Fiestas, tradición, innovación y cooperación hacen del turismo una apuesta estratégica para Avilés y comarca
En 2011 muchos turistas llegaron a Avilés atraídos por el Niemeyer, pero «descubrieron Avilés» y se enamoraron. Así lo reflejó la entrevista diaria que publicó LA VOZ DE AVILÉS aquel mes de agosto: el 99 por ciento de los entrevistados coincidía en la misma idea. No era un estudio científico, pero sí una señal clara. Aquel verano marcó un punto de inflexión inesperado para la ciudad industrial asturiana por definición.
Desde entonces –y en realidad desde mucho antes, gracias a iniciativas pioneras y valiosas– Avilés ha logrado que el turismo sea hoy uno de los pilares de su economía y de su empleo. Y no ha sido fruto de la casualidad, sino del trabajo desprendido de mucha gente y unas políticas que supieron apoyar cada proyecto. Basta con mirar el calendario festivo.
Este año vivimos otro ‘pleno’ en Semana Santa: hoteles llenos, calles llenas y un ambiente que combina el tirón turístico de Asturias con la fuerza de una Semana Santa sobresaliente y unas fiestas de El Bollo que hoy alcanzan su punto álgido con el pregón y las carrozas, y mañana con la comida en la calle. Avilés ha vuelto a marcar el camino, como tantas veces. Históricamente, Asturias tenía tres referencias claras en Semana Santa: Avilés, Villaviciosa y Luarca. Hoy, Oviedo y Gijón han descubierto también su potencial turístico y trabajan por ofrecer programas atractivos. Pero no es fácil igualar el espíritu que se respira en Avilés: la tradición de sus cofradías, la calidad de los pasos y un casco histórico que convierte cada procesión en un escenario único.
No se trata de comparar porque cada ciudad tiene sus peculiaridades, entre otras las físicas y las de población. Pero es innegable que Avilés ha sido pionera en muchas iniciativas festivas que luego otras localidades han adoptado. La comida en la calle nació aquí hace treinta y tres años y fue desde el primer momento un éxito rotundo en todos los aspectos. Llegó a batir el récord para figurar en el Guinness –aunque finalmente no se inscribió por motivos económicos–, y hoy es difícil encontrar un barrio o un municipio que no celebre su propia versión, como una herramienta insuperable de hermanamiento vecinal en torno a una mesa infinita compartida.
Si retrocedemos un poco atrás en el calendario, el Antroxu es otro ejemplo más de creatividad avilesina: el Descenso de Galiana (1988) –imposible igualarlo–, los menús de Antroxu (1989), los chigres antroxaos… Tradiciones que nacieron aquí y se extendieron después. Lo mismo ocurrió con las citas gastronómicas a lo largo de todo el año, los concursos de pinchos, las tapas o el Famous Wine (2010), una iniciativa que merecería una promoción mucho más ambiciosa, incluso internacional.
La fiesta de la cerveza también tuvo su origen en Avilés y todavía hoy, aunque ya se celebra en otros muchos lugares, sigue siendo una referencia. Y lo volverá a ser este mes de agosto que cumple treinta años, fecha que invita a hacer algo especial en La Exposición, ese espacio privilegiado que la ciudad debe seguir aprovechando al máximo, simplemente porque así lo han refrendado todos los avilesinos y visitantes con su afluencia masiva a cualquier iniciativa que se celebre ahí. Un espacio que se suma a otros como El Parche, el parque del Muelle, la plaza de Abastos, Sabugo, Centro Niemeyer, el pabellón de La Magdalena o el polideportivo del Quirinal.
La lista continúa. El Intercéltico cumple este año veintinueve años de la mano de sus creadores, la Asociación Cultural Esbardu. Y el Festival Folclórico Internacional, con el sello de Sabugo Tente Firme, cumplirá ¡cuarenta y cinco años! este verano. Las fiesta del Bollo tienen el sello de Fiesta de Interés Turístico Nacional, mientras que la Semana Santa y el Intercéltico lo son de carácter regional. Todo suma.
En los últimos años Avilés ha explotado como ciudad acogedora, con mucho ambiente en las calles, cómoda para recorrer, con un casco histórico espectacular, con una peatonalización que ha generado nuevos espacios y revitalizado otros, como la Plaza de Abastos y todo el entorno del parque del Muelle, o el impulso que vive El Carbayedo gracias a la última actuación urbanística.
Queda margen para crecer aún más como comarca. La decisión de acudir este año a la Feria de Muestras con un stand único de Avilés, Castrillón, Corvera e Illas es, insisto en ello, una de las mejores noticias recientes. Somos un espacio sin barreras físicas, con más de 110.000 habitantes y la colaboración solo puede multiplicar los resultados. La experiencia demuestra que, sumando iniciativas originales y de calidad, se construye un conjunto que los turistas valoran cada vez más: casco histórico, Centro Niemeyer, playas, zona rural, espacios naturales para el deporte…
Y hay que seguir. Las fiestas de barrio son una magnífica herramienta de convivencia. Hay que recuperar las de La Luz, las del Carbayedo y otras que tuvieron que suspenderse por no haber relevo en las organizaciones. Y en Corvera deberían hacer un esfuerzo –incluso promovido por el Ayuntamiento– para no perder la fiesta de los Indianos, que tanto éxito había alcanzado y que ahora deja de hacerse por falta de ese relevo. Corvera debería intentar hacer una fiesta de los Indianos comarcal que replicara, a su escala, el ‘fenómeno Ribadeo’, capaz de llenar hoteles y restaurantes con un año de antelación. Hoy es imposible ya hacer una reserva.
La suma de todas estas iniciativas demuestra que Avilés y su comarca han sabido construir un modelo propio, sólido y reconocible. Si se sigue avanzando en esa dirección –con políticas estables y consensuadas, con asociaciones comprometidas y con una ciudadanía que responde– el turismo seguirá siendo un motor económico y un elemento clave de futuro. Hay mucho margen para seguir creciendo.
(En la imagen, la Semana Santa de Avilés trasciende a su ámbito religioso y se convierte en un fenómeno de masas. PABLO NOSTI).
Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 5 de abril de 2026