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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

RESACA ELECTORAL

 

«Nos falta la cordial efusión del combatiente y nos sobra la arisca soberbia del triunfante. No queremos luchar: queremos simplemente vencer. Preferimos vivir de ilusiones y nos contentamos con proclamarnos ilusamente vencedores en el parvo recinto de nuestra tertulia de café, de nuestro casino, de nuestro cuarto de banderas o simplemente de nuestra imaginación». (Ortega y Gasset).

 

Lo peor de la resaca electoral es la certeza de que, tras los primeros escarceos y balbuceos de unos y otros, se acerca la campaña de las autonómicas y municipales, también de las europeas, todo un sinvivir para la tranquilidad que supone poder alejarse de tanta estridencia que, por un lado, aún resuena en nuestros oídos,

Dy que, por otra parte, está a punto llegar de nuevo. Estoica resignación nos queda. Otro factor añadido es que, más allá de las declaraciones de rigor que toca hacer desde las direcciones de los partidos, se puede dar por seguro que el panorama no se despejará de verdad hasta que se conozcan los resultados de las próximas citas con las urnas.

De todos modos, hay declaraciones sobre los resultados del 28A que llaman mucho la atención. Por ejemplo, las que efectuó el señor Casado, distanciándose de Vox y poniendo de manifiesto que el PP es un partido centrista. Sí, centrista, tras haber tenido tantos acercamientos a Vox a lo largo de toda la campaña de las elecciones generales. Sí, centrista, tras haber rescatado a Aznar para la causa. Sí, centrista, tras haber repetido hasta la saciedad que en Cataluña solo cabría aplicar del nuevo el artículo 155 de la Carta Magna. Lo cierto es que, desde que ganó las primarias, el señor Casado pudo haber esgrimido un discurso muy distinto, que le hubiese evitado tener que desdecirse ahora de una forma tan poco creíble.

Y, por otra parte, sin ánimo de hacer de aguafiestas, creo que sería un grave error que el PSOE incurriese en una euforia desmedida. Seamos claros: el partido de Pedro Sánchez no ganó las elecciones por la supuesta ilusión generada por su proyecto, sino por el miedo a la extrema derecha, por el miedo a que se repitiese lo de Andalucía y que Vox tuviese presencia e influencia en la gobernabilidad del país.

Fueron las elecciones de miedo. Hubo quienes airearon el miedo a la extrema derecha, hubo quienes, por otro lado, dieron la voz de alarma ante los posibles entendimientos entre el PSOE y los independentistas. Los resultados dejan claro qué le dio más miedo al electorado.

Por otra parte, aunque resulta irresistible la tentación de extrapolar los resultados del 28-A a las elecciones municipales y autonómicas, conviene no perder de vista que, sobre todo en el ámbito municipal, en muchos casos, se vota más a la persona que al partido. Tampoco se puede soslayar que lo que, de mano, se antoja inviable en el ámbito estatal, como sería un pacto entre PSOE y Ciudadanos, tal alianza sí que podría darse en algunos municipios, incluso en algunas autonomías.

Así las cosas, no nos va a dar tiempo a aliviarnos de la resaca, cuando nos encontremos muy pronto con nuevos escenarios electorales en los que seguiremos soportando demagogia, topicazos y maniqueísmo.

Todo sea por la clarificación del panorama, todo sea por la salud democrática.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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