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Pilar Arnaldo

Desde La Pontecastru

ESCUELAS RURALES

Cuando se analizan las causas del abandono de los pueblos siempre se señala, como una de las más determinantes, el cierre de las escuelas rurales. En las tres últimas décadas del siglo XX se clausuraron un gran número de ellas en las aldeas, en muchas ocasiones trasladando a los niños a escuelas-hogar donde pasaban la semana en régimen de internado. Y ese fue uno de los motivos que movió a los padres a abandonar el campo y buscar forma de vida en la ciudad para no tener que separase de sus hijos a edades tan tempranas.
En la actualidad quedan poquísimas escuelas rurales y es opinión común que es absolutamente necesario conservar abiertas aquellas que resistieron el paso del tiempo. Al precio que sea. La situación del mundo rural es tan precaria que ya no soporta una agresión más. Sólo una voluntad absoluta por parte de los gobiernos de preservar los pocos servicios que quedan en los pueblos podría salvar a estos del abandono total. Sin embargo, esta voluntad, en lo que se refiere a la Administración asturiana, no se ve muy clara. El curso pasado se cerraron dos escuelas del Suroccidente, la de Tuña, en el concejo de Tineo y la de Mieldes, en el de Cangas del Narcea. Y en el caso de la primera, además, con una forma de actuar bien poco respetuosa. Se echó el cierre mes y medio después de comenzar el curso, de un día para otro, casi sin previo aviso. Este año parece que esta se vuelve a abrir y eso es una buena noticia que, sin embargo, no exculpa a la Consejería de educación del Principado de haber hecho las cosas rematadamente mal. Porque sacar a los niños de su entorno más próximo para trasladarlos a un lugar bastante alejado, a un colegio nuevo y desconocido, para unos meses, no parece nada acertado. ¿Era necesario tanto trastorno para tan poco tiempo? ¿Justifica el ahorro logrado tanto desbarajuste?
En cuanto a la escuela de Mieldes, este curso permanecerá cerrada aunque con la promesa de abrirla…¡dentro de dos años! Sin comentarios. Absurdo total. Parece que la Consejería cree que es un lujo mantener escuelas rurales para unos pocos niños. Pues no. No se trata de un lujo, sino de una absoluta necesidad. Hay un concepto que se denomina discriminación positiva y que nuestros gobernantes, por lo que se ve, desconocen. Hay situaciones tan graves que no pueden regirse por estrictos criterios económicos. Los pueblos se mueren y, como moribundos, requieren de un tratamiento especial. Un tratamiento en el que no se repare en gastos, en el que se apliquen todas las medicinas necesarias sin importar el coste de estas. Es cuestión de vida o muerte.

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Sobre el autor

Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional


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