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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

“YO PROTESTO”

“Soy demasiado inteligente, demasiado exigente y demasiado ingeniosa como para que alguien pueda encargarse de mí completamente. Nadie me conoce o me ama totalmente. Sólo me tengo a mí misma”. (Simone de Beauvoir). 

“Yo protesto, yo me desgañito». Como Zola hizo en su momento con su ‘Yo acuso’, esto mismo se dijo el viernes 8 de marzo en las calles de todas las ciudades de España. Y, sí, hay que protestar, desgañitándose, contra una realidad que ni es de ayer, ni es lejana, que sucede aquí mismo. Una realidad en la que el listado de mujeres asesinadas no disminuye. Una realidad en la que la esclavitud sexual sigue siendo una lacra. Una realidad en la que, incomprensiblemente, continúa habiendo brecha salarial. Una realidad en la que el miedo a sufrir agresiones en las calles está lejos de remitir.

Una realidad en la que multitud de mujeres cuidan de personas enfermas, entregan su vida a los suyos, en muchos casos, sin ayuda material alguna, en muchos casos, sin la más mínima empatía a su heroica entrega a los demás.

«Yo protesto, yo me desgañito», se vino a decir en las calles de España, en un día en el que los clamores cotidianos se juntan en una sola voz, que transciende todas las barreras, incluidas las del sonido.

Cierto, los tiempos están cambiando, se está tomando cada vez más conciencia de lo que pasa, pero no se puede dar tregua a los clamores hasta el momento mismo en el que no haya necesidad de clamar y de reclamar lo que es justo, lo que, a todas luces, significan atropellos a la dignidad de la mujer, y, por tanto, a la dignidad humana.

Ese momento en una calle en el que hay que acelerar el paso por miedo a esa mirada de alguien que puede ser un desaprensivo o una mala bestia. Esas historias que se sufren puertas adentro con agresiones y amenazas, historias que muchas veces terminan en tragedias. Y, tras ellas, la catarata de tópicos, que –¿a qué negarlo? – nada evitan. Esa nómina que desgrana una cantidad inferior a la que obtienen otros compañeros, con la misma titulación y con el mismo trabajo.

Ese silencio escalofriante ciego, sordo y mudo ante una entrega a familiares que llega a suponer en muchos casos un deterioro psíquico y físico que no siempre son recuperables.

Ese clamor por una igualdad que, además de justa, sería beneficiosa para todas las personas, hombres incluidos.

«Yo protesto», «yo acuso». No se trata de una liturgia de un día, sino de una escenificación de algo por lo que hay que luchar continuamente hasta desterrar de nuestro tiempo y de nuestro espacio una realidad que mata, que explota, que arrincona y que silencia.

«Yo protesto», «yo acuso». Más allá de los oportunismos, que sobran y no merecen ser tenidos en cuenta, más allá de matices que a veces hay que abandonar, más allá de declaraciones políticas insultantes que incurren en esas medias verdades que, como decía Machado, generan siempre una doble mentira, hay una realidad que debe ser derribada, una muralla que debe ser derruida y golpeada con nuestros clamores, que no son de un día ni de una noche.

Cuando Zola escribió su ‘Yo acuso’, lo hizo luchando contra infamias y patrañas instaladas en el poder y en la sociedad.

¿Acaso puede haber algo más perverso y destructivo que la muerte, la esclavitud y la incomprensión? ¿Acaso la muerte, la esclavitud, la desigualdad y la incomprensión no suceden cotidianamente aquí y ahora contra las mujeres en nuestro país?

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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