Bloquear el Puerto con trámites interminables es debilitar la industria asturiana cuando Europa pide lo contrario
Tener que repetir que el puerto de Avilés es el verdadero pulmón de la industria y la economía de Avilés y comarca –y clave en Asturias–, sigue siendo una tarea cansina. Tener que insistir en que las nuevas multinacionales, sobre todo las relacionadas con las energías renovables, unidas a las consideradas clásicas, están aquí porque tienen un puerto pegado a sus plantas desde el que son capaces de llegar con sus productos a todo el mundo, es algo conocido y que las propias empresas valoran.
Por eso se entiende cada vez menos el papel que ha adoptado el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD) con el puerto de Avilés desde hace años. Desde que decidió en 2018 que lo que hasta entonces era normal, que el propio Ministerio se encargaba del estado de la costa y de los arenales de todo el país, en el caso de Avilés fuera su Autoridad Portuaria la que tuviera que correr con los rellenos de arena en Salinas-San Juan, con la amenaza de prohibir los dragados obligatorios que el puerto tiene que realizar para su normal desenvolvimiento. Dragados que, supuestamente, son los causantes de pérdida de arena en Salinas o la aparición de piedras en la de Xagó. Nada se dice de que la playa de Salinas en algunos momentos tiene más arena que nunca, o porqué Xagó nunca tuvo piedras cuando se hacían dragados y ahora sí, aunque ya empezaron en el siglo XVIII y nada digamos a partir de los años cincuenta del siglo XX.
Lo ha vuelto a hacer ahora el Ministerio, en respuesta a la solicitud de agosto de 2025 de evaluación ‘simplificada’ o abreviada de impacto ambiental del proyecto de dragado del Puerto avilesino para los próximos cuatro años, ajustando los volúmenes anuales a las necesidades detectadas. Tras analizar la documentación presentada, la resolución ministerial establece que es necesaria la tramitación del citado proyecto de dragado mediante el procedimiento ‘ordinario’. Al cambio: vuelva usted a empezar la tramitación. El trabajo anterior, los informes de organismos cualificados –no de informes ‘ad hoc’ generosamente pagados desde algunas instancias–, todos los intentos por analizar los sedimentos, por aportar 13.000 metros cúbicos de arena a Salinas-San Juan acumulada en terrenos portuarios por efecto del viento… todo eso no vale.
«Empiece de nuevo la tramitación». Al Ministerio parecen importarle poco dos cosas: no haberse enterado de la corriente europea, y lógicamente española, de simplificar como sea toda la tramitación administrativa para beneficiar a la economía en general y a la industria en particular, y, dos, no parece preocuparle mucho si el Puerto puede seguir o no con su actividad si no hace un dragado periódico para garantizar calados y con ello el servicio a las empresas.
Eso sí: silencio en la sala. Partidos políticos, gobiernos y oposiciones, organizaciones empresariales, sindicatos regionales, Cámara de Comercio… Estamos a otras cosas. Tiene que venir un candidato a las próximas elecciones a la Cámara de Comercio de Avilés para recordar la ‘bomba’ ante un silencio aterrador (salvo en este periódico, todo hay que decirlo): la SEPI no ha hecho nada en el terreno de Baterías en seis años. Ni el proyecto urbanístico ni el proyecto de descontaminación de los terrenos. De captación de inversiones, no hablamos: confidencialidad.
Hay que elogiar el papel del Puerto en su tarea de modernización –con una electrificación del sistema productivo que no va a parar la Casa Blanca ni el negacionismo de la extrema derecha– y a la vez de promoción, como acaba de hacer en la cita de WindEurope en Madrid, la cumbre de las energías renovables, en la que la Autoridad Portuaria ha hecho valer el papel del puerto como el gran referente europeo en el movimiento de toda la fabricación eólica como elemento clave de las energías renovables.
Bruselas acaba de pedir a los países miembros un esfuerzo en la electrificación frente a los combustibles fósiles. Solo en lo que llevamos de la guerra de Irán, los 27 han gastado 24.000 millones de euros en combustible, un gasto que en 2024 se elevó a 375.000 millones. Si la guerra de Irán se prolonga en los próximos meses, la recesión global estará asegurada.
Se viven momentos de gran incertidumbre, que suponen retrasos en las decisiones de inversión y en apuestas de futuro de las empresas. Pero eso cambiará. ArcelorMittal había paralizado todos sus proyectos de electrificación en Europa y anuncia que su ritmo de inversiones deberá ser pausado, según necesidades. Pero hay proyectos en marcha, como el de Gijón, o el más nuevo de Dunkerque. Y esta misma semana anunciaba algo novedoso: la puesta en marcha de una nueva tecnología de colada vertical continua en la planta francesa de Le Creusot, de su filial Industeel. Producirá inicialmente 15.000 toneladas de acero dirigidas a la energía nuclear y transición ecológica. La inversión ha sido de 52 millones de euros (12,3 del Plan France 2030). Hasta ahora solo tres acerías –en Alemania, Japón y China– tenían ese sistema.
Y ArcelorMittal también deja otro aviso: la electrificación de la acería de Avilés no se contempla a corto plazo. Señores del silencio: no dejen pasar ustedes otros seis años, como la SEPI con Baterías. Sencillamente porque las consecuencias serán inmediatas: el peso de la siderurgia se trasladará de Asturias al País Vasco.
Si todo un Ministerio de Transición Ecológica no entiende la importancia de agilizar los procedimientos en un puerto esencial para la industria de este país, para atender incluso sus propios objetivos de descarbonización, no queda otra que armarse de valor, convocar a los ‘silenciosos’ y tratar de imponer la lógica que nos lleve, en tiempos de incertidumbre y de crisis como los que estamos padeciendo, a ganar el futuro. O eso, o perderlo.
(En la imagen, un buque hace su entrada en el canal de la Ría de Avilés. (Foto: J. M. URBANO)).
Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 26 de abril de 2026