El proyecto de baterías exige un reseteo urgente y una gestión adulta para no perder una inversión clave
Aprendí de los técnicos informáticos de este periódico que ante un fallo en el sistema, un programa que no abre o un ordenador que se ha colgado, y después de dar mil vueltas para corregir el fallo, siempre quedaba el último recurso: apaga, espera un poco y vuelve a encenderlo. Y sí, funcionaba casi siempre.
La Sociedad de Promoción Industrial y Desarrollo Empresarial (Sepides) acaba de abrir una solicitud de manifestación de interés sobre el suelo de baterías de cok en su conjunto, 330.000 metros cuadrados. Un proceso de veinte días para que todos los interesados puedan apuntarse en la ‘lista’. Y a partir de ahí tomar una decisión sobre si esa superficie se trocea en parcelas o se saca al mercado como un todo en función de las ofertas que se reciban.
La decisión llega en un momento en el que todo se ha enrarecido lo suficiente como para que a estas alturas se haya desencadenado una «guerra» sobre algo que no existe formalmente. Muy típico de Asturias y muy típico de Avilés, lo que generalmente acaba en fracaso y en un nuevo golpe a las expectativas creadas.
Un rápido resumen. El terreno de las antiguas baterías de cok de Ensidesa-ArcelorMittal (nunca conviene perder la perspectiva de dónde venimos) pertenece a la empresa pública Sepides, que tiene el encargo de poner ese envidiable polígono –«el mejor de España», se vendió– a disposición de inversores que estén dispuestos a poner en marcha proyectos industriales-tecnológicos que aporten riqueza y empleo. La suma de varios o uno que por sí solo actúe como elemento tractor que dinamice a continuación la empresa auxiliar.
Sepides se lo tomó con tranquilidad, pese a que a la vez fue ‘vendiendo’ su ambicioso plan de estrategia de promoción y venta de terrenos y atracción de fuertes inversiones. En junio de 2021 AsturiasInnova+ organizó una jornada en Maqua en la que ya se profundizaba en esa tarea y en el cronograma. Y desde entonces, hasta hace muy pocos meses, escasas novedades, hasta que la Autoridad Portuaria de Avilés sorprendió a todo el mundo, reiterando el interés mostrado tres años antes por hacerse con todo el espacio de baterías y cambiando su discurso inicial: zona logística, más proyectos industriales e incluso agente de captación de inversiones. Esgrimió conocimiento amplio de sus empresas-clientes, sus necesidades de terreno, su equipo técnico y su capacidad financiera para asumirlo.
Poco después aparece, extraoficialmente, sin un solo guiño ante la opinión publica, el interés de Indra –el gran gigante llamado a liderar el sector de la defensa de nuestro país– para hacerse con esos terrenos. La ausencia de una información mínima sobre sus objetivos hizo que trascendiera a la opinión pública la necesidad que tiene Indra de contar con una «pista de pruebas» de un kilómetro en línea recta para probar los carros de combate, dejando al margen todo el potencial tecnológico e industrial que puede aportar una multinacional de este calibre y un sector clave en la reindustrialización europea. Supuestamente, Indra iba a cerrar en Avilés el círculo virtuoso de su presencia en Asturias: el Tallerón en Gijón, el espacio de Duro Felguera en Barros, posiblemente una actuación en La Vega de Oviedo y finalmente el terreno de baterías en Avilés. Pero la imagen que se deja trasladar en este último caso es casi la de «un circuito de karts».
Y a partir de ahí empieza esa historia tan repetida en Asturias que parece que nos persigue: sí, pero…; bueno, ya veremos; imposible… El Puerto se siente en cierta manera agraviado porque ve que su proyecto de futuro puede decaer ante una propuesta de inversión concreta. En el PSOE empiezan las ‘turbulencias’ internas y con ellas los mensajes de ‘agravios’, convirtiendo este asunto en un elemento más de esas pugnas entre ‘familias’ que parecían cosas del pasado. Lo que debería ser una competencia sana entre proyectos se ha convertido en un laberinto político-administrativo marca de la casa. Una vez más, Asturias demuestra una habilidad casi quirúrgica para convertir oportunidades industriales en conflictos internos.
Total: extraoficialmente Indra dice que visto el ambiente desiste de seguir adelante con su proyecto en Avilés. El Puerto se reafirma en el suyo. Y Sepides abre un plazo de veinte días para que le expongan una ‘manifestación de interés’ (Puerto e Indra). Se supone que Sepides también incluirá las suyas propias y aclare cuál es el resultado de su gestión al respecto.
En asuntos de tanta trascendencia como ésta, en donde una ciudad entera, una comarca y una región se están jugando el carácter y el futuro industrial que se quiere mantener a toda costa, es sencillamente intolerable que los agentes implicados den esta imagen. Indra ha podido fallar en la ausencia de una ‘señal’ que oficializara su interés, pero es a los responsables políticos a los que hay que exigir un mínimo conocimiento de cómo se mueve hoy la economía y la empresa.
Hay trenes que solo pasan una vez por la misma estación. Hace no mucho tiempo, Asturias tuvo aspiraciones de conseguir la inversión de un fabricante de coches chino. Vino una delegación de ese país, se les ofreció la Zalia, preguntaron por los trámites y les dijeron que los permisos y el acondicionamiento del terreno tardarían unos cuatro años. Conclusión: esa fábrica eligió Hungría para ese proyecto y dar empleo a siete mil trabajadores.
En el caso de baterías hay que pedir un «apagar y encender», hay que volver al tablero de juego inicial y reescribir la partida. Nassim Nicholas Taleb sostiene en ‘Antifrágil’ que algunos sistemas mejoran tras el caos. En este caso a lo mejor ese reseteo, ese ‘hard reset’, sirve para fortalecerse y encontrar la mejor salida para todos. Estamos a tiempo. Pero no por mucho.
(En la imagen, simulador de vehículo de combate entregado por Indra al Ejército de Tierra. DEFENSA).
Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 15 de marzo de 2026