En la zona suroccidental de Asturias a la flor del castaño se la denomina trama. Y la sabiduría popular afirma que desde que cae la trama hasta que empieza a caer el fruto pasan tres meses exactos. Este año la trama cayó muy tarde, a finales de julio, y por eso la cosecha de castañas viene también muy tardía, con casi tres semanas de retraso.
Las castañas son la gran riqueza de esta zona sur del Concejo de Tineo. De sobra conocida es su fama como alimento de supervivencia en épocas de hambruna, sin ir más lejos en los años de la posguerra. Pero en la actualidad, en el valle del Riu Xinestaza se siguen recolectando y son, después de la ganadería, la principal fuente de ingresos de los campesinos de la zona y un alimento importante en la cría del cerdo, ya que hace la carne de este especialmente sabrosa.
El proceso de recolección, como todo, se simplificó bastante con respecto a cómo se realizaba en el pasado. Hoy ya no se sacuden las castañas, simplemente se recogen a medida que van cayendo. Tampoco se guardan en esas características construcciones de piedra circulares que por aquí se conocen como “xoxas”. En cuanto a los otros dos instrumentos de la recolección, las tenazas -especie de pinzas grandes de madera para cogerlas del suelo- y la fardela -bolsa de tela atada a la cintura para donde se van echando cuando se recogen con las tenazas-, todavía sobreviven y son utilizadas por algunas personas. Hay en este valle dos tipos de castañas, la que aquí denominan corriente, de color más oscuro y menos dulce y la valduna, más clara, brillante y mucho más sabrosa. Esta última es sin duda la estrella de las castañas. Mucho más cotizada -se paga hasta el doble que la otra- es muy demandada para la elaboración de postres y otros platos de alta cocina.
Se dice por estos lares que cuando llega la época de las castañas se vacían las consultas de los médicos. No sé cuánto de cierto tiene esta afirmación. Desafortunadamente, no tienen las castañas el poder de curar todas las enfermedades, pero sin duda suponen una inyección de vitalidad que hace olvidar por un tiempo esos pequeños achaques que tanto incordian en el día a día. Tenemos grabado a fuego, en eso que se llama la memoria genética, la importancia de la recolección en nuestra supervivencia; seguramente por eso resulta tan atrayente la tarea. Pero desde la temporada pasada, en esta zona, el largo brazo del fisco -a quien nada se le escapa- impide que los jubilados puedan vender unos pocos sacos de castañas con los que completaban la exigua paga que reciben. Para estas cosas sí estamos en el mapa.