El pasado sábado se celebró el día internacional de las mujeres rurales. Un día para darles visibilidad, hablar de sus problemas, reivindicar sus logros… Pero las mujeres rurales están presentes todos los días del año porque son el pilar sobre el que se sustenta la vida campesina. Lo han sido siempre y lo continúan siendo en la actualidad.
Antaño, cuando la vida en nuestros pueblos era especialmente dura y penosa, ellas se llevaban, por supuesto, la peor parte. Realizaban todos los trabajos del ama de casa, los mismos que realizaba cualquier mujer urbana de la época pero multiplicados y en peores condiciones. Porque las familias campesinas eran muy extensas. Había que cocinar, limpiar, lavar para abuelos, suegros, numerosos hijos, marido, cuñados, tíos… Y en peores condiciones porque había que traer el agua de fuentes, lavar en el río o en los lavaderos, elaborar muchos productos alimenticios que en la ciudad se adquirían en las tiendas. Pero a todo esto se sumaba el trabajo del campo que recaía en gran parte sobre la mujer. Ellas cuidaban los animales menores, cerdos y gallinas, pero también ordeñaban y atendían las vacas. La huerta era responsabilidad absoluta suya y las tierras de cereal u otros cultivos, también. De la recogida de la hierba, uno de los trabajos más duros en el campo, solo se libraban de la siega y no todas. Su tiempo de ocio siempre era activo; mientras que los hombres, al final del día, sobre todo en las largas noches del invierno, jugaban la partida o charlaban con sus vecinos, ellas aprovechaban para hilar, tejer, coser, zurcir.
Hoy la vida de las mujeres en el campo es bastante mejor- la de los hombres también- , pero siguen llevando una carga laboral bien pesada y por supuesto siguen siendo el pilar y sustento de la familia. Buena parte de las ganaderías, en esta zona suroccidental, son de titularidad femenina. Pero además son ellas el sostén social de estos pueblos en declive. La mayor parte de las asociaciones del mundo rural son femeninas y además estas siempre son las más activas. Son ellas las que recuperan tradiciones, las que organizan eventos culturales y sociales, las que dan vida a los pueblos. Las mujeres rurales tomaron la iniciativa y lo hicieron, como siempre, para mejorar sus entornos y las vidas de las personas que las rodean.
A todas las mujeres rurales, a mis antepasadas campesinas, a las vaqueiras y a las de la aldea, a las que parieron en tierras y caminos, a las que sembraron, labraron, cosecharon, cuidaron, curaron y consolaron y, a pesar de la dureza de sus vidas, amaron, celebraron, y fueron las principales depositarias de una cultura rural de la que hoy tantas nos sentimos orgullosas. A todas vosotras, gracias, mil gracias, porque todo lo que hoy somos es el fruto de todo lo que fuisteis. Vuestra valentía construyó nuestro futuro.