El Gobierno de Asturias lleva unos cuantos meses a vueltas con el llamado Plan Especial para el Suroccidente. En principio, la idea es buena. Que el Suroccidente necesita de medidas especiales nadie lo niega. Las necesita y mucho. En eso seguro que estamos todos de acuerdo.
Parece ser que dicho proyecto cuenta con más de 150 millones de euros y se articula en torno a seis ejes, 14 líneas estratégicas y 33 medidas que, a su vez, se desglosan en 183 acciones. Todo ello con un horizonte de aplicación de diez años. Números no le faltan, desde luego. Por supuesto, también tiene su plan de seguimiento y evaluación articulado en torno a cuatro acciones con sus respectivos nombres rimbombantes. Me pregunto cuántas páginas tendrá dicho documento y cuántas personas y horas de trabajo se habrán empleado en redactarlo.
¿Por qué tengo la impresión de que es más de lo mismo? ¿Por qué tengo una profunda sensación de déjà vu en todo esto? Será que una ya vio tantos planes tan admirables en el papel que luego se quedaron en tan poco… Que en este país nos encantan los papeles ya nadie lo duda. Se abusa tanto de ellos en todos los ámbitos que yo creo que somos, de todos las naciones del mundo, los que más contribuimos a la deforestación del planeta con tanto papeleo. Da la sensación, a estas alturas de la película, que importa más el documento que los hechos. Que esté todo escrito, aunque luego no se haga nada. En fin, dentro de diez años se verá. Porque si no funciona, en ese plazo de tiempo aquí no quedará casi nada. Así que va a resultar fácil de evaluar, no se va a necesitar articular ninguna de esas cuatro acciones, simplemente con la pura observación servirá. O funciona y ayuda a la zona o, para entonces, ya no habrá nada que arreglar.
Mientras tanto solo nos queda desear que empiece pronto a materializarse a ver si este sesudo plan tienen el poder de combatir la desidia y la negligencia con la que el alcalde de Tineo gobierna el Ayuntamiento y hay forma de que nos desbroce las carreteras, porque la situación, en algunas zonas, ya roza el esperpento.