Fertiberia y Saint-Gobain deben aclarar primero sus problemas con las ayudas europeas antes del uso partidista del caso
El director de orquesta Claudio Abbado (Milán, 1933-Bolonia, 2014) rompió con la tradición de que el final de una obra musical se cerrara con el último acorde de la partitura para dar paso al aplauso del público. Abbado imponía al final un silencio de treinta-cuarenta segundos –que se hacían eternos– a modo de ‘tempo emocional’, de reflexión sobre lo escuchado, antes de ordenar a la orquesta ponerse en pie para que, entonces sí, la audiencia dictara su veredicto.
En la sociedad actual en la que vivimos tenemos un problema: administramos mal los silencios. Callamos cuando hay que hablar y gritamos cuando conviene esperar. El pasado domingo criticaba en esta página al club de los ‘silenciosos’ (gobiernos regional y local, partidos políticos de la oposición, sindicatos regionales, Cámara de Comercio…) precisamente por su silencio atronador respecto a las exigencias que desde 2018 ha impuesto el Ministerio de Transición Ecológica al Puerto de Avilés respecto a los dragados de la ría y a unos requerimientos que el propio Ministerio impuso aquel año.
Esta semana se supo que dos proyectos claves para esta ciudad, para esta comarca y para toda la región, los de Fertiberia y Saint-Gobain, se han encontrado con problemas para mantener las ayudas que se les concedieron en su día desde el PERTE de descarbonización puesto en marcha por el Gobierno español para aprovechar los fondos europeos activados para paliar los efectos de la pandemia sanitaria del covid y los de la invasión de Ucrania por parte de la Rusia de Putin.
La noticia sobre las dificultades de estos dos proyectos se suman lógicamente a un estado de ánimo general presidido por la incertidumbre provocada por la situación geopolítica global, dominada por los cambios de discurso cada doce horas respecto a asuntos tan graves como la guerra declarada a Irán –bloqueo del estrecho de Ormuz como aspecto clave en la economía del mundo–, el callejón sin salida del que Trump no sabe cómo salir o la escalada insoportable de Israel en el Oriente Medio.
Y en ese estado de ánimo, si hay alguien al que habría que exigirle un poco de mesura es a la clase política, a toda en general. Tienen la obligación de no colaborar en aumentar la incertidumbre y el desasosiego a la sociedad sin una mínima reflexión y sin aportar un solo dato creíble. ¿Cuál ha sido la reacción inmediata de las dificultades de Fertiberia y Saint-Gobain por parte de la oposición política? Aprovechar la circunstancia para utilizarla como desgaste del rival político. No ha habido más.
Vamos a los datos. Fertiberia acudió hace tres años al PERTE de descarbonización gestionado por el Ministerio de Industria dirigido por Jordi Hereu para sacar adelante un gran proyecto en su planta de Trasona. Para que consiguiera más dinero de los fondos europeos se decidió dividirlo en dos subproyectos, de 30 millones de euros cada uno, y así fue como obtuvo 60 millones en ayudas. Fue pasando el tiempo y en mayo de 2025 Fertiberia propuso una rebaja de la producción prevista. Aún así, la ayuda siguió siendo sustancial: 51 millones de euros. Plazo para ejecutarlo: junio de 2026.
En Saint-Gobain, multinacional francesa que se enteró ‘tarde’ de esas ayudas que seguramente hubiesen evitado el cierre de la división de Sekurit en Avilés –increíble, pero cierto–, solicitó inicialmente una ayuda de ese PERTE de descarbonización de 30 millones de euros para construir «un horno pionero en el mundo». Como existía un problema de plazos, la ayuda del PERTE se decide trasvasar a los fondos europeos ‘Innovation Fund’ y a Saint-Gobain se le adjudican entonces 60 millones. Pero nadie de su staff alerta de que se debe renunciar a la primera ayuda para aspirar a la segunda. Se llama incompatibilidad.
Mientras tanto, el Gobierno español, el del Principado y el Ayuntamiento de Avilés deciden formar en el caso de la multinacional francesa del vidrio una comisión para agilizar toda la tramitación administrativa, de forma que la compañía tenga ya los «deberes hechos» o al menos avanzados cuando se decida afrontar la inversión. ¿Qué ha pasado entonces? Deberían explicarlo las dos empresas, no las administraciones que les han concedido el dinero y tratan de facilitarles y agilizarles todos los trámites.
La sorpresa, no tanta, llega con las reacciones políticas. La utilización como munición política de los problemas de dos compañías que hasta ahora no se han pronunciado. En menos de veinticuatro horas se anuncian iniciativas hasta en el Congreso para buscar el apoyo de las administraciones y para exigir una serie de contrapartidas a la concesión de esas ayudas. En este caso se cumple a rajatabla la aseveración de que la ignorancia es la madre del atrevimiento. Quien desde el ámbito político dice que va a proponer una proposición no de ley para imponer contrapartidas a las empresas que reciban ayudas de los fondos europeos sólo demuestra que ni siquiera se ha leído el primer párrafo del texto que fundamenta esas ayudas. Hace una semana hablaba del silencio institucional respecto al Puerto. Hoy hay que hablar del exceso de una reacción política antes de que las empresas lo expliquen.
En octubre de 2001, Claudio Abbado dirigió a la Filarmónica de Berlín en el Réquiem de Verdi, memorable, y tras la nota final de la partitura impuso un silencio prolongado para tomar aire y sólo después dejar que el público mostrara sus emociones tras hora y media de concierto. Lo que nos demuestra que en política, como en la música, hay silencios que ennoblecen y ruidos que empequeñecen.
(En la imagen, operarios en la división de Glass de Saint-Gobain).
Publicado en La Voz de Avilés-El Comercio el 3 de mayo de 2026.