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Pilar Arnaldo

Desde La Pontecastru

SAN ISIDRO LABRADOR

“San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol.”
Así reza el refrán. Este año, por estas tierras, se necesita más agua que sol, ya que la primavera, hasta ahora, vino muy seca. Pero hay mucho que pedirle al patrono de los agricultores.
La Asturias rural era tradicionalmente agricultora y ganadera. Ambas facetas se complementaban en una economía de subsistencia y autoabastecimiento que solo comercializaba unos pocos excedentes para hacer frente a gastos de bienes o servicios que la casa campesina no podía propiciar. Las mujeres de los pueblos acudían a los mercados a vender cualquier producto de la huerta, además de otros de origen animal -como la manteca y los huevos-. Poco a poco, este equilibrio entre agricultura y ganadería se fue perdiendo en favor del segundo. Dejó de cosecharse el cereal – trigo, escanda, centeno- y otros productos redujeron su presencia de forma significativa. Las tierras se convirtieron en prados para el pasto y solo quedó la huerta familiar para hortalizas y patatas. Esta fue la tendencia de los últimos treinta años: la especialización en un solo campo, en este caso la ganadería de vacuno, en detrimento de la riqueza y complejidad de la casa campesina tradicional.
En Asturias hay excelentes tierras de cultivo que podrían producir alimentos de calidad, para comercializar bajo el sello de “ecológico”, un tipo de producto que está siendo cada vez más demandado por el consumidor y que ofrece mayor rendimiento económico. Es una verdadera pena ver abandonadas zonas ricas y fértiles, como las vegas del Narcea, mientras consumimos alimentos de agricultura intensiva, traídos de lugares lejanos y de menor calidad.
Para que la agricultura vuelva a florecer en Asturias se necesitan, al menos, dos cosas. En primer lugar, un impulso decidido por parte de la Administración, con apoyo económico a las personas que decidan comenzar en esta actividad. Y, en segundo lugar, un cambio de mentalidad de la gente que, hoy por hoy, prefiere un trabajo mal remunerado y con unas condiciones laborales precarias, pero en un entorno urbano, a ser dueños de su tiempo y su actividad apostando por los territorios rurales. Si no cambiamos el “chip” estamos abocados a la pérdida de nuestra autonomía alimentaria, con todos los peligros que ello acarrea.
¡San Isidro, patrono de la agricultura, no permitas que esta muera en nuestra Asturias! Ya hemos dejado morir demasiadas cosas. Puede que algún día tengamos que arrepentirnos de tanta desidia.

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Sobre el autor

Pilar Arnaldo, escritora y profesora de Lengua castellana y Literatura. Como columnista publico mis artículos en El Comercio sobre mundo rural, Suroccidente de Asturias y cultura tradicional


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