La ciudad afronta desafíos reales, pero sigue soportando análisis que parecen elaborados con datos y referencias de hace décadas
Hay ciudades que viven de la nostalgia de lo que fueron. Avilés, en cambio, tiene el problema contrario: demasiada gente sigue opinando sobre ella sin haberse enterado de lo que ya es. Esa es la sensación que uno lleva acumulando desde hace unos días al escuchar y leer algunas manifestaciones de personas que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito institucional, político y social. Peter F. Drucker (Viena, 1909-California, 2005), profesor de negocios, considerado el padre del ‘management’, explicaba que «lo más peligroso en tiempos de turbulencias no es la turbulencia, es actuar con la lógica de ayer».
El pasado viernes 22 se llevó a cabo la presentación del Plan Estratégico del Puerto de Avilés, que entre otras cosas habla de la intensa relación de las industrias actuales con el puerto y la ventaja que supone de cara a conseguir nuevas inversiones la realidad de esa oferta portuaria. A lo largo de la mañana, una de las personas intervinientes hizo especial hincapié, casi único, en la importancia de la innovación como garante del futuro industrial, en lo que pareció un discurso-tipo en fondo y forma de los que abundan ahora y que sirve para todo y para todos.
No entendí muy bien la reflexión, Ni en el puerto. Ni en Avilés. Ni en 2026. ¿Qué sería del mundo de la innovación en esta ciudad, incluso en Asturias, sin el centro de I+D+i de ArcelorMittal en Avilés? Fue inaugurado oficialmente en 2008, aunque ya había empezado a funcionar bastante antes. La otra clave de la innovación en este territorio, la del ITMA, el centro tecnológico de los materiales, se inauguró en 2005. Incluso la fusión del ITMA y Prodintec, que dio como resultado Idonial, es de 2019. La Manzana del Acero, un proyecto único en el mundo que reproduce a escala todo el proceso integral de la siderurgia, es de 2016. Con los nombres, en todos esos casos, de dos personalidades de la innovación y la gestión, como Nicolás de Abajo e Íñigo Felgueroso, al frente de sus respectivos equipos. Aquí, en Avilés.
Windar Renovables se creó en 2007, con la aportación innovadora del Grupo Daniel Alonso y de Gamesa. Asturfeito, empresa creada en 1989, instalada en el Parque Empresarial Principado de Asturias, se especializó, entre otras cosas, en astronomía, energía nuclear, partículas subatómicas… Idesa, otro líder europeo, una ingeniería histórica de referencia en Asturias, también opera en el PEPA, aprovechando la cercanía del puerto… Avilés suma en estos momentos diez centros de I+D+i, pegados a la industria metal mecánica sobre todo. ¿De verdad hay que recomendar a Avilés en 2026 que debe apostar por la innovación cuando los ejemplos anteriores forman parte de una realidad consolidada desde hace años y que tiene planteados proyectos relevantes para un futuro inmediato?
Seguimos días después con los discursos, en este caso en defensa de la industria como plan de futuro. Llevamos años así y lo que se echa en falta no son más discursos, sino instrumentos eficaces de coordinación, influencia y defensa de sus intereses. La Mesa por la Industria de la Comarca de Avilés fue constituida en febrero de 2020, contando con la Cámara de Comercio, UGT, CC OO y los ayuntamientos de la comarca amplia. Oficialmente para defender esos intereses. Extraoficialmente, reconocido como una excelente oportunidad de contar con un lobby que pudiera representar con una única voz los intereses del sector en esta comarca y presentarse ante cualquier administración o estamento para reivindicar y plantear soluciones para los problemas y participar de forma activa en la captación de inversiones.
Seis años después, cuesta sostener que la MICA haya cumplido las expectativas que generó. Si hablamos de lobbys, uno reconoce el de Oviedo, representado y liderado por su Cámara de Comercio. Los hechos están ahí.
Y finalmente, hemos asistido también al cuestionamiento desde el ámbito político de los fondos europeos. Avilés ha conseguido directamente 33 millones de euros para 81 proyectos concretos, al margen de otras ayudas surgidas gracias a fondos y programas del Estado. Eso solo da idea de una buena gestión para elegir en tiempo récord una serie de proyectos que poder presentar a esas convocatorias, y sobre todo gracias a unos técnicos municipales que han demostrado su profesionalidad simplemente con la obtención de esos fondos. Avilés es la ciudad asturiana que mejor ha sabido posicionarse en cuanto a los proyectos beneficiados, muy por encima de Oviedo y Gijón, que teóricamente tendrían una mayor capacidad técnica. ¿Falló en este caso la visión política?
Podría debatirse cómo se emplean esos fondos, pero aparte de que negar su importancia equivaldría a negar la evidencia, la propia normativa europea obliga a los ayuntamientos a marcar objetivos muy concretos: digitalización, transición ecológica, infraestructuras, empleo, inclusión social, formación… Cuestiones que están en todos los fondos, sean los de Recuperación y Resiliencia, Desarrollo Regional o Next Generation.
Los problemas que tiene Avilés no los va a negar nadie, por supuesto. La incertidumbre industrial, la transición energética y cómo afecta a las empresas, el reto demográfico o la competencia territorial, dentro y fuera de Asturias, son suficientemente serias como para inventarse otras. El mayor riesgo para Avilés no es la falta de innovación o de industria, es la persistencia de prejuicios y diagnósticos atrasados sobre una ciudad que hace tiempo decidió dejar de vivir de su pasado y sigue construyendo el futuro.