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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

¿Algo más que un relevo generacional?

Con Adrián Barbón, llega, en efecto, el cambio generacional. Llega el susodicho relevo a una Asturias envejecida que tiene en el declive demográfico uno de sus principales problemas. Cambio generacional al que Barbón se refirió en el sentido de ser el primer Presidente asturiano nacido tras la Constitución del 78, que fue, entre otras cosas, el fruto de una transición política difícil, compleja y llena de claroscuros. No es fácil dejar atrás la vieja política si se contempla la transición con una mirada idílica. Tampoco es viable afrontar el presente y el futuro haciendo tabla rasa de un momento histórico que también tuvo sus grandezas. Una postura equilibrada entre ambas perspectivas no es fácil, pero quizá resulte obligada.

En todo caso, a la Asturias oficial acaba de llegar un cambio generacional incontestable desde planteamientos meramente biológicos. Lo que hace falta es que la generación que asume el mando de la sociedad, también en lo político, ponga en marcha su propio proyecto, forzosamente distinto al que tuvo la anterior.

Acerca de la teoría de las generaciones, hay un libro de Ortega y Gasset que se titula “El Tema de nuestro tiempo”, que, por cierto, fue compilado por el ovetense Fernando Vela sobre un curso universitario que dio el filósofo con el mismo título en 1923. Pues bien, en ese ensayo, Ortega plantea, entre otras cosas, que a toda generación le toca, llegado el momento, poner en práctica su visión del mundo, su propio proyecto. Hay generaciones que fracasan: “Hay, en efecto, generaciones infieles a sí mismas, que defraudan la intención histórica depositada en ellas. En lugar de acometer resueltamente la tarea que les ha sido prefijada, sordas a las urgentes apelaciones de su vocación, prefieren sestear alojadas en ideas, instituciones, placeres creados por las anteriores y que carecen de afinidad con su temperamento”. Algo de esto, mucho de esto, podría decirse de la generación que acaba de dejar el poder. Y esperemos que el referido fracaso no se produzca también con la generación que acaba de tomar la antorcha.

Y, miren, tengo para mí –no es un juego de palabras- que, si hay algo a lo que el relevo generacional está abocado es a la regeneración política, tanto en España como en Asturias.

A este respecto, lamento mucho tener que decir que Barbón no ha empezado bien. (Obsérvese que no digo que ha empezado mal, a tanto no quiero llegar sobre un Gobierno que ni siquiera se ha formado). Bien está el ofrecimiento de diálogo, bien está la cercanía que va en su estilo, bien está que haya hablado, sin eufemismos, de los grandes retos de Asturias. Pero faltan medidas de regeneración política, que no digo que no las vaya a llevar a cabo, pero que tendrían que estar nombradas ya y en un lugar prioritario en la agenda política.

La composición de la mesa de la Cámara, en la que no está Podemos, no respeta con proporcionalidad los resultados electorales; el tema de ayudas económicas a los parlamentarios cuando dejen de ejercer su cargo es, en el mejor de los casos, una medida que no tendría que haberse tomado con tanta premura. Y el número de ayudantes que pueden ser nombrados a dedo por los grupos parlamentarios es, claramente, escandaloso.

Por tanto, estamos a la espera de que se pongan sobre la mesa las medidas de regeneración sobre la base de que tienen que acabarse los privilegios para la mal llamada clase política, lo que no significa sueldos indignos, pero tampoco un apoyo legislativo que los ponga por encima del resto de la ciudadanía a la que se deben.

En efecto, el cambio generacional obliga a dejar atrás tantas y tantas rémoras de la vieja política. Y, con respecto a la Carta Magna, conviene recordar que fue fruto de un amplísimo consenso entre las fuerzas políticas de entonces, el mismo acuerdo que hace falta ahora para adaptarla a los nuevos tiempos y no hacer de ella algo permanente e inalterable como se decía de los viejos Principios del Movimiento de la dictadura franquista.

Espero que su predisposición al entendimiento, don Adrián, llegue a cristalizarse en acuerdos con Podemos, llegue a plasmarse en amplios pactos con la mayoría de las fuerzas políticas en temas que afectan al común de la ciudadanía asturiana.

Y, con la vieja política, haga lo mismo que aconsejaba llevar a cabo un legendario regeneracionista anterior a la generación del 98 con respecto al sepulcro del Cid: sepulte los privilegios y caciquismos que garantizaba y garantiza bajo siete llaves.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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