro. Pues bien, en esa cumbre, la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, hizo el único anuncio oficial: la creación por parte de Indra de un centro de I+D en Oviedo, en concreto en las instalaciones de la antigua fábrica de armas de La Vega. (No confundir con la supuesta opción sobre los terrenos de Baterías de Cok para una planta de fabricación).
El centro de I+D anunciado es el que provoca la duda que pretende exponer este artículo y que extrañamente nadie ha planteado. El primer accionista de Indra es la SEPI, con un 28 por ciento, y el segundo y primer privado, la compañía Escribano Mechanical and Engineering (EM&E), propiedad de los hermanos Escribano, con un 14,3%. Hasta el jueves, Indra venía planteando la compra de EM&E, a través seguramente de una fusión por absorción. El martes por lo tanto esa idea estaba en pie.
Como se sabe y se ha destacado siempre como algo muy relevante, EM&E decidió abrir hace más de un año su centro de I+D+i en Avilés, concretamente en dos plantas de La Curtidora, en donde encontró de momento el lugar más adecuado, con el propósito de crecer en plantilla de una forma sostenida y «concentrar aquí el diseño y ejecución de los proyectos tecnológicos europeos de la compañía». Escrito oficial.
La pregunta es: si EM&E se va a integrar en Indra (hasta el martes ese era el objetivo), ¿por qué Indra necesita un centro de I+D en Oviedo si ya lo tiene en Avilés? ¿El equipo que negoció ese centro que se anuncia para Oviedo no sabía de la existencia del de Avilés? ¿No lo sabía el Gobierno regional, la agencia Sekuens, claros apoyos de ese equipo en éste y en otros asuntos? Duda y extrañeza.
Algo parecido ocurre con ArcelorMittal, aunque con consecuencias mucho más profundas. Tras años deshojando la margarita de sus grandes inversiones en Asturias, el grupo sigue sin despejar la incógnita mientras anuncia movimientos en otras plantas europeas. Así estamos desde julio de 2021, cuando oficializó ante el presidente del Gobierno una inversión superior a los mil millones de euros para un DRI en Gijón. Para ello cuenta con una ayuda pública de 450 millones de euros. Casi cinco años después, tras esgrimir las condiciones adversas que se daban en Europa para no afrontar inversiones en ninguna de sus plantas, parece que las cosas han cambiado. Se vislumbra una mejoría del mercado en general y las disposiciones aprobadas por la Comisión Europea en defensa y apoyo a la industria y a la siderurgia han sido recibidas con optimismo por todo el sector.
ArcelorMittal anunció hace pocos meses un acuerdo para su primera gran inversión en la planta francesa de Dunkerque, mientras en Bélgica y Alemania se planteaban ofrecer la mismas condiciones que había encontrado en Francia respecto a precios de la energía, contratos a medio-largo plazo, coste de derechos de emisión de CO2, etc., para que acometiera las inversiones previstas.
En el caso de España, de Asturias en concreto, se dan ya todas las condiciones para que se retome la inversión del DRI en Gijón y la electrificación de la acería de Avilés. Se puede asegurar que ArcelorMittal tiene aceptadas en España todas las peticiones de apoyo que ha solicitado. Incluso hay inversores dispuestos a acompañarla. Es cierto que en Asturias ha habido mala suerte con las dificultades y problemas surgidos con los hornos –¿se está pagando la falta de mantenimiento?–, pero no hay disculpas ya para afrontar una inversión que cuenta con importantes apoyos económicos que van más allá de los 450 millones de los fondos ya aprobados.
El gigante siderúrgico tiene que asegurar el futuro de sus instalaciones en Asturias, además de potenciar al máximo su centro de I+D+i, el más importante que tiene en Europa, un elemento clave para la propia empresa, pero sobre todo para el futuro de Asturias y para la industria española en general.
En un momento en el que todo cambia a gran velocidad, lo único que no puede cambiar es la necesidad de claridad. Avilés y Asturias ya han esperado bastante: ahora toca disipar dudas y empezar a dar respuestas. Indra y ArcelorMittal tienen la palabra.
(La electrificación de la acería LD III de Avilés, en la imagen, es clave en las inversiones de ArcelorMittal. LVA).
Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 22 de marzo de 2026