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José María Urbano

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La subvención no basta

El giro industrial europeo indica que inversiones como las de Arcelor y Saint-Gobain exigen algo más que ayudas públicas

A finales del siglo XX, en pleno proceso de privatización de la antigua Ensidesa, en aquel momento CSI Corporación Siderúrgica, se habló mucho de la ‘acción de oro’ (‘golden share’). Los sindicatos fundamentalmente reclamaban la presencia del Estado en el accionariado, lo que le permitiría conservar una participación simbólica, pero con derechos especiales de veto sobre decisiones estratégicas: deslocalizaciones, cierres de plantas, grandes inversiones o cambios de control empresarial. Influir en decisiones clave. La idea chocó con la ortodoxia económica y jurídica de la época y con el rechazo frontal de la Comisión Europea por considerar que aquello distorsionaba la libre competencia y desincentivaba la inversión privada. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea tumbó varias ‘acciones de oro’ por considerarlas incompatibles con la libre circulación de capitales.

Hoy, tras décadas de globalización, crisis financieras, pandemia, guerras y una competencia internacional cada vez más agresiva, Europa empieza a revisar las certezas que tenia y manejaba. La UE se mueve en dirección contraria y vuelve a pensar en la ‘acción de oro’. Aunque no la llame así. Ahora habla de participación pública en proyectos estratégicos, condiciones vinculadas a ayudas, control indirecto mediante financiación e intervención en sectores críticos como la energía, los chips o la industria pesada. El Estado como ‘compañero de viaje’.

Tenemos dos ejemplos cercanos que nos pueden ayudar a entender este giro. La inversión del DRI por parte de ArcelorMittal en Gijón y la electrificación de la acería de Avilés siguen en el congelador –la segunda ni siquiera está confirmado que se haga– y lo mismo pasa con el horno de Saint-Gobain en su planta de Avilés, clave para asegurar la actividad. (Vamos a ver si la aprobación del convenio conlleva ya el anuncio oficial desde París, que era una de sus exigencias).

No hace falta repetir algo ya sabido y comentado: las multinacionales industriales no toman decisiones sentimentales (lo de Saint-Gobain con Avilés no deja de ser un ejemplo casi ofensivo). Invierten donde ganan dinero y les resulta más rentable: India o Brasil como ejemplos. Y es ahí en donde Europa se da cuenta por fin de que durante muchos años hizo bien poco por mantener y potenciar su industria y ahora quiere encontrar fórmulas para que esas inversiones se queden aquí. Lo mismo se está planteando en España, con un Ministerio de Industria que está dispuesto a realizar esa tarea de ‘acompañamiento’ que ya no se fundamenta en la subvención a secas. La historia empieza a contarse de otra manera. Por ejemplo, a base de renegociar o reestructurar las ayudas públicas con la empresa, modificar objetivos o calendarios y reconvertir parte de la ayuda en otro instrumento. De lo que se trata, en última instancia, es de que la inversión se haga.

La historia económica reciente nos dice que este giro de timón nos lleva a modelos conocidos y que han dado buen resultado. Es el caso de Sitra, el fondo finlandés de innovación, que no depende del presupuesto anual del Estado, sino de su propio capital de inversión con el que promueve el crecimiento económico, la competitividad y la renovación de la economía finlandesa.

El segundo ejemplo es el del programa Yozma de Israel, uno de los casos más famosos de política industrial del mundo. Para crear un mercado de capital riesgo que no existía, el Estado puso un capital inicial de 100 millones de dólares, creó fondos de venture capital mixtos y aportaba hasta un 40 por ciento del capital junto a inversores privados. Además de un incentivo clave: los inversores privados podían recomprar la participación del Estado al cabo de unos años. El programa Yozma provocó el nacimiento del ecosistema de capital riesgo israelí.

Hay más ejemplos: El EIFO, fondo del Estado danés que funciona con la lógica de banco de inversión público. Un modelo que ha destacado en sectores como la energía eólica, con Orsted como uno de los grandes beneficiarios para convertirse en uno de los líderes mundiales de la eólica marina.

El debate en la Comisión Europea que se ha abierto ahora, en un contexto de competencia industrial global, es precisamente el de la creación de fondos inversores industriales. Europa cuenta con grandes empresas multinacionales, una excelente investigación científica y mucho ahorro privado, pero carece de algo que sí tienen Estados Unidos y China: instrumentos públicos capaces de asumir grandes riesgos industriales de forma rápida. Alemania (Thyssenkrupp), Francia y Suecia (Northvolt y SSAB) ya llevan ventaja en esa carrera

Volviendo al caso práctico de Asturias y la inversión del DRI aplazada de ArcelorMittal en Gijón, viene bien el ejemplo de la planta francesa de Dunkerque. En ambos casos asistimos al mismo proceso de descarbonización del acero que se significa por ser una transición extremadamente cara. Dunkerque fue el primer proyecto desbloqueado por ArcelorMittal de todos los contemplados en Europa. ¿Claves? No solo pesó la subvención de hasta 850 millones de euros, sino que el Estado francés se convirtió en ‘acompañante’: acuerdo de suministro eléctrico a largo plazo con EDF (empresa pública, energía nuclear); financiación parcial mediante certificados de ahorro energético; medidas europeas como el ajuste de cuotas de importación y de carbono. En suma, la inversión no se desbloqueó solo con subvenciones, sino gracias a un entorno económico favorable para asegurar el futuro.

Sin duda, un camino a seguir. Ya no sirve solo el dinero a poner encima de la mesa, sino el papel del Estado para acompañar de verdad en esa transición exigida. Si no es así, el riesgo no es solo perder la inversión, es perder la industria.

(En la imagen, presentación de la acería eléctrica para productos largos de ArcelorMittal en Asturias, junio de 2024. AM.)

Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 12 de abril de 2026

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista. ExJefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. Columnista de este periódico y director de AsturiasInnova+, el proyecto de divulgación de la innovación, la ciencia y la tecnología adscrito al Grupo El Comercio (Grupo Vocento). El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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