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José María Urbano

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La factura de la guerra que no queremos ver

La escalada geopolítica provoca una crisis profunda en la industria automotriz europea / MOTOR

La economía doméstica y la empresarial está secuestrada por la geopolítica, aunque el debate público siga mirando para otro lado

Bill Clinton ganó las presidenciales de Estados Unidos de 1992 a George Bush aupado, entre otras cosas, por la frase mítica de su jefe de campaña James Carville, «It’s the economy, stupid», convertida de inmediato en un lema para explicar al mundo los problemas que afectan a la gente. Hoy la frase ha cambiado. Han pasado 81 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial para que un líder mundial de la siderurgia como ArcelorMittal, con profundas raíces en Avilés, en Asturias, se haya visto obligado a cerrar una planta integral por una destrucción bélica directa. La instalación ucraniana de ArcelorMittal Kryvyi Rih –una de las más importantes de Europa– quedó clausurada tras recibir cuatro ataques de misiles rusos que provocaron cinco muertos, siete heridos y unas pérdidas de más de mil millones de euros. Un ataque directo a una multinacional del acero, con un mensaje claro: «ArcelorMittal es un símbolo y podemos con él». Esta semana lo ratificó públicamente Vladimir Putin, en un mensaje-amenaza para Europa y la OTAN: «El punto de no retorno puede llegar de forma inesperada».

«Es la guerra, estúpido», se podría argumentar hoy mismo para denunciar y hasta para escandalizarnos de la banalidad de los discursos políticos y de las redes sociales, que definitivamente van camino de perder la capacidad de ver lo esencial, en ese ejercicio facilón, hueco, cada vez más insoportable, de ver la espuma de la ola y no el tsunami que viene a continuación.

Hace unos días, en una de esas redes sociales llenas de vídeos, aparecía un ‘espontáneo’ grabándose a sí mismo delante del panel informativo de una gasolinera, señalando a los dos euros que marcaba el precio del litro de gasoil, con un mensaje claro: «¿A qué estamos esperando para salir a la calle e ir a por los responsables de este desastre?». Ya se sabe que en este país todo lo que pasa tiene un responsable con nombre y apellidos, no hace falta entrar en detalles.

El cierre de ArcelorMittal en Ucrania por una acción bélica directa, inédita desde la Segunda Guerra Mundial, afecta al corazón industrial europeo

¿El protagonista del vídeo estará interesado en leer dos líneas y media sobre lo que está pasando? En 2022 Rusia invadió Ucrania y todos los gobiernos del mundo avisaron del ‘coste’ que se iba a pagar solamente en el precio de la energía. El que íbamos a pagar todos sin excepción: menor crecimiento económico, paralización de inversiones, alta inflación.., el clásico efecto dominó que llega inexorablemente al bolsillo de las familias. El 28 de febrero de este año, Israel y Estados Unidos inician la guerra de Irán, que se mantiene a día de hoy. Ese mismo día 28, a las doce de la noche, las gasolineras de Avilés, de Asturias y de España subieron los precios del combustible, ese que tenían almacenado en sus depósitos con precios antiguos, iniciando así una escalada que ha conseguido que las grandes refinerías y compañías suministradoras estén alcanzando récords históricos de beneficios. Por cierto, las mismas compañías que amenazaron con suspender sus planes de inversiones si el Gobierno español aprobaba un impuesto sobre sus beneficios.

¿A quién beneficia que el estrecho de Ormuz siga cerrado desde el mes de marzo? ¿Qué hay detrás de los anuncios de Trump de que está «a punto de llegar a un acuerdo con Irán» y no llega nunca? Si por Ormuz pasaban 21 millones de barriles de petróleo al día, resulta que la Unión Europea se ve obligada hoy a pagar un 55,8 por ciento más por sus importaciones de petróleo. Y ‘casualmente’, su principal suministrador es Estados Unidos (18,8%), seguido de Noruega (14,3%) y Kazajistán (13,4%).

El señor del vídeo que nos invitaba a «salir ya a la calle» no quiso enterarse de que los precios del litro de diesel este mismo viernes estaban así en los países europeos más importantes: España, 1,916 euros/litro; Francia, 2,372; Alemania, 2,425; Italia, 2,285; Portugal, 2,18-2,24. Tampoco se enteró de que en España se viene aplicando una rebaja de 20 céntimos desde la guerra de Ucrania en 2022 y que se reactiva una cláusula automáticamente si el precio del combustible supera el 15% interanual. Lo soporta un mayor déficit público. Europa paga hoy unos 203 millones de euros adicionales al día por el encarecimiento del gasóleo. Un sobrecoste que supone unos 30 euros más por depósito para los conductores diésel (el 38% de los coches europeos hoy en carretera) y unos 236 euros semanales para los camioneros, según datos de Transport & Environment (T&E).

Uno es consciente de que escribir esto empieza a ser casi un acto contracultural en un mundo de entretenimiento, memes, debates superficiales, ruido, emociones, influencers, tertulianos… El relato se impone a los hechos, como vemos en cualquier aspecto que tratemos de analizar en un país en el que las cuestiones de Estado que se vienen reclamando históricamente no solo no avanzan, sino que sufren una regresión hiriente. Educación, sanidad, derechos humanos, inmigración (ucranianos, venezolanos ricos, sí, africanos no –los ‘moritos’ y los ‘moros en la costa’ episcopales, ya se sabe–, la vivienda –¿qué aplaudió algún grupo político este viernes en el Congreso?–, la atención a los mayores, el cambio climático y su desastre diario, la urgente regulación de la Inteligencia Artificial…

¡A los datos! sería en este caso un excelente eslogan que nos permitiera a todos como sociedad dar un salto para centrar los debates, evitar la polarización y fomentar la responsabilidad política y técnica. Y seguramente a partir de ahí nadie tendría que utilizar el aviso de «es la guerra, estúpido», por muy bien que quede para una campaña electoral.

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Sobre el autor

José María Urbano. Periodista, escritor y analista del entorno empresarial y social | Innovación y comunicación estratégica. Ex Jefe de Redacción de La Voz de Avilés-El Comercio. Columnista de este periódico y creador y director de AsturiasInnova+, el proyecto de divulgación de la innovación, la ciencia y la tecnología adscrito al Grupo El Comercio (Grupo Vocento). El relato de los hechos y los fundamentos de la opinión sólo pueden tener su base en el poder de los datos. En un mundo en el que imperan los clics, los shares, las notas teledirigidas, las ruedas de prensa sin preguntas y las declaraciones huecas en busca de un titular, hay que reivindicar el periodismo hecho por profesionales. Política, economía, cultura, deportes... la vida en general, tienen cabida en este espacio que pretende ir más allá de la inmediatez, la ficción y el ruido que impera apoyado en las redes sociales. El periodismo es otra cosa.


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