El inicio de curso de la Nebrija y la licitación de la Manzana del Talento en Valliniello consolidan la transformación de Avilés
Hace treinta y cuatro años coincidieron dos fechas históricas para esta ciudad y esta comarca. El 26 de octubre de 1992 culminaba en Madrid la última etapa de la Marcha de Hierro, un hito de la movilización sindical que llevó a cientos de trabajadores de Asturias y País Vasco caminando a Madrid para intentar cambiar el Plan de competitividad de la siderurgia planteado y más tarde aprobado por el Gobierno de Felipe González. Apenas un mes después, el 14 de noviembre, se asistía a la reinauguración oficial del teatro Palacio Valdés, recuperado para la ciudad después de permanecer cerrado durante años y convertido hoy en uno de los grandes iconos nacionales del teatro español, incluso internacional.
La casualidad ha querido unir en esta semana dos noticias relevantes para el presente y el futuro de Avilés. De un lado, la apertura oficial del curso de la Universidad Nebrija y de otro el anuncio de la licitación de las obras de la Manzana del Talento en Valliniello. Presente y futuro que se unen para mostrar el gran cambio experimentado en esta ciudad, que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y superar crisis tan importantes como la de la industria, con la pérdida de empresas y miles de puestos de trabajo.
El teatro Palacio Valdés fue el imponente escenario elegido para la solemne inauguración del curso de la Universidad Nebrija. Avilés, por fin, puede exhibir con orgullo su nuevo título: el de ciudad universitaria. Y lo hace con un grado de Enfermería iniciado ya por sesenta alumnos. Un título que ha hecho posible una universidad privada, la Antonio de Nebrija, que ha llegado a donde no pudo ni se lo planteó la universidad pública, la Universidad de Oviedo, ni siquiera en los tiempos en los que se reunían todas las condiciones, fundamentalmente la de la suficiente masa crítica de estudiantes, como para haberlo intentado. No merece la pena, porque no conduce a nada, rescatar o seguir dando vueltas sobre la universidad pública o la privada. Ese debate ya es pasado. Lo relevante en este momento es que la ‘Avilés ciudad universitaria’ sólo puede crecer en esa dirección a partir de ahora. Y la prueba es que dos días después, la Universidad de Oviedo presentaba su Master de Formación Permanente en Dirección de Empresas MBA, que se iniciará aquí en febrero y que hasta ahora se impartía en Oviedo.
Treinta y cuatro años después de la gran crisis siderúrgica, Avilés afianza su nuevo modelo que redefine su papel en Asturias
Para los que siguen teniendo capacidad de «leer algo más que los titulares», asistimos al nacimiento de una etapa nueva, ilusionante, que va mucho más allá de ofrecer unos estudios universitarios. Hablamos también del aspecto social y económico, que sin duda se van a ver enriquecidos con esta nueva condición, y también como un refuerzo a la autoestima de un territorio que, una vez más, sigue superando etapas en busca del interés general.
La segunda noticia sigue el mismo rumbo. De la gran movilización de los trabajadores en 1992 reclamando la continuidad de una siderurgia que en aquel momento suponía el cierre de la cabecera en Avilés, a dibujar la base de una de las claves del futuro: la industria ligada a la innovación. Avilés también ciudad innovadora, como ha demostrado en los últimos años con un crecimiento sostenido de centros de I+D+i, fruto de una colaboración estrecha entre lo público y lo privado. La Manzana del Talento de Valliniello, cuya primera fase ya se licita, será el espacio donde se unan la innovación, la investigación y el escalado industrial de todas aquellas propuestas que se hagan por parte de las spin-offs y startups que se vayan creando. Y no hablamos de ensoñaciones. La sola existencia de The Next Pangea, surgida desde el Centro de I+D+i de ArcelorMittal, con la participación, entre otros, de la propia Universidad Nebrija, es el mejor ejemplo de ese desarrollo innovador ligado a la industria.
Greg Ludkowsky, un referente mundial en el mundo de la innovación, y hasta hace poco máximo responsable del I+D+i de ArcelorMittal en el mundo –el gran benefactor del centro de Avilés– explica sobre el cambio de paradigma industrial que «en el futuro, los ganadores en innovación no destacarán por dominar una única tecnología, sino por ser capaces de orquestar tecnología, datos, energía, talento, alianzas y regulación en sistemas adaptativos y escalables». Para Ludkowsky, las empresas que controlen las interfaces con los clientes, el software, los ciclos de datos y los ecosistemas estarán mejor posicionadas para tener éxito, mientras que aquellas centradas únicamente en los activos físicos o en la optimización de costes corren el riesgo de quedar obsoletas. Por esa vía disruptiva va a discurrir el gran proyecto de Valliniello.
En suma, dos nuevos hitos para una ciudad que vuelve a demostrar su capacidad de adaptación en un mundo cambiante, dominado hoy por la incertidumbre y una crisis global.
Adiós a Celso Díaz
Y mientras Avilés mira al futuro, también nos toca despedir a quienes han contribuido a construir su identidad cultural. Ayer sábado se despidió a Celso Díaz, fallecido a la edad de 78 años, la persona que junto a su esposa Azucena, protagonizó la ‘heroicidad’ de abrir una librería y una editorial en Las Vegas primero y luego en el centro de Avilés. Creó hasta un premio literario y ayudó a editar el primer libro de muchas personas, entre las que me cuento (’Avilés, una comarca ante el 2000’, Azucel, 1999). Con Celso se va una persona de las que siempre «suman» en una sociedad, a veces con una gran dosis de entrega y sacrificio, por encima de los beneficios personales. Su aventura en Azucel forma parte de esas pequeñas aportaciones que al final son las que engrandecen la historia de esta ciudad y de esta comarca. Te recordaremos Celso.